Vista en el juicio verbal de desahucio de las exmonjas del monasterio de Belorado (Burgos)
Las exmonjas de Belorado afirman que han recibido propuestas para mudarse a Nueva York, Francia o Bélgica
Las cismáticas quieren establecerse en algún lugar de la España rural para «continuar con su tradición de casi 700 años»
A menos de dos semanas de que se ejecute el desahucio de las exmonjas de Belorado del monasterio burgalés, las cismáticas han recibido numerosas propuestas para instalarse en una nueva residencia, tanto fuera como dentro del país.
En total, y según ha detallado el jefe de prensa de las exmonjas, Francisco Canals, cuentan con 30 ofrecimientos que han llegado gracias a la campaña llamada 'Queremos un convento', lanzada a principios de febrero con el objetivo de encontrar un nuevo espacio en el que establecerse.
La mayoría de esas propuestas proceden de distintos puntos del país, como Castilla y León, Galicia, País Vasco, Andalucía o Comunidad Valenciana. En cuanto al tipo de inmueble, muchos están situados en zonas rurales, son antiguas conventos, fincas o edificios de gran tamaño que podrían adaptarse a la vida comunitaria; sin embargo, la mayoría no reúnen las condiciones de habitabilidad necesarias o requieren importantes reformas.
Las propuestas también han llegado desde el extranjero. «Especialmente de Francia, Bélgica, Portugal y Nueva York», cuenta Canals, que explica que reubicarse «no es inmediato, necesitamos un margen de tiempo judicial más amplio».
«Queremos un futuro»
Las exmonjas de Belorado lanzaron a principios de febrero la campaña 'Queremos un convento' para llamar a la «solidaridad de todos los españoles» y encontrar un lugar donde asentarse tras la sentencia de la Audiencia Provincial de Burgos que confirmaba su desahucio. «Si tienes un espacio, puedes ofrecer una esperanza. Queremos un convento. Queremos futuro. Queremos seguir, decían las cismáticas.
Con esta iniciativa, buscan establecerse «en algún lugar de la España vaciada, donde abundan centenares de construcciones, fincas rústicas e incluso conventos abandonados, para continuar con su tradición de casi 700 años».
Las religiosas pedían ayuda «ante su situación límite» y «necesitan un lugar donde vivir y seguir desarrollando su vocación religiosa: una casa, un antiguo convento o cualquier espacio que pueda transformarse en un nuevo hogar comunitario».