El otro río que atraviesa el casco urbano de Valladolid además del Pisuerga
El único río de España con nombre femenino está en Valladolid y no es el Pisuerga
Este afluente esconde una historia milenaria, un nombre único en femenino y un papel clave en la evolución de Valladolid desde la Edad Media hasta hoy
Conocido como el río Esgueva o La Esgueva, es el único río con nombre femenino que existe en España. Nace en Peña Cervera (Sierra de la Demanda), cerca del Monasterio de Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos, es un afluente del río Pisuerga y se une a él en su paso por la ciudad de Valladolid.
Según Toponomasticon Hispaniae, el proyecto de investigación que se dedica al estudio y divulgación de los nombres de lugar (topónimos) de España y Portugal, aunque su origen es incierto, su significado podría ser 'río', 'brazo de río' o 'corriente de agua'. Aunque, en algunas zonas, se usa con el significado de 'arroyo', 'zanja' o 'canal'. Su nombre despierta muchos interrogantes.
Un río con nombre de mujer
En tierras de Castilla, especialmente en Valladolid, el término 'esgueva' ha sido usado tradicionalmente como sustantivo común para referirse a canales, acequias o zanjas de desagüe. De hecho, aún se escucha en zonas rurales como sinónimo de conducto de agua. Esta denominación, con raíz posiblemente latina (escavare, 'excavar'), define no solo su función, sino también la percepción que los antiguos tuvieron de ella: una corriente hecha por y para el hombre, al servicio de los cultivos y del saneamiento.
De Aguseba a Esgueva: su nombre
Su nombre actual no ha sido siempre el mismo. A lo largo de los siglos, ha sido documentado como Aguseba, Asegueva, Eseva o incluso Valdesgueva. Algunos estudiosos proponen una raíz ibérica, combinando los términos Ago (boca), Us (bosque) e Ibai (río), lo que podría traducirse como 'río del bosque' o 'río entre árboles'. Otros apuestan por una evolución lingüística ligada al trabajo humano: de cava a escava, de ahí a esqueva y finalmente esgueva.
Historia a su paso por Valladolid
A simple vista, La Esgueva puede parecer solo un pequeño río que atraviesa discretamente la ciudad y sus alrededores, pero sus usos han sido múltiples y esenciales. Durante siglos, funcionó como sistema natural de defensa para Valladolid, como fuente de agua para regadíos y molinos, y también como desagüe natural en épocas en que las alcantarillas eran un lujo lejano. Hoy, sigue presente en la vida urbana, serpenteando entre parques y paseos, y recordando a los vallisoletanos que, aunque pequeña, esta corriente ha moldeado su ciudad.
Muchas veces olvidada frente al protagonismo del Pisuerga, La Esgueva esconde en sus aguas siglos de historia, leyendas y transformaciones. Desde las huertas medievales hasta los barrios modernos, desde la Edad Media hasta los parques del siglo XXI, ha sido testigo silencioso del paso del tiempo.
Durante siglos, el Esgueva dividía Valladolid en dos con sus dos ramales principales. El del sur seguía el trazado de calles hoy emblemáticas como Paraíso, Solanilla, la plaza de Portugalete o la del Val, hasta desembocar en el Pisuerga por el Poniente. El ramal norte recorría las actuales calles Santa Lucía, Panaderos, Miguel Íscar y Santiago, cruzando Isabel la Católica hasta su propia desembocadura.
Pero la historia del río escondía aún más sorpresas. En 2019, el doctor Víctor Arenzana publicó un estudio sobre las actas del Concejo de Valladolid en los siglos XV y XVI, en el que descubría un tercer ramal, hasta entonces no documentado, que discurría por la actual Avenida de Palencia. Lo más curioso es que ya décadas antes, el historiador y arqueólogo Federico Wattenberg había defendido su existencia basándose solo en intuiciones y estudios de terreno.
El río no era solo paisaje: también fue un problema. A menudo, sus desbordamientos coincidían con los del Pisuerga, generando inundaciones devastadoras y graves problemas de salubridad. En 1885, tras una epidemia de cólera, un análisis de sus aguas impulsó al Ayuntamiento a actuar. Primero se optó por soterrar algunos tramos. Después, ya en el siglo XX, se tomó la decisión definitiva: desviar el río para evitar nuevos desastres.
Las obras concluyeron en 1924 con la construcción de una pequeña central hidroeléctrica en la desembocadura, la conocida como Fábrica de la Luz, que funcionó hasta los años 70. Desde entonces, la Esgueva fluye canalizada en un solo cauce por el norte de la ciudad.
Pero la memoria del río antiguo no ha desaparecido. Aún puede seguirse su rastro bajo el pavimento de la calle Santiago, donde está señalado el antiguo cauce. Incluso se conservan restos visibles del soterramiento original, como el que puede visitarse en la Oficina de Turismo de San Benito, punto de partida de la Ruta Arqueológica que cada sábado revela al visitante los secretos ocultos de este río que, más que un cauce, fue columna vertebral de una ciudad entera.