El meandro Melero, del río Alagón, entre Salamanca y Cáceres

El meandro Melero, del río Alagón, entre Salamanca y CáceresGetty Images/iStockphoto

Así es el meandro Melero, la frontera líquida que separa Salamanca y Cáceres con una espectacular curva

Esta herradura perfecta, más allá de su belleza, cumple una función histórica y geográfica: es la frontera natural entre Castilla y León y Extremadura

En el extremo más meridional de la provincia de Salamanca, antes de primeras colinas de las Hurdes, el río Alagón dibuja una curva imposible. Es el meandro Melero, una herradura perfecta que, más allá de su belleza mil veces fotografiada, cumple una función histórica y geográfica: es la frontera natural entre Castilla y León y Extremadura, entre Salamanca y Cáceres.

Curiosamente, la península de tierra rodeada por el meandro (conocida como La Romerosa) pertenece a Salamanca, mientras el punto más conocido para contemplarlo es el mirador de La Antigua, ya en tierras cacereñas. Desde allí, el visitante puede observar cómo el Alagón rodea una península cubierta de jaras, brezos y pinos. La otra orilla, la salmantina, pertenece al término municipal de Sotoserrano, en una espectacular transición hacia la Sierra de Francia.

Meandro Melero desde el mirador perteneciente a la provincia de Cáceres

Meandro Melero desde el mirador perteneciente a la provincia de CáceresGetty Images

Durante siglos, este recodo del Alagón fue un límite natural difícil de franquear, por lo que las comunicaciones entre ambas provincias dependían de barcas, sendas y pasos improvisados. Hoy, sin embargo, el meandro se ha convertido en un símbolo compartido, un punto de encuentro entre los habitantes de Sotoserrano (Salamanca), Riomalo de Abajo (Cáceres) o Caminomorisco (Cáceres).

De este modo, los visitantes pueden combinar la experiencia con rutas senderistas, baños en pozas naturales del Alagón, paseos en kayak o visitas a pueblos con encanto como Sotoserrano, Mogarraz o La Alberca en la parte salmantina, y Caminomorisco o Las Mestas en la vertiente cacereña.

Aunque el río marca el límite administrativo entre Salamanca y Cáceres, el turismo lo vive como un territorio único. La gastronomía, protagonizada por la miel, las cerezas, los embutidos, el cabrito, o los vinos de la Sierra de Francia, además de la arquitectura popular y el carácter de sus gentes comparten raíces comunes.

El Melero también es un termómetro ambiental. Sus aguas esconden una biodiversidad notable de nutrias, garzas reales, martines pescadores y una vegetación de ribera que resiste a los veranos cada vez más secos.

El meandro Melero, por tanto, se ha consolidado como uno de los lugares imprescindibles para quienes recorren la Sierra de Francia, Las Hurdes o el sur de Salamanca. Su accesibilidad, su belleza y su carácter simbólico lo convierten en una parada obligatoria para viajeros que buscan naturaleza, autenticidad y paisajes que dejan huella.

En los últimos años, el aumento de visitantes ha obligado a extremar la protección del entorno, especialmente en épocas de sequía, cuando el nivel del río desciende. De hecho, las administraciones de Salamanca y Cáceres coinciden en la necesidad de coordinar esfuerzos para preservar un espacio que no entiende de límites provinciales o regionales.

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