'L’Onze de Setembre del 1714', obra de Antoni Estruch (1907)

'L’Onze de Setembre del 1714', obra de Antoni Estruch (1907)

Historia

Tres bulos históricos que los nacionalistas catalanes siguen propagando para mantener el mito de la Diada

Lo que se cuenta sobre aquel 11 de septiembre de 1714 no siempre se corresponde con lo que en realidad ocurrió ese día

La Renaixença fue un movimiento cultural de corte romántico que surgió en Cataluña a mediados del siglo XIX y que se dedicó a fantasear y a tergiversar la realidad histórica. A ella se debe la conmemoración del 11 de septiembre de 1714 como Diada Nacional de Cataluña, o las ofrendas florales al monumento de Rafael de Casanova, que aún se celebran hoy en día y que se repetirán la semana que viene.

Los historiadores de la Renaixença convirtieron el 11 de septiembre en una jornada gloriosa y épica. La realidad es que, en 1714, aquella fecha fue un día tranquilo, sin muertos, con una tregua y sin derramamiento de sangre. Además, los protagonistas de los hechos tampoco luchaban por la soberanía de Cataluña sobre España, ni mucho menos.

En concreto, los impulsores de este relato se inventaron tres hechos que nunca ocurrieron. El primero es que Cataluña era un país independiente invadido por España, que la guerra de sucesión era en realidad una guerra de secesión y que la lucha de 1714 fue por la libertad de los catalanes. Sin embargo, Cataluña nunca fue invadida, ni era un país independiente, ni lucharon por unos derechos.

Rafael de Casanova y todos los que se enfrentaron a las tropas del duque de Berwick lo hicieron para defender al archiduque Carlos de Austria frente a Felipe de Borbón. Lo cierto es que los catalanes no querían a un rey francés, y así lo dejó claro el propio Casanova en el bando dado a conocer ese día, que reza lo siguiente:

«Hay que confiar en que todos, como verdaderos hijos de la patria amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados a fin de con honor, derramar gloriosamente su sangre por su Rey, su honor, por la patria y por la libertad de toda España».

El Fossar de les Moreres

El segundo bulo está vinculado al Fossar de les Moreres. En el siglo XII, Bernat Marcús donó un terreno adyacente a la iglesia de Santa María del Mar que era de su propiedad y que estaba lleno de moreras. Y puso una condición para la donación: si en 15 días no se enterraba a nadie en el terreno, anularía el acuerdo. Cuentan que, al ver que no había habido ningún entierro y al dirigirse a hablar con el párroco, para anular la donación, el propio Marcús sufrió un ataque al corazón, y fue él mismo quien inauguró el cementerio.

Salvas de honor en el Fossar de les Moreres, en 2010

Salvas de honor en el Fossar de les Moreres, en 2010Wikimedia

La casualidad quiso que uno de los baluartes defensivos de la ciudad durante la guerra de sucesión estuviera en aquella zona. Los soldados fallecidos durante el enfrentamiento bélico fueron enterrados allí, por ser el cementerio más cercano. Ahora bien, esta es una historia sin magia ni épica, hacía falta darle la vuelta para insuflarle algo de heroísmo.

De ahí que Frederic Soler «Pitarra» escribiera un poema titulado «Fossar de les Moreres» que empieza así: «Al fossar de les moreres / no s’hi enterra cap traïdor; / fins perdent nostres banderes / serà l’urna de l’honor», que significa «en el foso de las moreras / no se entierra a ningún traidor; / hasta perdiendo nuestras banderas / será la urna del honor».

Desde entonces, se conmemora que en aquel lugar no hay ningún traidor a Cataluña, olvidándose que muchos otros catalanes, desde el siglo XII, estaban ahí enterrados y, quizás, alguno de ellos no tuvo una vida ejemplar.

El final de la guerra

El tercer embellecimiento está relacionado con el final de aquella guerra. El 11 de septiembre se conmemora la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas al mando del duque de Berwick. Ahora bien, debemos preguntarnos: ¿Cayó o capituló Barcelona? ¿Y realmente fue ese día?

Al mediodía del 11 de septiembre de 1714, la situación era muy complicada. Rafael de Casanova y Antonio de Villarroel estaban heridos. Había muertos y heridos por todas partes. El coronel Pablo Tohar, desde el sector de San Agustín, batió el tambor, siguiendo las órdenes de Villarroel, solicitando parlamentar con el ejército borbónico.

Fue escuchado por Berwick y éste decretó un alto el fuego hasta las cinco de la tarde. Así se frustró el ataque final a la ciudad. En los alrededores de las murallas había 12.000 hombres de refresco esperando una señal para dar el golpe definitivo. ¿Qué ocurrió? Villarroel deseaba que la ciudad se rindiera antes del anochecer o quedaría devastada. Todos concluyeron que la capitulación, en esos momentos, era la salida más honrosa.

Berwick sabía que el final estaba cerca, que si decidía dar la orden de ataque, la ciudad caería en minutos. También sabía que muchas personas inocentes fallecerían: por eso anunció que el alto el fuego se mantendría hasta la medianoche. El ministro austricista Juan Francisco Verneda era conocedor de que el archiduque Carlos, nombrado ya emperador, le ofreció a Felipe V la entrega del reino de Mallorca e Ibiza, siempre que Cataluña y Mallorca conservaran sus fueros, privilegios, costumbres e inmunidades.

Alegoría del sitio de Barcelona, ilustrada por Mateo Bruguera en el siglo XIX

Alegoría del sitio de Barcelona, ilustrada por Mateo Bruguera en el siglo XIXWikimedia

A las 18h del 11 de septiembre, salieron a parlamentar el general Jacinto Oliver, Mariano Duran, el coronel Juan Francisco Ferrer y Martin de Zubiria. Pusieron sobre la mesa las condiciones para capitular, que era lo que sabía Verneda. Berwick no aceptó. ¿Por qué? El final de la guerra se había pactado en el Congreso de Badem.

Aquellas condiciones no se habían pactado, ni firmado, el 7 de septiembre de 1714. Berwick no quiso negociar, pero fue indulgente: les comentó que, si capitulaban, respetaría la vida y la libertad de todos. Amplió la tregua hasta las 12 del mediodía del 12 de septiembre. Finalmente Barcelona capituló, no cayó, a las 15h del 12 de septiembre de 1714.

En el último segundo exigieron a Berwick que en el documento de capitulación no se pusiera la frase «rendidas a discreción». Aceptó para no humillarlos. Con lo cual, Barcelona no cayó heroicamente y, siendo sinceros, el 11 de septiembre de 1714 se vivió un eterno alto el fuego. La capitulación fue al día siguiente, pero esto a algunos no les importa. La grandeur debe superar la cruda realidad.

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