Estado de la pierna que le quedó a un policía nacional tras una intervención en Palencia
El policía forzado a trabajar pese a no tenerse casi en pie y la «maniobra» de Marlaska para «ocultar» 17.000 agresiones
A Arturo, agente del CNP herido de gravedad en acto de servicio en Palencia, le niegan la incapacidad psicofísica y la jubilación y lo declaran apto para el servicio
Jupol denuncia que Interior pretende que estos casos se registren como enfermedad común
Se llama Arturo, es agente de la Policía Nacional desde hace 24 años y su caso es uno entre los aproximadamente 17.000 que sufren cada año en España, según denuncia el sindicato Jupol, que afea que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska «maniobra para ocultar» estos episodios.
Este policía de Palencia resultó herido de gravedad durante una intervención hace ahora dos años, cuando medió en una pelea entre dos grupos de personas en un festival de música «En el fragor del momento, Arturo al tratar de impedir que uno de los implicados golpeara al otro, trata de reducirlo desde atrás, comenzando un fuerte forcejeo por parte de este individuo, quien propina una fuerte patada que impacta de lleno en la parte interna del tobillo izquierdo, oyendo un 'crack' y cayendo ambos hacia atrás , momento en el que uno del grupo , arremete violentamente a Arturo encontrándose éste en el suelo, siendo pisoteado y golpeándole con fuerza», repasan desde el sindicato mayoritario de la Policía Nacional.
La agresión contra el agente no fue a más porque sus compañeros logran sacarlo de allí de inmediato, pero el daño en la zona del tobillo ya estaba hecho, dejándole unas terribles secuelas. Según el diagnóstico médico, sufrió una grave fractura trimaleolar con desplazamiento del peroné.
Estado en el que le quedó el tobillo al policía nacional Arturo tras la agresión en Palencia
Sin embargo, la pesadilla de este policía que había intervenido a lo largo de su carrera en incendios, rescates, incluso en atentados de ETA, no había hecho más que comenzar. Tuvo que someterse, primero, a una intervención quirúrgica en la que le colocaron una placa de titanio y tornillos; después a otra para retirarle los tornillos y realizarle una antroscopia. Pese a las operaciones y el seguimiento de las pautas médicas y la rehabilitación, con las que mejora levemente, el agente continúa arrastrando una pronunciada cojera, con una «incapacidad manifiesta para mantenerse en pie, erguido sobre las dos piernas».
Desde Jupol señalan que «resulta incomprensible que ser Policía nacional y Guardia civil aún no sean reconocidas como profesión de riesgo»
La cruz con distintivo rojo que recibió a propuesta de Jupol le llenó de emoción, pero su vida ya no era la misma y su día a día suponía un reto. «El equipo de médicos que ha seguido su caso coincide en que, a día de hoy, debe evitar tanto la carrera y el salto, así como movimientos bruscos o explosivos. Resulta irónico, especialmente en una labor tan exigente físicamente como la que lleva a cabo un policía de radiopatrulla», sintetizan desde el sindicato policial, desde donde precisan que si Arturo se mantiene mucho tiempo de pie, sufre calambres e inestabilidad; y si pasa largo tiempo sentado, le aumentan el dolor y el entumecimiento.
Radiografía que muestra el interior de la pierna del agente que sufrió un atentado a la autoridad en Palencia
Esto provoca que se vea afectada «gravemente su rutina y la posibilidad de desempeñar sus funciones profesionales sin sufrir episodios de dolor agudo y una inestabilidad constante». «Pese a todo lo anteriormente expuesto, el 16 de octubre de 2025, los facultativos del tribunal médico, funcionarios de la propia administración, no aprecian causa suficiente que le impida el desempeño de sus funciones, le niegan la incapacidad psicofísica, le niegan la jubilación y le declaran apto para el servicio», lamentan desde Jupol, desde donde agregan que «hasta el día de hoy, Arturo ha cubierto gran parte de los gastos de su propio bolsillo: en medicación, para trasladarse en incontables ocasiones al médico de cabecera, a las citas con el traumatólogo, e incluso al médico del cuerpo en Valladolid».
«A pesar de todo lo ocurrido y su condición médica y personal», añaden, el agente «no ha percibido ninguna indemnización». Aun así, continúa batallando para que se le reconozca la incapacidad derivada de su acto de servicio. «Su dedicación como policía siempre estuvo marcada por el compromiso con su deber; era consciente de los riesgos inherentes a la profesión, incluso de la posibilidad de perder la vida, cuando hace 24 años juró bandera. Sin embargo, lo que nunca imaginó es que, llegado el momento de necesitar apoyo, no recibiría la respuesta que caracteriza a una verdadera familia: estar ahí y respaldar al que lo necesita», critican desde el sindicato nacido, precisamente, en la Comisaría de Palencia.
Estado del tobillo del agente agredido en Palencia, tras su segunda operación, en mayo de 2025
Por ahora, le dieron de alta administrativa forzosa el pasado 23 de enero, sin puesto de trabajo adaptado, aunque sí le han modificado durante ocho meses su labor de patrulla por un puesto de seguridad en la Comisaría de la capital palentina. Allí trabaja pese a un diagnóstico de artrosis postraumática degenerativa en el tobillo.
Las secuelas de Arturo, esta misma semana
«No debo correr, saltar, engordar, practicar deportes de impacto... tampoco puedo estar mucho tiempo de pie o sentado, tengo que moverlo cada dos por tres y siento hormigueo, calambres, pinchazos, y cuando me duele mucho, tomar Arcoxia», detalla Arturo, que cree que cuando le toque volver a ser «zeta» y patrullar estará «igual o peor». «Estoy seguro de que aunque quiera, que sí, no podré volver a la calle», se lamenta Arturo, en declaraciones a El Debate.
Jupol resalta que solo en 2024 los agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil sufrieron 16.878 agresiones por atentado a la autoridad. «El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, maniobra para ocultar estas casi 17.000 agresiones anuales a policías y pretende que se registren como enfermedad común. En todos estos casos, el Estado, la Administración, el sistema, como lo quieran llamar, les ha dado la espalda, están abandonados, desamparados y desprotegidos», apuntan desde Jupol, desde donde zanja que «resulta incomprensible que ser Policía nacional y Guardia civil aún no sean reconocidas como profesión de riesgo».