Los posibles objetivos de la venganza de Irán y sus proxies: los países de Hispanoamérica
Esta situación es de alta vulnerabilidad para la región, donde persisten las redes de la convergencia entre el crimen organizado (Jalisco Nueva Generación, Tren de Aragua...), y el terrorismo en confluencia con regímenes autocráticos como el iraní y sus proxies
Servicios de bomberos intentan apagar el fuego desatado tras el bombardeo en una planta de generación en Tiro
Los acontecimientos de los últimos meses han destapado los flancos débiles y vulnerables del hemisferio. Han estado ausentes los despliegues de mecanismos de protección y prevención de seguridad. Sus organismos, como la Organización de Estados Americanos (OEA), han dejado a cada Gobierno nacional a su suerte para arreglárselas con sus vulnerabilidades.
No hay protocolos que se activen de forma inmediata y sustentable. No por una semana o un periodo limitado para exhibir mayores custodias a embajadas o posibles objetivos. Tampoco hay canales de articulación de resguardos con intercambio de información y, mucho menos, sanciones, restricciones migratorias u objetivos de neutralizaciones con investigaciones conjuntas a organizaciones transnacionales. La coordinación para generar incautaciones, salvo honrosas excepciones, también está descartada.
La agenda y proactividad, como todos los mecanismos nacionales, regionales y hemisféricos de cooperación de seguridad estratégica y preventiva, ante la convergencia entre las organizaciones del crimen organizado con entidades terroristas, que confluyen con logística, narrativas, y jerárquicamente tributan a regímenes liberales que desafían los valores de la vida y la libertad y los derechos de sus ciudadanos, lucen por su ausencia.
Con la captura de Maduro, la neutralización del jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), «el Mencho» y los ataques preventivos consumados por los Estados Unidos e Israel a Hezbolá e Irán, con el objetivo de neutralizar la amenaza nuclear, el programa de misiles balísticos y drones, así como descabezar a la teocracia de los ayatolás, nos pone en alerta.
Las represalias no sólo tiene lugar en los países árabes y europeos como Chipre, recientemente atacados. Tampoco se limitará la teocracia iraní a la represión doméstica donde se desplegará un gran juego de desgaste con apoyo de Israel y Estados Unidos. Hay elementos que indican que la necesidad y alto estímulo de respuesta más temprano que tarde tendrá como escenarios Iberoamérica y África como sus aliados asiáticos.
Este enfrentamiento continuará mucho más que las cuatro semanas que planteó Trump tras anunciar la neutralización del líder supremo Alí Jamenei, será un enfrentamiento con mucha más duración, y en la arena global y, por cierto, asimétrico.
Mientras varios países toman posiciones, ya muchos en contra de Irán, no es un factor decisivo que por condenar el ataque se está exento de ser víctima de un atentado. Ya se ha visto cómo supuestos aliados como el Brasil de Lula o Bolivia, por entonces con Luis de Arce, después de los ataques del 7 de octubre de 2023 debieron neutralizar a infiltrados en sus territorios.
Brasilia ejecutó el Operativo Trapiche y Trapiche FT para desmantelar la red de financiación de Hezbolá y anular sus misiones contra intereses y sinagogas israelíes. Bolivia, por su parte, sufrió un ataque contra un hotel en El Alto donde se hospedaban ciudadanos israelíes tras cumplir el servicio obligatorio de tres años, el FDI (Fuerzas de Defensa de Israel).
Todo el Hemisferio Occidental está repleto de objetivos para consumar ataques de los proxies o grupos que accionen por simpatía. Las redes de la convergencia de Irán, ya desde la dimensión chií como Hezbolá, o incluso la Yihad, Hamás y los hutíes, tienen altos estímulos y capacidades operativas, aunque se aduzca que están muy debilitadas.
Resulta complejo probar la relación entre un activo iraní que desde Teherán active por medio de Beirut y éste desde Nicaragua o algún activo en Venezuela, para cometer un atentado. Así fue cómo se ejecutó el del Fiscal paraguayo Marcelo Pecci en Colombia dónde hay pruebas que acreditan la participación del Tren de Aragua, por encargo de Hezbolá, o el caso del militar disidente venezolano Ronald Ojeda en Chile ordenado por Maduro y Diosdado Cabello.
Los deficientes procesos de investigación generan oportunidades inéditas para la impunidad y la no atribución posterior, pero garantizan un daño a cualquier país violatorio de la seguridad hemisférica.
Hay un caso emblemático, el de Karaki, jerarca de Hezbolá, que operaba hasta hace meses, reclutando con diferentes patrones desde los ochenta. Tuvo participación protagónica y ni siquiera está acusado ni tiene alertas rojas de Interpol. Lo que le permitió seguir operando hasta que fue neutralizado al exponer su red por un trabajo, que quizás sea el más importante de la historia reciente en la Inteligencia de Argentina.
Fue clave en varios atentados como la Embajada de Israel y AMIA en Buenos Aires, y su impune accionar tan dinámico, le posibilitó reclutar de diferente forma también por fuera de la dimensión islámica y libanesa. Fue el cerebro que procuró consumar ataques en Brasil desactivados gracias al Operativo Trapiche y Trapiche FT y permaneció activo hasta junio de 2024.
Todo parece indicar que ahora tienen nuevos patrones mucho más dinámicos, que ya no actúan exclusivamente con proxies de la comunidad libanesa o islámica como 30 años atrás, sino con actores criminales de baja cuantía subcontratados que siquiera saben quiénes les dieron los objetivos.
Irán al día de la fecha, como Hezbolá, niega su participación en los atentados de la Embajada y AMIA, donde actuaron en represalia tras el luto de sus jerarcas neutralizados y en respuesta a la negación de Argentina a la provisión de uranio. Irán tampoco reconoce las acciones de Hezbolá en atentados como el de la aerolínea panameña Alas Chiricanas del vuelo 901, el 19 de julio de 1994.
«La convergencia con confluencia entre organizaciones criminales» es real. Ejemplos: el Tren de Aragua, Primero Comando Capital, tan poderoso Comando Vermelho –tan asociados a Hezbolá con la protección a los libaneses en cárceles y los «doleiros» (operadores financieros informales) de Sao Paulo–, Amigos de los Amigos, Familia de Norte, los carteles mexicanos, las mafias chinas o las italianas o de Europa oriental.
La sinergia de sus capacidades se aplica en diferentes frentes. Entre otros, generar acciones de desinformación persistentes y sostenidas, ataques asimétricos como el perpetrado sobre Colombia durante la presidencia de Iván Duque o el Chile del fallecido Sebastián Piñera para desestabilizar gobiernos e interferir hasta en elecciones.
En la triple frontera (Brasil, Paraguay y Argentina), dada el foco que demandará mucha más atención que la que se cree, y desgaste como recursos, puede implicar que la Fase I para generar «estabilidad» en Venezuela, pase a un segundo plano, y dará más amplio margen de acción a las organizaciones replegadas.
En el vídeo de Youtube bajo estas líneas queda claro. Un iraní lanza amenazas al nuevo Gobierno de Bolivia de Rodrigo Paz y enuncia los tejidos en Bolivia. Huelga mayores explicaciones.
Esta situación es de alta vulnerabilidad para Iberoamérica, donde persisten las redes de la convergencia entre el crimen organizado y el terrorismo en confluencia con regímenes autocráticos como el iraní y sus proxies, con altos estímulos de acción y de malignidad y sólo necesitan la oportunidad y la capacidad operativa, que por cierto, la tienen.
Esto sólo pueden ser prevenidos con mecanismos de inteligencia de compartir información entre gobiernos.
Todas su redes permanecen en plenitud, aunque replegadas como células dormidas, y con el aditamento que así como el sistema judicial y jurídico no está preparado para generar responsabilidades en esa atribución.
Las guerras de «Quinta Generación» tienen componentes no tradicionales y vectores asimétricos. Si bien es poco probable una escalada mundial en el mediano plazo, si es muy probable el expansionismo de los frentes de acción en donde ya se han radicado operadores y el área de influencia es de facto para los contendientes.
Irán no tiene los recursos para enfrentarse a Estados Unidos convencionalmente. Lo que sí tiene es a los operadores para accionar y que consumen ataques con atentados contra objetivos y hasta precipiten una narrativa con un pretendido balance moral internacional que obliguen a retirar la acción o llegar a un cese del fuego.
Por otro lado, tienen el factor económico de su lado, el cierre del estrecho de Ormuz también funcionará como una estrategia para presionar al mundo traduciéndose en una presión internacional hacia Trump para desescalar (deterrent asimetric strategy). Así China y Rusia procurarán presionar para detener los ataques o bien condenarlos y condicionarlos.
Hay un factor importante, la doctrina táctica militar de la teocracia iraní se ha caracterizado históricamente como calibrada. Es decir, ellos nunca han atacado directa ni masivamente porque conocen sus capacidades y las del enemigo. Sus ataques siempre han sido una estrategia asimétrica con el objetivo «deterrent», que significa «persuadir, negación plausible, guerra por capacidad propia», es decir presionar lo suficiente solo para lograr una negociación y nunca el colapso, y ganar tiempo.
Por ello, los mecanismos de defensa a desplegarse, deben ser de largo aliento y previendo la alta probabilidad de ataque de sus proxies en cabeza del crimen organizado.
(*) Graduados de la National Defense University