El día en que Albacete desafió al gran marqués e Isabel la Católica juró que ningún noble volvería a dominarla

El día en que Albacete desafió al gran marqués e Isabel la Católica juró que ningún noble volvería a dominarlaImagen creada con IA

El día en que Albacete desafió al gran marqués e Isabel la Católica juró que ningún noble volvería a dominarla

La histórica cédula, firmada en Segovia hace 550 años, recompensó el alzamiento de la villa contra Diego López Pacheco durante la guerra por el trono castellano

El destino de Albacete quedó marcado para siempre por unas palabras escritas hace exactamente 550 años. El 2 de septiembre de 1476, Isabel la Católica prometió que la villa no sería apartada de la Corona ni entregada a ningún noble, caballero o prelado.

La decisión de la reina recompensaba el apoyo de los albaceteños en uno de los momentos más convulsos de la historia de Castilla. Albacete había roto con el poderoso marqués de Villena y reconocido como soberanos a Isabel y Fernando, que todavía luchaban por afianzarse en el trono.

A cambio de aquella arriesgada lealtad, la villa obtuvo una garantía extraordinaria: no volvería a quedar sometida al dominio de otro señor.

Una guerra por el trono de Castilla

La muerte de Enrique IV en 1474 desencadenó un feroz enfrentamiento sucesorio. Isabel se proclamó reina de Castilla, pero los partidarios de Juana, hija del monarca y conocida posteriormente como la Beltraneja, defendieron sus derechos al trono con el respaldo de Portugal y de una parte importante de la nobleza castellana.

Entre los nobles que apoyaron la causa de Juana se encontraba Diego López Pacheco, segundo marqués de Villena y heredero de uno de los señoríos más extensos de Castilla. Sus dominios abarcaban numerosos territorios de las actuales provincias de Albacete, Cuenca, Alicante y Murcia.

La guerra abrió una oportunidad para que muchas poblaciones intentaran escapar de la autoridad del marqués. Durante 1475 y 1476, villas como Alcaraz, Almansa, Chinchilla, San Clemente, Villena o Albacete fueron inclinándose hacia los Reyes Católicos.

La ruptura no estaba exenta de riesgos. Diego López Pacheco conservaba un enorme poder político, económico y militar, mientras el desenlace de la guerra todavía permanecía abierto.

Albacete rompe con el marqués

En el cambio de obediencia de Albacete resultó decisiva la actuación de Pedro Fajardo, adelantado mayor de Murcia. Los Reyes Católicos le habían concedido poderes para negociar con las poblaciones del Marquesado de Villena y atraerlas a su causa.

Las investigaciones del Instituto de Estudios Albacetenses también destacan el papel de García de Quesada, un vecino que habría actuado como agente de Fajardo. La documentación conservada señala que su intervención fue fundamental para que el Concejo y los habitantes de Albacete regresaran «al servicio y obediencia» de Isabel y Fernando.

Albacete abandonó entonces la obediencia al marqués y reconoció a los Reyes Católicos. Pedro Fajardo prometió en nombre de los monarcas que la villa quedaría vinculada directamente a la Corona y no volvería a ser entregada a un señor.

Sin embargo, el Concejo albaceteño quiso que aquel compromiso quedara ratificado directamente por la reina. Isabel respondió desde Segovia el 2 de septiembre de 1476 mediante una cédula firmada de su propia mano.

La palabra real de Isabel

En aquel documento, la reina recordaba los servicios prestados por los vecinos y confirmaba la promesa realizada por Pedro Fajardo. Isabel aseguró, «por mi palabra real, como reina e señora», que no entregaría ni enajenaría Albacete a ningún prelado, caballero o persona del reino.

La soberana también garantizó que la villa no sería apartada de la Corona «por ninguna causa ni necesidad». La cédula original aparece catalogada como un documento firmado por Isabel y conservado en el Archivo Municipal de Albacete.

Convertirse en villa de realengo suponía depender directamente de la Corona y escapar de la autoridad del marqués de Villena. No significaba la independencia de Albacete, pero sí un cambio trascendental frente al poder señorial que había condicionado su historia.

La recompensa no terminó allí. El 17 de octubre de 1476, Isabel concedió a Albacete una exención del pago de pedidos y monedas durante cinco años, cumpliendo otra de las promesas realizadas cuando la villa aceptó la obediencia de los Reyes Católicos.

Cinco siglos y medio después, aquella cédula sigue siendo el testimonio de uno de los momentos decisivos de la historia albaceteña. Albacete aprovechó una guerra por el trono para enfrentarse a uno de los grandes señores de Castilla, cambiar de bando y obtener de Isabel la Católica una promesa destinada a proteger su futuro.

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