El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), y el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (i), durante la reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrado (CECOPI), en el Centro 112 de Toledo.JUANMA JIMENEZ

Page se pone al frente de la tragedia de Urda con un Pedro Sánchez ausente y perdido en sus pensamientos

Pedro Sánchez acudió al punto del accidente, pero no se acercó a las vías del tren ni visitó el pabellón polideportivo de Urda donde se habilitó la atención a heridos y familiares

Han pasado poco más de veinticuatro horas desde la tragedia de Urda. El fallo del LZB en el tramo que recorre el sureste de Toledo dio lugar a la parada de los trenes, que desencadenó el fatal desenlace desde el Centro de Control. El resultado: 69 víctimas mortales y hasta 50 personas todavía actualizadas.

El desastre obligaba a Pedro Sánchez y Emiliano García-Page a trabajar codo con codo, aunque el peso en la gestión de la emergencia corresponde a Castilla-La Mancha con la activación del Plan Territorial de Emergencia de Castilla-La Mancha (PLATECAM). Pedro Sánchez llegó al lugar del accidente al medio día y desde un primer momento se percibió un semblante distinto al que acostumbra a mostrar incluso a la hora de afrontar la catástrofe.

En cambio, se vio a Page muy dolido, afectado incluso hasta el punto de la emoción en las primeras comparecencias que ilustraban por primera vez el alcance verdadero de la catástrofe. Desde primera hora de la mañana, el presidente castellanomanchego anunció la cancelación de su agenda y llegó a Urda para ponerse al frente de la coordinación de la emergencia en reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrado (CECOPI).

Un Óscar Puente diferente al de Adamuz

El accidente sobrepasó a todos, pero la atención de los servicios de emergencia, desde bomberos, sanitarios hasta Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, sin olvidar al mar de voluntarios y solidaridad prestada desde diferentes puntos de la geografía española. Page comparecía a media mañana con voz trabada, pero sin perder la entereza de la responsabilidad que precisaba la emergencia.

Una realidad que nadie podría llegar a imaginar ni con en el mayor de los esfuerzos. Con pena, el presidente castellanomanchego llamaba al pragmatismo con el objetivo de atender a las víctimas, recuperar los cuerpos de los fallecidos y responder ante un error totalmente evitable. Para ello, ya habría tiempo, según daba a entender el presidente de Castilla-La Mancha.

A la tarde se sumó el máximo responsable en materia de transportes, el ministro Óscar Puente, para relevar la presencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Su cara hablaba por sí sola. La hemeroteca desgraciadamente les retrata y puede compararse con otras desgracias, no muy lejanas en el tiempo. Óscar Puente tras una rueda de prensa en Atocha de tono elevado, pero evasivo con los medios y tratando de no salirse de la línea del discurso, postura alejada de la mostrada ante la tragedia de Adamuz en la que eligió una línea de mayor exposición mediática.

Page y Sánchez: dos maneras de afrontar la tragedia

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, en el Puesto de Mando AvanzadoEP

Pedro Sánchez llegó a Urda con mirada casi perdida, tratando de ubicarse ante un nuevo desastre nueve meses después del descarrilamiento en Adamuz. Nueve meses que suman 115 víctimas mortales en la línea de alta velocidad española, concretamente la que une Madrid con Andalucía. Su gesto se apreciaba desubicado, mientras Emiliano García-Page, con un nudo en la garganta difícil de obviar, tomó las riendas del discurso oficial y la atención a las víctimas.

El castellanomanchego expuso su capacidad ante la tragedia, el imprevisto, las gestión del desastre y todo ello, sin perder el foco: las víctimas. Pedro Sánchez se enfrentaba a un dilema moral que se revuelve con 115 almas perdidas en la vía del tren y su gesto se corresponde con las recientes declaraciones.

Pedro Sánchez compareció en tono de resignación. Poco o nada pude justificar el choque de dos trenes, justo el día antes que los maquinistas tenían convocada una huelga, que no pedía aumentos salariales, exigía reforzar la seguridad como se prometió tras lo acontecido en Adamuz. Sánchez apuntaba que «hemos sufrido dos terribles tragedias en un mismo año. Debemos reforzar la seguridad para volver a restaurar la confianza en el sistema ferroviario». Además, añadía «esto no es asumible para un país como España. Se tomarán todas las medidas que se consideren oportunas para reconstruir la confianza».

El presidente del Gobierno abandonaba la defensa del sistema de seguridad ferroviario sostenido en Adamuz, para reconocer que se tomarán decisiones, lo cual abre la puerta a posibles dimisiones. Con todo ello, se vio a un Sánchez perdido en sus pensamientos, un tanto ausente a la hora de comparecer, mientras Page era quien daba la cara delante de víctimas y familiares.

Pedro Sánchez no bajó a las vías del tren ni se acercó al pabellón polideportivo habilitado en Urda para atender a heridos. En el programa Horizonte, un vecino de Urda que prestó ayuda durante todo el día, lamentaba profundamente que el presidente del Gobierno no hubiera sido capaz de acercarse a las víctimas ni a los profesionales que trabajaban en las vías.