Desfile procesional de la Hermandad de Penitencia o de 'las Capas Pardas' en Zamora

Desfile procesional de la Hermandad de Penitencia o de 'las Capas Pardas' en ZamoraJ. L. Leal

Semana Santa 2026

Las 'capas pardas', el símbolo de austeridad y penitencia que define el Miércoles Santo zamorano

La Hermandad de Penitencia sigue fiel a los principios que la inspiraron a mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo: sin alardes, sin recorridos por la ciudad nueva, con una imagen igualmente sobria, sencilla, de aspecto casi rural

La gente conoce como las Capas Pardas a la Hermandad de Penitencia, que procesiona cada Miércoles Santo en Zamora desde las doce de la noche desde la iglesia parroquial de San Claudio de Olivares con su imagen titular, el Cristo del Amparo.

Si bien, la gran protagonista de esta procesión es la misma desde que, en abril de 1955 echó a andar gracias a la idea de Dionisio Alba Marcos: el atuendo de los hermanos, que no es otro más que la capa parda que los pastores y arrieros de las comarcas de Aliste, Carbajales y Sayago llevaban para su abrigo en las labores de pastoreo. Pero desde el inicio los amigos de Alba pensaron que no sería la capa de trabajo, sino la que vestían en días especiales. Para complementar el hábito, los hermanos portan en sus manos un rústico farol de hierro forjado con una vela de hacha en su interior.

La Capa de Chiva, originaria de la comarca de Aliste, es uno de los atuendos rústicos más bellos de España. Es una prenda de color pardo, de paño grueso, con capucha puntiaguda y toda adornada con picados de paño negro.

Desfile procesional de la Hermandad de Penitencia. "Capas Pardas"

Desfile procesional de la Hermandad de Penitencia. «Capas Pardas»J. L. Leal

De este modo, esta hermandad sigue fiel a los principios que la inspiraron a mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo: humildad, austeridad y penitencia. Sin alardes, sin recorridos por la ciudad nueva, con una imagen igualmente sobria, sencilla, de aspecto casi rural, el crucificado de la pequeña iglesia de San Claudio de Olivares, del siglo XII. En la actualidad, esta imagen la portan doce hermanos y va colocada sobre una sencilla mesa que simula El Gólgota; como único adorno lleva una calavera y unos cardos.

Este Miércoles Santo, 1 de abril, la procesión saldrá a las doce de la noche de la iglesia parroquial de San Claudio de Olivares. Como siempre, los cofrades avanzarán en una formación que recuerda a una cruz, mientras que las matracas resuenan marcando el avance de la procesión. Su recorrido continuará por la plaza de San Claudio, calle Cabildo, avenida de Vigo, cuesta de Pizarro, calle Pizarro, rúa de los Francos, plaza de San Ildefonso, plaza de Fray Diego de Deza (donde se reza el Vía Crucis al paso de la procesión), plaza de Arias Gonzalo, calle del Obispo Manso, plaza Antonio del Águila, puerta y cuesta del Obispo, calle Trascastillo, calle Rodrigo Árias, plaza de San Claudio (donde se canta el miserere alistano), y concluirá de nuevo en el templo de partida.

Procesión de la Hermandad de Penitencia, capas pardas

Procesión de la Hermandad de Penitencia, capas pardasJL Leal

Aunque esta es la realidad de la creación de esta hermandad, que quería recrear una atmósfera de recogimiento y sobriedad para invitar a la reflexión, lo cierto es que existe una hermosa leyenda con muchas versiones populares que habla de la devoción de un molinero zamorano por el Cristo de Olivares.

Debido a su fervor, el molinero, que cada domingo le rezaba en la Iglesia de San Claudio de Olivares quiso hacerlo desfilar en Semana Santa, lo que el obispo de Zamora le autorizó tras consultarle para el miércoles, a la caída de la tarde.

Procesión de la Hermandad de Penitencia, capas pardas

Procesión de la Hermandad de Penitencia, capas pardasJL Leal

El molinero convocó a sus vecinos y les comunicó la buena noticia, pero fueron pocos los que quisieron acompañar al Cristo tan tarde, ya que el frío era importante. Por tanto, cuando llegó el Miércoles Santo, los devotos alzaron en hombros la figura y salieron del templo con sus capas para protegerse del frío.

Así, cuando los zamoranos vieron a los veinte o treinta cofrades ataviados con sus pobres capas pardas llevando en andas al Cristo de madera, se rieron abiertamente de la comitiva.

La leyenda confirma, sin embargo, que, al pasar los cofrades junto a la Catedral, las campanas comenzaron a tocar a muerto sin que nadie las tocara. Ante este hecho, los zamoranos hincaron sus rodillas ante el Cristo y pidieron perdón por su conducta. Desde entonces, la Cofradía del Santísimo Cristo de Olivares es una de las más respetadas y un gran silencio protagoniza todo su recorrido.

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