Don Quijote de la Mancha, en un cuadro de José Moreno Carbonero
El delirio nacionalista
La paranoia nacionalista llega al Quijote: aseguran que en realidad era catalán y España lo 'castellanizó'
Las tesis de Bilbeny sobre Cervantes son un ejemplo del revisionismo extremo de este grupo de agitadores culturales
«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor». Así arranca El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes... pero según una desquiciada teoría nacionalista, las primeras seis palabras son falsas.
Es la tesis que defienden en el polémico Institut Nova Història (INH), para quienes no es La Mancha sino Cataluña el paisaje de las andanzas del noble Alonso Quijano, el caballero de la triste figura. Y es que cada día, cuando uno se levanta de la cama, descubre que no sabe nada y que lo de ayer no tiene nada que ver con lo de mañana.
Según el pseudohistoriador y gestor cultural Jordi Bilbeny, existe una geografía quijotesca que nunca ha visto la luz porque no ha interesado a Castilla. Según su tesis, los castellanos se han adueñado de una obra que originalmente había sido escrita en catalán. Porque, como ellos defienden, Miguel de Cervantes era catalán y, por problemas con la Inquisición, tuvo que huir a Inglaterra. Allí se cambió de nombre y pasó a ser William Shakespeare.
Alguno pensará o se preguntará en este punto: ¿para qué seguir leyendo? Y quizás tenga razón. Ahora bien, es interesante conocer el pensamiento de estas personas, subvencionadas, que alrededor de una chimenea y con alguna sustancia, deliberan sobre el pasado de Cataluña, España y las contradicciones que han existido, porque no debemos olvidar que, para ellos, Cataluña es el centro del mundo. Dios, para ellos, creó el cielo y la tierra y acto seguido Cataluña.
El Quijote en el Empordà
La tesis de Jordi Bilbeny sostiene que los escenarios reales de las aventuras de Don Quijote no se encuentran en Castilla–La Mancha sino en Cataluña, concretamente en la comarca del Empordà, en la provincia de Gerona, y que los topónimos originales fueron intencionadamente alterados para castellanizar la novela.
Esta idea está ligada a la creencia de la INH de que Miguel de Cervantes era catalán y que su obra original fue escrita en catalán, para luego ser traducida al castellano, como parte de una vasta conspiración para borrar la grandeza cultural catalana.
Retrato de Don Quijote con la espada y una novela en sus manos
Para Jordi Bilbeny la geografía quijotesca que se describe en la obra de Cervantes es inverosímil, incoherente e inexacta. También sugiere que el autor, Cervantes, no estaba familiarizado con la región y que la descripción se refería a otro lugar. Según Bilbeny los responsables de esta presunta censura o 'castellanización' de la obra habrían tomado una novela basada en escenarios reales catalanes y habrían forzado su encaje en el marco geográfico castellano.
Explica, en su tesis que las descripciones topográficas entre los pueblos de La Mancha, mencionados en la obra, no se corresponden con la realidad de los caminos y la geografía manchega. A parte, la mención del mar y la cercanía de grandes elevaciones montañosas en ciertas etapas del viaje quijotesco, según Bilbeny, encajan mucho mejor con la geografía de la Costa Brava y el Empordà que con la meseta central de Castilla-La Mancha, que no tiene mar ni elevaciones montañosas, según el autor.
El autor realiza un ejercicio de reubicación toponímica, forzando la correspondencia entre los lugares manchegos del Quijote y los del Empordà. La principal evidencia que citan es el tramo final de la novela, cuando el caballero andante llega a Barcelona.
Bilbeny señala que la novela describe al Quijote como un chalado que finalmente se cura de su locura en Barcelona, lo que interpreta como un contraste entre la supuesta locura o ficción de La Mancha y la realidad de Cataluña. Bilbeny especula que la edición original y primigenia de El Quijote, anterior a 1604, fue escrita en catalán y que la única edición peninsular de las seis conocidas hasta 1605 que no se conservó fue la de Barcelona.
Infiere que esta desaparición se debe a que lo decía de una manera diferente. Es decir, que estaba escrita en catalán, un motivo que considera con fuerza suficiente para hacer desaparecer toda la edición.
¿Molinos o torres costeras?
En lugar de los famosos molinos de viento manchegos, Bilbeny sugiere que las aventuras de los molinos podrían referirse a otros tipos de molinos o a torres costeras del Empordà. El encuentro con el Caballero de la Blanca Luna, que marca el final de la carrera caballeresca de El Quijote, ocurre cerca de la costa.
Bilbeny argumenta que la descripción del entorno y el viaje encajan de manera más fluida si se parte de un punto del Empordà, especialmente en Gerona, que desde el corazón de La Mancha. Y postula que muchos nombres de lugares fueron cambiados con ligeras modificaciones fonéticas. Por ejemplo, la primera parte de la obra se desarrolla en Xixona (Alicante) y no en La Mancha.
Don Quijote en la playa de Barcelona, pintado por Ferrer Dalmau
Esta reubicación del Quijote en Cataluña no deja de ser una búsqueda desesperada de lo que reclaman. Esto es, el Imperio catalán. Al situar la novela en el Empordà, se catalaniza el escenario de la obra y se refuerza la tesis de que Cervantes era, en realidad Servet, colocando la literatura catalana en la cúspide de la literatura universal. La castellanización de la obra es una prueba más de la conspiración del Estado para esconder la realidad. Esto es, que Cataluña fue el verdadero centro cultural y político de España en el Siglo de Oro.
Como vemos, las tesis de Bilbeny sobre el Quijote de Cervantes son un ejemplo del revisionismo extremo de este grupo de agitadores culturales, que construyen una ficción ideológica con un propósito político y nacionalista y, como siempre, sin aportar pruebas documentales o filológicas sólida que justifiquen o certifiquen que lo dicho es verídico.