Un trabajador de extinción de incendios, este agosto, en León, contempla un helicóptero arrojando agua sobre las llamas
La lucha imposible contra el incendio más agresivo en España: tres semanas calcinando León con «unas condiciones nunca vistas»
La UME, bomberos llegados de otros países y comunidades autónomas han colaborado con los efectivos castellanoleoneses en el único fuego que permanece con llama en la región
«Se lo hemos escuchado a personas de todas las administraciones y del propio territorio. La UME ha dicho que en 20 años no han visto nada igual. En Italia, decir que en 19 años de experiencia no han visto tal nivel de voracidad...». Así se refería este jueves el portavoz de la Junta de Castilla y León, Carlos Fernández Carriedo, sobre el incendio de Fasgar, una localidad de apenas 30 habitantes en León.
La directora general de Protección Civil, Virginia Barcones, apuntaba ese mismo día que «preocupa mucho» este incendio, «el más desfavorable no solo en Castilla y León, sino de todo el país». Un fuego que resiste después de más de tres semanas a las labores de extinción de efectivos llegados de todos lados. En su operativo participan también medios del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, dos Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF) -Tabuyo del Monte (León) y Daroca (Zaragoza)-, helicópteros Chinook holandeses y unidades de la Comunidad Valenciana y Madrid.
Este viernes, el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, indicaba en las Cortes que el de Fasgar-Igüeña era el único de los grandes incendios que mantenía su llama activa. Solo en los primeros 23 días de agosto, 348 fuegos han teñido de negro los campos de la Comunidad. Hace varios días, el análisis de las imágenes del satélite Copernicus arrojaba una cifra de más de 140.000 hectáreas calcinadas este verano en Castilla y León.
El incendio de Fasgar, que este viernes cumplía 22 días ardiendo
El fuego de Fasgar, el más activo de España, aunque preocupa el reciente originado en Almería, es el único que la región mantiene en nivel 2 de peligrosidad. En un momento en el que el resto dan tregua, con bajadas al nivel 1, como Porto, en Zamora), y La Baña y Berlanga del Bierzo, también en León, el de Fasgar también empieza a tener dificultades para avanzar.
Gracias a los cortafuegos en el Valle del Gordo y el fuego técnico, se ha conseguido cerrar el avance hacia el valle del río Omaña, pero continúa con focos aislados en el sureste y los vientos pueden causar reactivaciones. La mejora de su evolución ha permitido levantar restricciones a la población, si bien aun permanecen confinados dos pueblos, Igüeña y Colinas del Campo.
Un kilómetro en media hora
Más allá de que muchos de los fuegos que calcinan la región estas semanas sean provocados en muchos casos, las condiciones meteorológicas, con una larga ola de calor y una abundante maleza por las lluvias de la primavera, han sido determinantes para la propagación de estos fuegos. En este sentido, el director general de Innovación en Emergencias de la Generalitat Valenciana y experto en incendios forestales, Raúl Quílez, apuntaba a que los incendios que asolan la provincia leonesa se caracterizaban por haberse desarrollado en medio de reventones térmicos debidos a la inestabilidad atmosférica y a la sequedad de los montes agravada por la despoblación, que se convierte en combustible para el fuego.
En el caso de Fasgar, el factor del viento también ha sido clave estos días para el avance de este incendio, con «unas condiciones nunca vistas», según el portavoz del Gobierno de Mañueco. Como apuntaba este jueves, su director técnico de extinción, Agustín Argulo, las rachas de viento superiores a las previstas el miércoles, con una velocidad que podría haber alcanzado los 50 kilómetros por hora en cotas superiores a los 1.800 metros de altitud, hicieron que el fuego corriera rápidamente hacia el norte, avanzando más de un kilómetro en media hora.
Una vaca anda delante de una columna de humo procedente del incendio de Fasgar, en León
El foco más preocupante, sin embargo es en el este, donde, además, se añade otra dificultad: lo escarpado del terreno. «En esas zonas trabajamos sobre todo con medios aéreos, porque el acceso por tierra es muy complicado y se avanza poco», explicaba Argulo, quien precisaba que se habían establecido dos líneas de control adicionales, especialmente en las inmediaciones de Espina de Tremor, para «evitar que el fuego se propague por el terreno escarpado, de difícil acceso para los equipos terrestres», como recoge Efe.
«Estamos estrechando el frente para que cada vez sea menor y llegue un momento en que podamos cerrarlo», confiaba, el director técnico de extinción, quien apuntaba, asimismo, a que las lluvias y la humedad, unidas a las bajas temperaturas, podían favorecer la lucha contra un incendio con un perímetro de unos 74 kilómetros que se ha visto favorecido estas semanas por «temperaturas nocturnas muy altas, lo que impedía trabajar porque el fuego se comportaba como si fuera de día», lamentaba Argulo.