Vista de la entrada al pueblo de Armejún, en Soria

Vista de la entrada al pueblo de Armejún, en SoriaiStockphoto

El pequeño pueblo soriano que vuelve a la vida después de registrar un censo de cero habitantes

Armejún figuraba oficialmente sin vecinos en 2010, pero un grupo de personas vinculadas al pueblo decidió organizarse para evitar que se perdiera para siempre

En lo alto de las Tierras Altas de Soria se encuentra Armejún, un pueblo que en 2010 figuraba oficialmente con cero habitantes. Era, como tantos otros núcleos rurales del norte soriano, un símbolo silencioso de la llamada España vacía: casas derruidas, calles tomadas por la maleza y un silencio que parecía definitivo.

La despoblación de Armejún no fue un caso aislado. En la segunda mitad del siglo XX, la reforestación impulsada por el antiguo ICONA en la sierra de Alcarama aceleró el éxodo de sus habitantes, que buscaron una vida menos dura lejos de la montaña. Las casas quedaron vacías, los corrales se hundieron y las zarzas ocuparon lo que antes eran caminos más o menos transitados.

Campanario de la iglesia de Armejún visto a través de un muro de piedra seca semi-arruinado

Campanario de la iglesia de Armejún visto a través de un muro de piedraGetty Images/iStockphoto

Durante décadas, Armejún fue un pueblo fantasma perteneciente ya al municipio de San Pedro Manrique, aunque la localidad soriana en el pasado contó con ayuntamiento propio.

Sin embargo, a diferencia de otros enclaves de Tierras Altas, donde la vegetación terminó por borrar las huellas de la vida, aquí quedó un hilo de memoria que se negaba a romperse: los antiguos vecinos y sus descendientes.

Hace casi veinticinco años, un grupo de personas vinculadas al pueblo decidió organizarse para evitar que Armejún se perdiera para siempre. Así nació la Asociación Amigos de Armejún, un colectivo que comenzó a reconstruir muros, limpiar calles y recuperar espacios comunes con un objetivo claro: hacer el pueblo habitable de nuevo.

Lo que empezó como un gesto de amor hacia las raíces se convirtió, con el tiempo, en un proyecto de futuro.

El punto de inflexión llegó en diciembre de 2013. Gracias a un proyecto conjunto entre la Asociación y un grupo de jóvenes comprometidos con la vida rural, Armejún volvió a tener habitantes. Dos personas se instalaron en el pueblo con una idea tan ambiciosa como inspiradora: convertirlo en una Ecoaldea.

Fuente del antiguo lavadero en el pueblo de Armejún, provincia de Soria

Fuente del antiguo lavadero en el pueblo de Armejún, provincia de SoriaiStockphoto

Apenas dos años después, en 2015, Armejún ya contaba con cuatro habitantes jóvenes. Su presencia no solo devolvió actividad a las casas rehabilitadas, sino que también reabrió caminos, reactivó huertos y recuperó prácticas tradicionales adaptadas a un modelo sostenible. La vida regresó a las calles donde antes solo crecían arbustos.

Hoy, Armejún es un ejemplo de cómo la despoblación no siempre es un destino irreversible. Su recuperación demuestra que, con voluntad colectiva, memoria y una visión de futuro, incluso los pueblos más castigados por el abandono pueden renacer.

Mientras otros núcleos de Tierras Altas siguen luchando contra el avance de la maleza, Armejún se mantiene en pie, reconstruido poco a poco, piedra a piedra, por quienes se negaron a dejarlo morir. Así, esta pequeña localidad soriana que se encuentra en el límite con La Rioja, es un símbolo de resistencia, de identidad y de innovación social en la España rural. Representa la posibilidad de un nuevo modelo de vida en territorios que durante décadas fueron considerados perdidos.

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