María Celina, dueña de la confitería Almarza (Almazán, Soria)
La pastelería más antigua de Castilla y León que resiste siete generaciones: «Me daba pena cerrar un negocio así»
Las yemas y las paciencias son los principales reclamos de la confitería, junto con otros dulces que se elaboran según la época del año, como las torrijas o los roscones
en 1820, el joven Salvador Canuto González de Villaumbrosia y Morales abrió en Almazán (Soria) una pequeña confitería, cerería y fábrica de chocolate en pleno centro del pueblo. El establecimiento, situado a tan solo unos pasos de la muralla medieval, ocupaba la planta baja de un edificio reconstruido tras la Guerra de la Independencia. Con el tiempo, sus deliciosas elaboraciones artesanales se convirtieron en todo un éxito. Más de dos siglos después, el negocio sigue abierto en el mismo lugar, ahora regentado por la séptima generación de reposteros sorianos.
María Celina es la actual dueña de la confitería Almarza, la más antigua de Castilla y León. Aprendió el oficio de su padre y mantiene su forma de elaborar dulces intacta. «Sigo haciendo las cosas igual que las hacía él», explica a El Debate.
La llegada de María Celina al negocio familiar hace ya 30 años no estaba prevista. Ella había estudiado Magisterio en Zaragoza y su futuro estaba orientado a la enseñanza, en parte porque su propia familia trató de apartarla de la confitería al considerar que era un trabajo muy exigente. «Mis padres no querían que me quedara porque es un trabajo muy sacrificado», recuerda.
Sin embargo, la muerte de su padre en 1996 cambió los planes iniciales. «Todo el mundo me decía que se acababan los bocaditos de nata de mi padre. La verdad es que me daba pena cerrar un negocio así y finalmente me quedé», cuenta nostálgica.
María Celina, dueña de la confitería Almarza (Almazán, Soria)
Desde entonces, María Celina mantiene la esencia del obrador, donde todavía hoy utiliza los utensilios heredados de su progenitor y repite los mismos procesos artesanales para elaborar los dulces. «Tengo los mismos cazos, las mismas máquinas y el mismo horno. Lo artesano se nota muchísimo y el cliente lo agradece», cuenta.
Yemas y paciencias
Las especialidades de la casa también son las mismas que hace 200 años. Las yemas y las paciencias son los principales reclamos de la confitería, junto con otros dulces que se elaboran según la época del año, como las torrijas o los roscones.
La clientela, siempre fiel, no solo es local, sino que también llega desde diversas partes de España: «Hay gente que se desvía 100 kilómetros para venir a comprar. Nos cuentan que vienen expresamente a por nuestros dulces», relata María Celina.
Confitería Almarza (Almazán, Soria)
En esta legendaria confitería trabajan cuatro personas: dos en el obrador, una en tienda y la propia María Celina, que alterna ambos espacios según la exigencia de cada jornada. «Sola no se puede estar», reconoce, ya que es un oficio que requiere presencia constante y una dedicación que no entiende de horarios. «Cuando todo el mundo tiene fiesta, tú tienes que trabajar. Nosotros solo descansamos los jueves y a veces tenemos que abrir si es una fecha señalada», añade la repostera.
Ahora, María Celina, a menos de una década de su jubilación, afronta un futuro incierto para este negocio familiar. «Octava generación de sangre no habrá», admite, aunque no cierra la puerta a que alguien pueda continuar con la actividad. «Ojalá haya gente joven que quiera seguir», concluye.