El Castilla Termal Burgo de Osma
La olvidada universidad soriana donde estudió Jovellanos y que ahora es un hotel termal de cuatro estrellas
El Castilla Termal Burgo de Osma, asentado en un edificio renacentista del siglo XVI, es hoy un lugar donde relajarse, pero en su día algunos personajes ilustres hincaron los codos en su interior
Al oeste de la provincia de Soria, en El Burgo de Osma, se encuentra uno de los establecimientos de la cadena hotelera Castilla Termal, el Castilla Termal Burgo de Osma, que cuenta en su interior con una piscina termal y un circuito de contrastes, además de una categoría de cuatro estrellas. El alojamiento, que cuenta en su interior con el restaurante Argaela, actualmente es un lugar donde poder relajarse y disfrutar tanto de su interior como de las vistas que ofrece a la torre de la Catedral de la Asunción de El Burgo de Osma, donde tiene su sede el obispado.
En su día, sin embargo, este edificio del siglo XVI que constituye uno de los mejores exponentes de la arquitectura renacentista de estilo plateresco en Castilla y León, fue un lugar donde hincar los codos. Y es que el hotel termal en su día fue una universidad hoy casi olvidada: la Universidad de Santa Catalina, donde estudiaron personajes como el teólogo, canonista, poeta y escritor ascético agustino Basilio Ponce de León –hijo del militar Rodrigo Ponce de León y sobrino de fray Luis de León–, o el escritor, jurista y político ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos, que se graduó aquí en 1761 como bachiller en Cánones (Derecho Canónico).
La historia de esta antigua institución educativa se remonta, sin embargo, dos siglos antes de que pasara por sus aulas el autor de El delincuente honrado. Fue el entonces obispo de Osma, Pedro Álvarez de Acosta, quien comenzó en 1541 a realizar las primeras gestiones para la fundación universitaria, según consta en el Archivo Histórico Provincial de Soria e indica la Junta de Castilla y León.
Retrato de Gaspar Melchor de Jovellanos de Francisco de Goya, 1798
La intención del religioso portugués era que «se enseñasen a los diocesanos las ciencias y facultades precisas, a fin de que saliesen sujetos suficientemente instruidos para obtener Beneficios y Curatos del Obispado, entrar en la iglesia y otras y lograr destinos mayores». Esta universidad estaba pensada para la gente de la zona que, por falta de medios económicos, no podían desplazarse hasta algunas de las grandes universidades de la época, como Alcalá de Henares, Salamanca o Valladolid.
Interior de la antigua Universidad de Santa Catalina, hoy reconvertida en hotel termal de cuatro estrellas
Fue el Papa Julio III el que extendió la Bula de Fundación el 3 de agosto de 1550. Después, de acuerdo con la información sobre esta institución difundida por el Gobierno autonómico, el Pontífice «nombra al Cabildo de la Catedral juez conservador y responsable del Colegio-Universidad, que pasa a Universidad Real el 31 de enero de 1560, cuando Felipe II acepta el patronazgo, por Real Cédula de Provisión». Este patronazgo, añaden, se extendió a los monarcas sucesores e incluía la protección sobre exenciones, libertades y rentas y la dotó de la doble condición de pontificia y real.
El inmueble se alzó extramuros entre 1541 y 1549 con planta cuadrada y «con una estética propia del Renacimiento más purista», según el portal turístico Soria ni te la imaginas, que precisa que «la puerta de la fachada está enmarcada en un arco de medio punto, con el intradós encasetonado entre columnas corintias. Las columnas tienen las partes superiores del fuste estriado mientras que las partes inferiores se encuentran decoradas con alegóricos relieves relativos a escenas de ciencia».
Circuito de contrastes del Castilla Termal Burgo de Osma
«Encima del arco se abre una hornacina cobijando la escultura de Santa Catalina, flanqueada por sendos escudos del prelado donante y unas costillas, significando que la obra se había realizado 'a su costa'. Rompiendo la cornisa superior se alza el escudo imperial de Felipe II, puesto que el monarca acogió al Colegio Universidad bajo su real patronazgo», añaden desde la web turística de la Diputación de Soria, desde donde zanjan que «el interior de la Universidad consta de un patio central de planta cuadrada rodeado de doble arcada apoyada en columnas de fustes lisos, siendo la arcada del piso inferior de arcos de medio punto y la del superior de arcos carpaneles». En el patio, asimismo, aparecen escudos del patrono y «sugerentes» gárgolas.
Tres grandes periodos
La Universidad de Santa Catalina, a lo largo de su historia, ha atravesado tres grandes periodos hasta la suspensión de su actividad educativa. Una primera época brillante duró hasta 1770, cuando se suprimieron las enseñanzas que no tenían el mínimo de alumnos exigidos. El segundo periodo abarca desde 1778 a 1807, cuando Carlos III, a instancias de su confesor Joaquín de Kleta y apoyado por el obispo Calderón, firmó una Real Provisión de reapertura.
Según la Junta, este fue el periodo de mayor esplendor de la institución hasta la supresión del ministro Caballero por falta de fondos. Fue durante estos tiempos «tuvo carácter de verdadera Universidad con centenares de alumnos y facultades de Artes, Teología, Medicina, derecho Canónico y Derecho Civil». Finalmente, entre 1814 y 1841 se produjo la época menos brillante y estable.
«En 1840 la Junta Provincial de Gobierno de Soria decide trasladar la Universidad y el seminario a Soria capital entre otras razones por motivos políticos. El Ayuntamiento de El Burgo reclama a la Regencia del Reino la vuelta de las dos instituciones, consiguiéndose la del Seminario Diocesano. La universidad terminó su historia en Soria capital durante un curso más», refleja el Archivo Histórico Provincial de Soria, que detalla que a partir del curso 1841-1842 no figura más el título de Universidad, dejando su puesto al Instituto de Segunda Enseñanza de la Provincia de Soria.