Puigdemont perdona la vida al Gobierno pero lo condena a un bloqueo insoportable
El laberinto catalán
¿Dónde está Junts? Patronales y agentes sociales observan con estupor los bandazos de Puigdemont con Sánchez
El expresidente de la Generalitat ha pasado de la independencia de los ocho segundos a la ruptura de las ocho horas
Míriam Nogueras, la voz ventrílocua de Carles Puigdemont en la Carrera de San Jerónimo, subió a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados dispuesta a gritar a los cuatro vientos que las citas secretas en Ginebra entre Puigdemont y los emisarios de Pedro Sánchez habían llegado a su fin.
Carlos Gardel bien pudo haber sido la inspiración de los encuentros entre Puigdemont y los socialistas, ya fuera Santos Cerdán o, cuando este entro en prisión, José Luis Rodríguez Zapatero: «Y todo a media luz, a media luz los besos, a media luz los dos».
Las citas eran furtivas, pero la relación era pública, así que era preciso que la ruptura fuera atronadora. Nogueras no dejó margen para la duda: «Suba el volumen del pinganillo» le espetó a un Sánchez al que parece resbalarle todo, excepto lo que le afecta a él, a su mujer y a su hermano.
Pero Puigdemont es una mezcla entre Arsenio Lupin y Mister Bean: a la vez rey del escapismo y dubitativo en todo. En octubre de 2017, el entonces presidente de la Generalitat nos regaló una declaración de independencia que fue suspendida a los ocho segundos.
Ahora, con médium interpuesta –a lo Whoopi Goldberg en Ghost– nos anunció su particular Pimpinela con Sánchez: «Vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa y pega la vuelta» para, cuál Elisabeth Taylor a lo catalán, reconciliarse por enésima vez con su Richard Burton monclovita a las pocas horas y salvarle de la hecatombe nuclear.
Salvavidas de Puigdemont
Sin duda, la toma de posición del abogado del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), favorable a los intereses de Puigdemont y de Sánchez, no es ajena al salvavidas que el primero lanzó al segundo.
Muchos interpretan que Puigdemont es un experto en giros de última hora, pero la realidad es que duda de todo y no toma una decisión firme jamás. El Gobierno convenció a Puigdemont de que se había empleado a fondo ante Dean Spielmann, y la incompatibilidad incluso epidérmica con el PP hizo el resto.
El empresariado catalán, socio tradicional de Junts –y antes, de CiU– hasta el extremo de que el ex portavoz adjunto de CiU en el Congreso hoy ocupa la presidencia de la patronal catalana, se esforzó al máximo para lograr que Junts votara con el PP para evitar el cierre de las centrales nucleares catalanas.
Sin embargo, la abstención –que en realidad equivale a un apoyo al Gobierno– de los célebres siete diputados de Junts ha generado desconcierto entre los interlocutores sociales habituales de los neocovergentes.
¿Dónde está ahora Junts?
La investidura de Sánchez apoyada por Junts fue recibida con euforia indisimulada entre todos los poderes fácticos de Cataluña. La sociovergencia que había dominado la política catalana el último cuatro del siglo XX y la primera década del XXI volvía. Poder cortejar a la vez a los socialistas y a los independentistas de Junts orillando al PP y VOX era el escenario ideal y preferido del mundo upper Diagonal.
La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras
Ahora, con Junts dando una de cal y otra de arena, ya no saben cómo deben tratar a unos y a otros ni a quién hacer llegar sus reivindicaciones. Nada es más peligroso para Junts que renunciar a su tradicional papel de voz de los intereses económicos de Cataluña en el Congreso de los Diputados y ante el Gobierno.
En Barcelona, incluso desde los pasillos de la Generalitat presidida por el socialista Illa, se confiaba en que Junts utilizara la votación sobre la prolongación de la vida de las centrales nucleares para demostrarle a Sánchez que su el fin de su relación iba en serio, pero Junts se alineó, con su abstención, con el PSOE, ERC y Podemos.
Las bases de Junts en Tarragona, donde hay tres centrales nucleares clave para la economía de esa zona, han mostrado su desazón por la votación de Junts en el Congreso. No obstante, la alcaldía de uno de los dos municipios que albergan las centrales atómicas, Vandellós, está en sus manos.
Junts afronta un segundo tramo de legislatura en una peligrosa situación, dado que puede quedarse en tierra de nadie. El Gobierno seguirá llamando a su puerta, y los interlocutores sociales habituales de Junts, que en el pasado tan cómodos se sintieron hablando con Miquel Roca, Joaquim Molins o Sánchez Llibre, ahora creían que tenían en Míriam Nogueras alguien que ejercería el mismo rol... pero la realidad es que, como en la canción de Ricky Martin, lo de Puigdemont es «un pasito pa’ lante María, un pasito pa atrás».