Lugar del accidente de dos trenes de alta velocidad, uno de Renfe y otro de Iryo, que han colisionado a primera hora de este miércoles a la altura de la estación de Urda (Toledo), donde hay al menos 64 fallecidos. EFE/ Chema MoyaEFE / Chema Moya

La crucial actuación de un grupo de sanitarios que viajaba en uno de los trenes accidentados en Toledo: «Han salvado vidas»

La Guardia Civil destaca el papel de esta atención de emergencia temprana sobre el terreno «ante un escenario catastrófico de dimensiones enormes»

Urda se ha sumado a las grandes tragedias que marcan la memoria de España. Personales cualquiera, que viajaba por diferentes motivos, entre el trabajo, el ocio, la familia o el amor. Al menos, 68 vidas arrancadas del mundo terrenal por el choque entre el AVE de Renfe y el convoy de Iryo.

Aconteció casi a las 9 de la mañana. Aproximadamente media hora antes falló el sistema LZB y el Centro de Control de Adif tomó el control de la incidencia, para estudiarla, resolverla y valorar la continuidad de la marcha de los diferentes trenes presentes en la vía. Al igual que ocurrió en Adamuz en enero de este mismo año, la línea de alta velocidad que conecta Madrid y Andalucía protagonizaba un accidente ferroviario que se podría haber evitado.

Los trenes se encontraba a la espera de reanudar el viaje. El AVE recibió el permiso 25 kilómetros por detrás de un Iryo que aguardaba parado a la espera de orden. La notificación no llegó, tampoco se avisó al AVE de la presencia de otro tren y ocurrió el peor de los desenlaces. Desde primera hora de la pasada mañana, se advirtió que este no era un accidente más y que se trataba de un suceso de terrible gravedad.

No se debe engañar a nadie porque nada puede tapar el dolor y la tragedia, pero es en estas situaciones cuando ocurren también situaciones que, al menos, dan algo de esperanza ante la realidad actual. Se trata de los más jóvenes acudiendo al lugar de los hechos para prestar sus manos de ayuda, los sanitarios pasajeros de los trenes afectados dejando todo para prestar la atención de emergencia, colas de horas para donar sangre o los mares de artículos, comida y agua para los afectados. La capacidad de empatía y solidaridad que tan bien define al pueblo español. Por desgracia, últimamente presenta demasiadas catástrofes en que escenificarla.

«Han salvado vidas»

Servicios de emergencias atienden a las víctimas del accidente de UrdaAlfonso Úcar

El accidente de Urda cuenta por el momento 68 fallecidos, pero sin la actuación del personal sanitario que viajaba en uno de los trenes se podría estar hablando de una cifra todavía mayor. Ramón Cuevas, portavoz de la Guardia Civil, insistía en destacar la labor que han realizado en los primeros instantes del accidente.

«Gracias a ellos se han montado equipos improvisados y se han podido salvar vidas de muchas personas 'in situ'». Según su relato, los primeros en llegar han sido dos patrullas de Seguridad Ciuduadana de la Comandancia de Toledo, y una tercera del Seprona desde Los Yébenes.

«Lo que han encontrado ha sido un escenario catastrófico con unas dimensiones enormes», ha apuntado, señalando cómo la primera maniobra ha sido «avisar al resto de cuerpos de emergencia para montar el despliegue y montar las labores de rescate y evacuación».

Los jóvenes y las colas para donar sangre

El Hospital Universitario de Toledo cancelaba toda su agenda quirúrgica del día para dejar quirófanos vacíos con el objetivo de dar prioridad a las víctimas del accidente. Además, un gran número de complejos sanitarios abrían sus salas para la donación de sangre, que se ha producido en masa. En algunos casos con horas de espera para poder donar.

Por su parte, los jóvenes que en muchas ocasiones se sitúan en el centro de la diana de la crítica social, han vuelto a demostrar que la esperanza está más que viva y que existe una nueva generación conciencia de la realidad, sensata y solidaria. Uno de los testimonios de Urda lo han protagonizado veinteañeros como Diego e Iker. En La Ventana de la Cadena SER con Carles Francino, los jóvenes explicaban que en cuanto vieron la notificación sobre el accidente en su móvil se pusieron en contacto y viajaron hasta el lugar de los hechos para prestar ayuda.

En este sentido, agradecían sentirse útiles ante una catástrofe así y aunque «las emergencias son complicadas, ha sido reconfortante que nos dejaran ayudar», explicaban. Iker y Diego relataban como trabajaron por guiar a los familiares a encontrar a sus seres queridos victimas del accidente, cuando llegaban al pabellón habilitado en Urda. Finalmente, destacaban que, pese a no tener la preparación pertinente para estas situaciones, ha sido el interés por colaborar ante una «situación espeluznante» la que les ha motivado.