María de Jesús de Ágreda, en un retrato de autor desconocido
La monja escritora del Siglo de Oro que aconsejaba a Felipe IV y evangelizó a los indígenas sin salir de Soria
«La Dama Azul» habría tenido el don de la bilocación, por lo que, mientras permanecía en el interior del convento, se habría aparecido en Nuevo México, Texas y Arizona para evangelizar
En los muros silenciosos del convento de la Concepción de la pequeña villa de Ágreda, en la provincia de Soria, vivió y murió una de las figuras más enigmáticas y fascinantes del Siglo de Oro español. María Coronel y Arana, mejor conocida como sor María Jesús de Ágreda, fue mucho más que una monja concepcionista: escritora, mística, consejera política y supuesta protagonista de un hecho excepcional: la evangelización de miles de indígenas a más de 9.000 kilómetros.
Nacida el 2 de abril de 1602 en una familia profundamente católica, sor María Jesús ingresó muy joven en la vida religiosa. Su casa familiar se transformó en convento, y junto a su madre y su hermana tomó el hábito de la Orden de la Inmaculada Concepción. Desde entonces, permaneció toda su vida dentro de los muros del convento, donde desarrolló su camino espiritual y literario hasta su muerte, en 1665.
«La Dama Azul»
Sor María Jesús alcanzó fama gracias a lo que muchos de sus contemporáneos consideraron un auténtico fenómeno místico: la bilocación. Según las crónicas franciscanas y relatos indígenas, esta religiosa se aparecía en áreas de lo que hoy corresponde a Nuevo México, Texas y Arizona para predicar entre los indígenas el cristianismo.
Aquellos pobladores describieron a la misteriosa visitante como una mujer vestida de azul —el color característico del hábito de las concepcionistas— y la denominaron «La Dama Azul». Su presencia habría sido determinante para que grupos de indígenas acudieran a los franciscanos en busca de bautismos, asegurando que había sido ella quien se los había sugerido.
Lo extraordinario es que la monja nunca abandonó físicamente su convento en Soria. Sus «visitas» se daban en estados de éxtasis espiritual o trance místico. Unas circunstancias que llevaron a algunos frailes franciscanos a documentar sus experiencias en documentos como el Memorial de Benavides, que incluso fue presentado ante el Papa y respaldó el envío de más misioneros al Nuevo Mundo.
Aunque la Inquisición tomaron cartas en el asunto en diversas ocasiones, abriendo investigaciones para discernir entre herejía, leyenda o experiencia espiritual verídica, no se llegó a desestimar por completo su testimonio y su fama siguió creciendo.
Retrato de sor María de Jesús Ágreda, publicado como ilustración de la Mística Ciudad de Dios
En paralelo a su faceta mística, esta religiosa fue escritora en una época dominada por figuras como santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, ella supo forjar un espacio propio en la literatura religiosa barroca.
Su obra más conocida es la monumental Mística Ciudad de Dios, publicada en 1670, poco después de su muerte. La obra, dividida en varios tomos, traza en clave devocional y narrada desde sus visiones la vida de la Virgen María, desde su infancia hasta su asunción. Este libro se convirtió en un referente de la literatura mística y religiosa del momento, objeto de admiración y también de controversia entre teólogos y autoridades eclesiásticas.
Además de este libro, sor María Jesús escribió otras obras espirituales, cartas con reflexiones teológicas y humanísticas, y una extensa correspondencia con personajes de la alta política de su tiempo, entre ellos el propio Rey Felipe IV.
Museo Sor María Jesús de Ágreda, en la provincia de Soria
El reconocimiento de su sabiduría trascendió las paredes del convento cuando el rey Felipe IV decidió conocerla en persona en 1643, durante un viaje hacia Cataluña. A partir de ese encuentro comenzó una relación epistolar que duraría más de dos décadas, en la que la monja soriana actuó como consejera espiritual y política del Monarca.
En sus cartas, la religiosa abordó, además de cuestiones de fe, asuntos de política, razón de Estado o reflexiones sobre la guerra justa y la gestión de la corona en tiempos de crisis. De esta manera, logró convertirse en una de las voces femeninas más influyentes del reinado de Felipe IV. Hoy, su sepulcro y su cuerpo incorrupto se conservan en el Museo Sor María Jesús de Ágreda, en la villa soriana.