La ganadería brava más antigua de España, El Raso de Portillo, Premio Castilla y León de Tauromaquia en 2025
Esta es la ganadería brava más antigua de España, que lleva criando toros desde 1490
El Raso del Portillo cuenta con 400 cabezas de toro bravo y son los bisnietos de su primer dueño los que continúan al frente de esta casta
La ganadería brava más antigua de España nació en un rincón discreto de la meseta castellana. El Raso del Portillo, en la provincia de Valladolid, guarda una historia que se remonta a más de cinco siglos y que convierte a este enclave en historia viva de la tauromaquia y de la cultura rural española.
Su origen documentado en el siglo XV lo sitúa como la casta fundacional más antigua del país, un linaje que ha sobrevivido a transformaciones profundas en el campo.
La historia del Raso del Portillo se remonta a 1490, cuando los toros de esta zona aparecen mencionados en documentos municipales de Medina del Campo. En aquel tiempo, la villa era uno de los centros comerciales más importantes de Europa gracias a sus ferias, y necesitaba animales bravos para festejos y encierros. Los ganaderos locales seleccionaban reses de temperamento vivo y embestida franca, características que con el paso de los siglos se convertirían en la seña de identidad de esta casta.
A diferencia de otras ganaderías que surgieron de cruces posteriores, el Raso del Portillo mantuvo una línea genética muy pura, basada en animales criados en los pastos de la ribera del Duero y del Adaja. Su rusticidad, su resistencia y su bravura natural hicieron que pronto fueran apreciados en toda Castilla. De hecho, durante siglos, los toros del Raso fueron los protagonistas de los festejos populares de Valladolid, Medina del Campo, Tordesillas y otras localidades del entorno.
El toro del Raso del Portillo no responde al estereotipo del toro andaluz, más voluminoso y de hechuras redondeadas. Este es un toro castellano, de líneas más secas, de perfil montuno, con una expresión que muchos aficionados describen como «primitiva». Su comportamiento también es singular: es un animal que piensa, que mide, que no regala embestidas, pero que cuando se entrega lo hace con una nobleza austera, sin artificios. Por eso, en épocas en las que la tauromaquia buscaba toros más espectaculares o más uniformes, la casta del Raso del Portillo quedó relegada.
Ahora, sus compradores principales se encuentran en Francia. En los mejores ruedos del país vecino, los toros de El Raso de Portillo son del agrado entre el público aficionado. Plazas como la de Céret, la de Vic-Fezensac o la de Parentis han comprobado la bravura de su ganado.
El entorno donde pastan estos animales se extiende entre Boecillo, Portillo y Aldeamayor de San Martín. Ese ambiente forja animales duros, resistentes, con una bravura que nace de la supervivencia. No es casualidad que muchos expertos consideren esta casta como una de las más auténticas de la península, un vestigio de cómo eran los toros bravos antes de la selección moderna.
Los hermanos Iñaki y Mauricio Gamazo, responsables de la ganadería El Raso de Portillo
A lo largo del siglo XX, la casta del Raso del Portillo estuvo varias veces al borde de desaparecer. La mecanización del campo, la reducción de festejos populares y la preferencia por otros encastes más comerciales hicieron que su número se redujera drásticamente. Sin embargo, un pequeño grupo de ganaderos y aficionados se empeñó en mantenerla viva. Gracias a ese esfuerzo, hoy el Raso del Portillo sigue existiendo como una de las joyas genéticas del campo bravo español.
Hoy cuenta con 400 cabezas de toro bravo en una finca que el vallisoletano Trifino Gamazo adquirió en 1880 junto al ganado que había en ella a su anterior dueño, Pablo Valdés Sanz. Fue Trifino quien unificó todas las explotaciones y cuyos bisnietos, Mauricio e Íñigo Gamazo, mantienen la ganadería en la actualidad.