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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Hasta en la sopa, que no haya otra cosa

Resulta políticamente incorrecto decirlo, pero con la campaña de propaganda del Gobierno se ha exagerado muchísimo ante la crisis del Hondius y el hantavirus

Act. 12 may. 2026 - 11:49

Un amigo se desahoga y me suelta: «Estoy hasta el bolo del hantavirus ¡No paran!». Me temo que empieza a resultar difícil no concordar.

Desde hace nueve días, los informativos de televisión dedican la mitad de su tiempo, o más, al brote de hantavirus en el crucero holandés MV. Hondius. A partir de que el Gobierno se puso al frente y comenzó a venderlo como un colosal éxito de gestión, el barco copa también los magazines de comisarios políticos como Intxaurrondo y Ruiz. El énfasis llega al extremo de que lo han metido con calzador hasta en el corazón de Igartiburu en TVE.

El MV Hondius es un crucero holandés operado por la firma Ocean Wide Expeditions, que ofrecía un recorrido por la Antártida y el Atlántico Sur de aire científico, o naturalista, previo abono de unos 27.000 euros. El 20 de marzo zarpó de la ciudad más austral del mundo, la argentina Ushuaia, con 114 pasajeros y 62 tripulantes. Eran de una veintena de nacionalidades, entre ellos, 14 españoles. Como destino final, Cabo Verde, con atraque el 4 de mayo.

A bordo se desató un brote de hantavirus, un virus de los roedores, que infectó a ocho viajeros, provocando tres muertos: un holandés de 70 años el 11 de abril, su mujer de 69, que murió en Johannesburgo el 26 de abril, y una pasajera alemana de 78 años, fallecida el 2 de mayo.

El barco llegó a Cabo Verde el 3 de mayo, pero sus autoridades no permitieron el desembarco debido a la precaria sanidad del país. El 5 de mayo, España aceptó una petición de la desacreditada OMS para acoger al MV Hondius en Canarias y el 10 de mayo llegó al puerto de Granadilla, en Tenerife. Los pasajeros han sido desembarcados, con tres ministros desplazados allí dando cuenta del operativo en términos heroicos y con tal sucesión de ruedas de prensa que al final casi costaba enterarse de algo. Los pasajeros españoles no presentan por ahora síntomas y han sido confinados en el hospital militar Gómez Ulla de Madrid.

Los expertos más serenos aseguran que el hantavirus no es especialmente contagioso. Por su parte, los científicos argentinos, los que más lo han estudiado, cifran la letalidad en un 33,6 % y el año pasado provocó 28 muertes en ese país. Por ubicarnos, en la última campaña de la gripe murieron 1.800 españoles, noticia que por supuesto no fue objeto de alarma ni declaración alguna. Además, debido a una execrable trata de seres humanos que este Gobierno no ataja, cada día llegan a España en cayucos docenas de personas africanas, algunas, por desgracia, con dolencias incubadas. ¿Se hacen controles sanitarios exhaustivos para ver qué posibles virus entran por ahí? ¿Se obliga a fondear a las pateras lejos de puerto? Pues claro que no. Ahí la coladera sanitaria es casi total.

¿Es compartido por otros países nuestro show? No parece. En el barco viajaban 20 británicos. Los han trasladado a un hospital del noroeste de Inglaterra, el Arrowe Park, donde permanecerán tres días, y a continuación harán cuarentena en su casa o en hoteles durante 42 días, con análisis constantes. Si alguno da positivo será ingresado en un hospital de Liverpool especializado en enfermedades infecciosas y tropicales. No ha habido bronca política, ni pataleos absurdos de autoridades locales, y la noticia no abre los periódicos. Tampoco hay ruedas de prensa especiales del ministro de Sanidad, Wes Streeting (entre otras cosas porque está muy ocupado intentando hacerle la cama a Starmer). Todo se cuenta de manera sosegada, sin melodrama.

La ineptitud de nuestro Gobierno está tan acreditada que se ha vendido como la Odisea de Homero el hecho de bajar a unos pasajeros de un barco con las adecuadas medidas de profilaxis, hacerles los pertinentes análisis y trasladarlos con garantía a los hospitales donde deben permanecer en observación. Se presenta como una gesta memorable una actuación que cualquier país avanzado como España puede resolver sin grandes problemas. Y tal vez lo sea estando en manos de Mónica García, una médico de ideario populista que ha logrado que se enquiste una interminable huelga de médicos; o de Marlaska, el genio que en septiembre de 2022 decidió prescindir de un organismo policial que con 130 agentes especializados mantenía a raya el tráfico de drogas en el Estrecho.

Si llevas tres años sin Presupuestos, si el presidente tiene libres todas las tardes porque en realidad no gobierna, si se pusieron de canto ante la dana y los incendios… entonces evacuar un barco donde se había declarado una epidemia es ciertamente una inconmensurable proeza, que convierte la histórica expedición de la vacuna de la viruela de Balmis en un chascarrillo a pie de página comparado con la gesta de García, Marlaska y Torres. ¿Y por qué ha tomado Sánchez esta vez las riendas en contra de su escaqueo habitual en favor de las comunidades? Pues porque sabía que el envite era de fácil resolución.

Hatavirus de sol a sol, que no se hable de otra cosa. Pero pasará la cortina de humo y los disgustos seguirán ahí. A final de mes comienza el show en los tribunales del coautor de La Danza de las Chirimoyas, cuya situación judicial es de pronóstico reservado; la pseudoprimera dama puede acabar pronto ante un jurado popular y Zapatero recibirá también sus sustos. De propina, el domingo toña aparatosa en Andalucía con la gran Marisu, que lo era todo en el Gobierno y el PSOE.

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