La ministra de Sanidad, Mónica García, con Salvador Illa, en una imagen de archivo
Cataluña
La asignatura pendiente de la sanidad: que las autonomías compartan los historiales clínicos de los pacientes
Vox pide una cierta «recentralización» de la sanidad y que pueda haber una tarjeta sanitaria válida en todo el territorio nacional
España tiene un sistema sanitario al que se le reconoce su calidad, pero persiste una problemática que afecta tanto a pacientes, como a profesionales, y no es un hecho baladí: los historiales clínicos no están compartidos entre comunidades autónomas.
Cada una de las 17 autonomías gestiona su propio sistema de salud de manera autónoma, lo que ha derivado en una fragmentación de los datos médicos que dificulta la continuidad asistencial y genera ineficiencias en el sistema.
María es un ejemplo de esta disfunción. Tiene 45 años, vive en Sant Cugat, pero viaja frecuentemente a Valencia por trabajo. Siempre lleva consigo un informe médico, donde se detalla su alergia a ciertos alimentos y medicamentos. En uno de sus viajes sufrió una reacción alérgica grave. En estos casos, nos dice, el equipo médico tiene que confiar «en lo que yo le pueda explicar». Y es que los médicos no pueden acceder a su historial clínico.
El problema radica en que cada comunidad autónoma utiliza sistemas informáticos distintos para gestionar los historiales clínicos electrónicos. Aunque existen iniciativas como la Tarjeta Sanitaria Interoperable, que permite a los pacientes acceder a servicios básicos en cualquier región, los datos clínicos detallados —como antecedentes, pruebas diagnósticas o tratamientos— no siempre están disponibles en tiempo real.
Y no todas las Comunidades Autónomas participan de la iniciativa. Según un informe del Ministerio de Sanidad de 2023, solo el 60 % de los centros sanitarios públicos logra compartir información clínica de manera efectiva entre autonomías, y la situación es aún más limitada en el sector privado.
Esta falta de integración tiene consecuencias directas. Para los pacientes, implica retrasos en la atención, pruebas redundantes y un mayor riesgo de errores médicos. Un estudio publicado en la Revista Española de Salud Pública en 2024 señaló que el 15% de los errores de medicación en urgencias están relacionados con la falta de acceso a información clínica previa. Para los profesionales, significa una carga administrativa adicional, ya que deben solicitar manualmente datos a otros centros o comunidades, un proceso lento y burocrático.
Y también está el caso de Gemma. Ella vivía en Gerona y decidió trasladarse con su familia a un pueblo de la provincia de Toledo. Tuvo que ir a su hospital de referencia para que le hicieran un informe médico para cada uno de los miembros de la familia y en castellano, porque los médicos del hospital de Aranjuez, en su caso, no podían acceder a los datos sanitarios de Cataluña que ella, además, tenía en catalán.
Las tarjetas no siempre funcionan
Vox defiende una centralización del sistema nacional de Salud, y que haya, por ejemplo, una tarjeta sanitaria única. Su portavoz nacional, María Elisa García Fuster, lamenta que, cuando un paciente sale de su comunidad autónoma, «no te sirve ni tu tarjeta ni las recetas que te ha hecho el médico de cabecera de aquí».
Vox presentó hace unos meses, en el Congreso de los Diputados, una proposición de Ley en la que se instaba al funcionamiento efectivo de la tarjeta sanitaria individual y la interoperabilidad de la historia clínica. Se rechazó por 174 votos en contra, 32 a favor (los de Vox) y 134 abstenciones (del PP).
En el texto se recogía que esas tarjetas no siempre son operativas fuera de la comunidad autónoma de origen, precisamente «por falta de interoperabilidad o uso exclusivo de lenguas cooficiales». Los socialistas rechazaron la propuesta alegando, entre otras cuestiones, que lo que se pretendía era una «recentralización».
También pide esa interoperabilidad la presidenta de la Asociación Defensor del Paciente, Carmen Flores, quien asegura que «estamos en un país que se llama España, pero, a la práctica, estamos en 17 países, de tal forma que si yo me voy al extranjero, tengo que llevar una carta de traslado. Y aquí, en España, pasa lo mismo, si es que nos vamos a otra comunidad a pasar las vacaciones».
Flores considera que es algo que se tiene que solucionar «ya», que no tiene que haber problemas políticos o lingüísticos, por medio, porque «está en juego la salud de los pacientes». Es fundamental que los médicos sepan, prosigue, «qué patologías tenemos, qué es lo que nos pueden recetar y cómo nos pueden atender, que eso es vital para un médico». Por este motivo, censura Flores, «en lugar de banderitas, que se preocupen por la sanidad».
También recuerda que en España se saca pecho asegurando que la sanidad es universal. «¿De verdad?» Se pregunta con ironía, porque «falla algo que es fundamental, y es ese intercambio de información dentro del propio país. No es universal para las historias clínicas».