Ensayo del XXXV Cronicón de Oña

Ensayo del XXXV Cronicón de OñaRicardo Ordóñez

La localidad burgalesa que cada verano regresa a la Edad Media: más de 100 vecinos reviven una historia de reyes y condes

Meses de trabajo e implicación del pueblo burgalés de Oña hacen posible cada año la celebración del Cronicón, uno de los espectáculos históricos más emblemáticos de Castilla y León

El claustro barroco del Monasterio de San Salvador de Oña (Burgos) abrirá sus puertas del 12 al 16 de agosto para acoger la XXXVIII edición del Cronicón de Oña, sin embargo el espectáculo comienza muchos meses antes. Mucho antes de que se levante el telón, decenas de vecinos ya llevan semanas, e incluso meses, adaptando más de un centenar de trajes, reorganizando escenas y ensayando sin descanso para que una de las citas culturales más emblemáticas de la provincia de Burgos y de la región vuelva a cobrar vida.

Esta Fiesta de Interés Turístico de Castilla y León narra la fundación del monasterio de San Salvador de Oña en 1011 por el conde Sancho García y su esposa Urraca Gómez, así como los hechos medievales de los reyes y condes de Castilla y Navarra de los siglos XI y XII. Cada año moviliza a más de un centenar de actores, figurantes, técnicos y voluntarios, que comienzan a trabajar meses antes para preparar una representación en la que la implicación vecinal es tan importante como el propio espectáculo, como recoge Ical.

Las directoras de la obra, Efrosina y Berta Tricio, explican que comenzaron el pasado mes de febrero a trabajar en esta edición. Otro años, los trabajos arrancaban en marzo o abril, sin embargo, el cambio de espacio de este año les ha obligado a replantear buena parte del montaje y preparar un espectáculo «casi nuevo».

«Basándonos siempre en el mismo texto, pero nos cambia mucho el espacio», explica Efrosina. En la ubicación anterior, en el patio de San Íñigo, disponían de siete puntos de salida para los actores en el escenario, y en este nuevo espacio cuentan con cuatro, lo que les ha llevado a adaptar y distribuir a los actores en el escenario. «Nos ha resultado un poco más trabajoso, pero creo que al espectáculo le va a dar una vistosidad especial», afirma una de las codirectoras.

Presentación del Cronicón de Oña, Burgos

Presentación del Cronicón de Oña, Burgoswww.elcronicondeoña.com

Una de las «claves» del Cronicón de Oña, destaca Tricio, es que, pese a celebrar ya su trigésimo octava edición, la representación se renueva cada año «de una forma u otra». Sin embargo, si algo la hace realmente especial es precisamente la implicación de todo un pueblo por sacarla adelante.

Los ensayos con los actores comenzaron este año el 7 de julio, mucho antes que en ediciones anteriores debido al cambio de espacio, pero la respuesta de los vecinos ha sido ejemplar. «Hay gente que está de vacaciones y se molesta en venir, algunos que vienen de otros pueblos. Están volcados», destacan desde la organización.

Y aún más especial está siendo la respuesta de los más pequeños. Los niños que participan en la obra, algunos de cinco o seis años, acuden a cada uno de los ensayos, y si falta un adulto, se ofrecen a sustituirles. «Es una gozada ver cómo la gente se vuelca y con qué seriedad se lo toman. Les gusta hacer el Cronicón», afirma con orgullo Efrosina Tricio.

Su hermana se une a sus palabras, y asegura que la preparación del Cronicón supone toda una experiencia para los voluntarios, porque les permite hablar con gente con la que habitualmente no mantienen relación y además adquieren nuevos conocimientos sobre la historia de Oña, el teatro, la interpretación...etcétera. «Es una escuela de convivencia, porque al final, de una forma u otra, convivimos de manera muy estrecha», indica Berta Tricio, que recuerda que el Cronicón une a gente de diferentes edades, ya que este año cuentan con participantes que van desde los 5 hasta los 90 años.

Más que una representación

El compromiso con el Cronicón de Oña no se limita a las semanas previas a la representación. Para muchos vecinos, la preparación ocupa buena parte del año. Es el caso de Juan Luis Gredilla, que participa en el espectáculos desde hace 28 años, e interpreta al abad San Íñigo del Monasterio de San Salvador.

En su opinión, subirse cada año al escenario de Oña para participar en el Cronicón supone una gran emoción, porque permite «poner en valor el patrimonio y la historia del pueblo». «Sin el Cronicón, mucha gente no conocería el patrimonio cultural e histórico que tiene Oña», afirma. Aunque reside la mayor parte del año en Bilbao, Gredilla reconoce que el mes de agosto y buena parte de julio, lo tiene reservado desde hace años a esta cita que considera «imperdible».

Aunque la actividad se intensifica a partir de junio y julio, el trabajo comienza mucho antes. Durante el año repasa el texto y, con la llegada del verano, arrancan los ensayos, en los que se incorporan tanto los vecinos que residen en el municipio como quienes regresan para las vacaciones. «Además de reencontrarnos con los compañeros de cada edición, el Cronicón pone a Oña en el mapa todos los veranos y también sirve para integrar a la gente que llega nueva al pueblo», destaca.

Un vestuario con alma propia

Mayo marca el inicio de otra de las tareas invisibles del Cronicón: el taller de vestuario. Allí, un grupo de vecinas del municipio dedica una o dos tardes a la semana a revisar, reparar y adaptar los más de 100 trajes de la representación. Ninguna prenda queda sin inspeccionar y, además de arreglar pequeños desperfectos, cada edición incorpora nuevas piezas o modificaciones para ganar rigor histórico.

Al frente del talles está Inés Polo, vecina de Oña y vinculada al Cronicón desde hace décadas. Tras una vida dedicada a la costura y al comercio textil, coordina a una equipo de voluntarias que mantiene vivo un patrimonio confeccionado íntegramente en el pueblo desde los inicios de la representación.

Este año, entre otros trabajos, están confeccionando 13 nuevos hábitos para renovar el vestuario de los monjes, así como arreglando los trajes de algunas de las actrices más jóvenes que han crecido en este último año. Una muestra más del esfuerzo colectivo que, durante meses, sostiene una representación en la que nada se deja al azar.

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