El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, en una imagen de archivo
El nacionalismo salta contra el alcalde de Barcelona por anunciar una beca literaria en español: «Castellaniza la ciudad»
Malestar en el sector literario nacionalista por una ayuda de 80.000 euros reservada a autores latinoamericanos que deberán escribir sobre Barcelona en castellano
Una nueva beca literaria impulsada por el Ayuntamiento de Barcelona y presentada por el alcalde Jaume Collboni ha encendido las alarmas del nacionalismo cultural catalán, que denuncia un intento más de «castellanizar» la ciudad en plena caída del uso social del catalán.
La iniciativa, dotada con 80.000 euros anuales para un único autor latinoamericano que residirá tres meses en Barcelona y escribirá un libro sobre la ciudad en español, ha sido recibida con un fuerte malestar por una parte del sector literario catalán, que reclama priorizar la creación original en catalán frente a proyectos en castellano financiados con dinero público. La información parte de una noticia de RAC1, que detalla el contenido de la beca y las principales críticas formuladas por escritores y críticos catalanes.
Según los detalles difundidos, el gobierno municipal destinará cada año 80.000 euros para seleccionar a un escritor de América Latina, que se trasladará a Barcelona durante tres meses con todos los gastos pagados para elaborar una obra literaria sobre la ciudad. La ayuda cubre la estancia del autor, los honorarios y las costas de edición y distribución del libro, con la intención de proyectar una mirada «externa» sobre la Barcelona contemporánea y reforzar los lazos culturales con el ámbito latinoamericano.
Collboni ha explicado que el programa se dirige a autores que probablemente no serán muy conocidos en Barcelona o en Cataluña, pero sí en sus países de origen, buscando así aprovechar su proyección en el mercado hispanoamericano.
El anuncio ha provocado una reacción inmediata entre distintos nombres del panorama literario catalán, que cuestionan que el Ayuntamiento financie exclusivamente una obra en castellano mientras el catalán pierde terreno como lengua de uso habitual.
Escritores como Jordi Cabré, Melcior Comes o Roc Casagran, así como críticos y colaboradores mediáticos como Bernat Dedéu o Júlia Ojeda, consideran que se está desaprovechando una importante cantidad de recursos públicos que podría destinarse a fortalecer la literatura original en catalán, y califican la iniciativa como un paso más en la castellanización cultural de la capital catalana. Estas voces enmarcan la controversia en un contexto en el que los estudios sobre el uso habitual del catalán ya alertan de que la lengua ha dejado de ser mayoritaria en ciudades como Girona y apenas supera a uno de cada cuatro hablantes en el área de Barcelona.
Desde el gobierno municipal, Jaume Collboni ha defendido la beca como una herramienta para «tejer puentes» entre Barcelona y América Latina y para escuchar cómo nuevas voces describen la ciudad desde fuera, reforzando la proyección internacional de la capital catalana.
El Ayuntamiento insiste en que las obras resultantes se traducirán al catalán, de manera que también haya una circulación en la lengua propia del país y se enriquezca el catálogo disponible para los lectores catalanohablantes. La primera edición de la beca está prevista para el próximo año y la convocatoria para autores latinoamericanos se publicará en los próximos meses, consolidando una residencia literaria anual que, según el consistorio, pretende reforzar la condición de Barcelona como ciudad abierta y de referencia cultural en el mundo hispánico.
La controversia vuelve a situar en el centro del debate la política lingüística y cultural en Barcelona, con una parte del sector nacionalista reclamando que el esfuerzo institucional se concentre en el catalán ante el retroceso de su uso social.
La fórmula elegida por el Ayuntamiento —una beca exclusiva para autores latinoamericanos y en castellano, aunque con traducción posterior al catalán— alimenta el choque entre dos visiones: la que prioriza la proyección internacional en español como lengua común de millones de personas y la que exige que las inversiones públicas en cultura se orienten primordialmente a proteger y promover la lengua propia. En este contexto, la iniciativa de Collboni se ha convertido en un nuevo episodio de la batalla simbólica sobre qué papel deben jugar el catalán y el español en la vida cultural de Barcelona, y de hasta qué punto el consistorio debe alinearse con las tesis del nacionalismo identitario o con una visión más integradora y bilingüe de la ciudad.