El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, durante una sesión plenaria, en el Parlamento de Cataluña, a 22 de julio de 2025, en Barcelona, Cataluña (España).
Illa cumple un año en la presidencia de la Generalitat de Cataluña convertido en principal apoyo y, a la vez, en delfín de Sánchez
El presidente de la Generalitat imita al del gobierno, afirma que agotará la legislatura aunque no apruebe presupuestos y busca el cuerpo a cuerpo con Díaz Ayuso para agradar al votante independentista
Salvador Illa cumple un año al frente de la Generalitat de Cataluña. El tercer presidente socialista que ha tenido el gobierno autonómico catalán, al igual que en las dos ocasiones anteriores, se ha tenido que apoyar en los independentistas de ERC y los neocomunistas de los Comunes para alcanzar el gobierno, aunque a diferencia de las dos ocasiones anteriores los socialistas gobiernan en minoría lo que les ha impedido hasta ahora aprobar presupuestos. Cataluña aprobó sus últimas cuentas pública en marzo de 2023 con ERC en el gobierno.
El PSC vive su momento más dulce tras haber pasado por años de irrelevancia por la pujanza electoral de Cs. Actualmente los socialistas no solo gobiernan la Generalitat de Cataluña sino que controlan tres de las cuatro capitales de provincia catalanas, la diputación de Barcelona, cuentan con un ministro en el gobierno de España y ocupan la presidencia de empresas estratégicas como Telefónica, AENA o Paradores. Sin duda el PSC es hoy el último bastión del sanchismo. No son pocos los que, tanto en Madrid, como en Barcelona, ven a Illa como sustituto de Sánchez en caso de que este cayera atenazado por la corrupción que le rodea por todos lados. Precisamente ahí, en el posible delfinato está uno de los riesgos de Illa dado que Sánchez no quiere nadie a su alrededor que le haga sombra.
El primer año de Illa se puede calificar de plácido dado que ni el líder de ERC, Oriol Junqueras, inhabilitado, ni el de Junts, Carles Puigdemont, fugado, son miembros del parlamento catalán. En este contexto, el presidente de la Generalitat ha centrado su estrategia parlamentaria en buscar el cuerpo a cuerpo con la líder de Alianza Catalana, Silvia Orriols. El choque entre Illa e Orriols es para eL líder socialista catalán un dos por uno: da visibilidad al principal competidor de Junts, aliado de Sánchez en Madrid, pero primer partido de la oposición en el parlamento autonómico, y posiciona a Illa como ariete contra la ultraderecha independentista islamófoba e hispanófoba. En el parlamento solo la solidez parlamentaria del portavoz popular, Alejandro Fernández, solivianta a Illa, pero el PP no es alternativa en Cataluña al no tener capacidad de pacto con nadie y, en consecuencia, Illa trata a Fernández con un cierto desdén.
Fuera del parlamento Illa ha señalado a Díaz Ayuso como su adversaria. El presidente catalán sabe que la gresca con Madrid es del agrado del votante independentista y la estrategia del PSC pasa, en parte, por apoyarse en ERC mientras le come espacio.
El balance de Illa en su primer año de presidente ha sido de grandes titulares y pocos logros. Se ha anunciado una ampliación del aeropuerto, la creación de una agencia tributaria, la cesión de competencias en inmigración y la construcción de 50.000 viviendas, pero la realidad es que los grandes titulares no se han traducido hasta ahora en avances tangibles. Entre sus medidas más tangibles, de resultado discutible, está la intervención del mercado de la vivienda.
Illa, al igual que en el pasado hicieron sus antecesores socialistas, Pascual Maragall y José Montilla, ya sea por necesidad, por convicción, o como parece, por ambas cosas, ha aplicado y asumido como propio gran parte del ideario y programa independentista: creación de un canal con programación 100% en catalán para RTVE, impulso del catalán como lengua preeminente —casi única—, silencio cómplice ante la claudicación de Pedro Sánchez frente a Puigdemont dejándose humillar en reuniones secretas en Ginebra donde el gobierno de España recibe instrucciones de Puigdemont y su abogado, Gonzalo Boye y el apoyo cerrado a la ley de amnistía.
El presidente del gobierno autonómico ha vendido como pacificación política lo que en realidad es la asunción de una agenda independentista que deja a España más desprotegida ante la próxima envestida independentista. Cataluña hoy tiene menos tensión callejera no por la labor arbitral de Illa sino por la crisis del independentismo y porque nadie se manifiesta contra aquel que le da todo lo que pide.
En este año Illa ha evolucionado, ganó, aunque sin mayoría las elecciones, situándose en medio entre el independentismo y el españolismo en el que él sitúa al PP y VOX, un año más tarde ha comprado el recetario independentista y apuesta por consolidarse liderando el espacio de izquierdas y nacionalista.