A la izquierda, Sergio García, impulsor de Burujú, que hace la vida más llevadera a los niños hospitalizados en Salamanca

A la izquierda, Sergio García, impulsor de Burujú, que hace la vida más llevadera a los niños hospitalizados en SalamancaSusana Martín

El movimiento de 'ángeles de la guardia' ideado por un policía para alegrar la vida de los niños hospitalizados

El agente de la Policía Nacional Sergio García cree en la posibilidad de «sacar del hospital a los niños, al menos mentalmente», y para ello ha logrado implicar a sus compañeros e incluso a un director de cine para que los pequeños no recuerden solo los procesos traumáticos de su paso por la enfermedad

Sergio García, policía nacional en Salamanca, conoció gracias a su labor como voluntario de la Aecc de 2012 a 2020 que el Hospital salmantino tenía un Aula Hospitalaria a la que se inscribían los niños hospitalizados que, por su gravedad, no podían acudir al colegio.

Al pensar en alguna manera de entretener a esos pequeños, Sergio comenzó a llevar juguetes y material escolar al centro sanitario con la ayuda de otros policías que se ofrecían como voluntarios y cuyos uniformes hacían las delicias de los niños. A partir de ese momento, la idea empezó a crecer, el equipo Salamanca CF les regaló balones e incluso –con permiso de padres y sanitarios– comenzaron a sacarlos del Hospital para llevarlos a la base aérea de Matacán, al estadio Helmántico o a Ieronimus (visita guiada por la Catedral de Salamanca).

Excursión al estadio Helmántico

Excursión al estadio HelmánticoEl Debate

En el año 2021, Sergio conoció a Suso de la Nava, un director de cine que le propuso grabar un documental sobre su labor con los pequeños, «casi sin guion, con la única idea de reflejar recuerdos bonitos en los niños hospitalizados, para que no recordaran solo procesos traumáticos de su paso por la enfermedad», ha asegurado Sergio a El Debate. A raíz de esa primera idea, en septiembre de 2023 se estrenó en Salamanca la película Burujú el Último Unicornio, que supuso «sin querer» el inicio de una gira benéfica que llevó la película de los niños del Aula hospitalaria a más de 90 localidades de las provincias de Salamanca, Ávila, Zamora, Valladolid y Palencia.

Burujú, un guiño a una palabra infantil

Burujú, que no tiene ningún significado más que el del sonido que De la Nava hacía de pequeño cuando quería dar miedo a sus amigos, no solo consiguió el objetivo de entretener a los pequeños, sino que a través de ella se consiguieron recaudar más de 30.000 euros para ayudar a los pequeños y sus familias.

De este modo, se ha logrado comprar pelucas para niños oncológicos, una silla de ruedas adaptada para un niño de Linares de Riofrío, Lucas, que sufre una distrofia muscular por déficit de merosina o, gracias a la ayuda también de la USAL, un exoesqueleto para Zaida, una niña que pudo de esta manera dar sus primeros pasos. Sergio ha conseguido también tarjetas de repostaje que entrega a las familias que se tienen que desplazarse para que sus hijos reciban el tratamiento.

Visita al Hospital de Salamanca de agentes de la Policía Nacional

Visita al Hospital de Salamanca de agentes de la Policía NacionalEl Debate

Este policía, que no pertenece a ninguna asociación ni fundación, ha recibido la ayuda «sin dudarlo» como él mismo asegura de la Mutualidad de Previsión Social de la Policía Nacional para «dar transparencia a todas las aportaciones que recibimos». De este modo, le han prestado el apoyo fiscal para conseguir mejorar el día a día de los niños hospitalizados, «al canalizar y gestionar todos los ingresos y pagos», explica García.

«Sacar mentalmente a los niños del hospital»

Pero, a raíz de la creación de este movimiento solidario, Sergio ha conocido más de cerca las necesidades de las familias y los niños, por lo que ha sumado otro objetivo actualmente que es «apadrinar una habitación de la residencia Ronald McDonald de Madrid, que se encuentra junto al a escasos metros del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús».

El precio anual de una habitación, en la que pueden estar hasta cuatro personas, es de 10.000 euros. Sin duda, un reto para este policía y su entorno, que siguen creyendo en la posibilidad de «sacar del hospital a los niños, al menos mentalmente» o, como propone el lema de la residencia madrileña, crear un «hogar fuera del hogar», una verdadera oportunidad para que las familias se sientan en su casa mientras sus hijos son tratados.

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