Pizzas Casa Tarradellas
Las exitosas pizzas catalanas que han aumentado un 29 % sus ventas gracias a Mercadona
El grupo alimentario catalán supera los 1.500 millones de euros de facturación y refuerza su posición como proveedor estratégico de la cadena que preside Juan Roig
Casa Tarradellas, histórico grupo alimentario con sede en Gurb (Barcelona), ha consolidado en los últimos años un fuerte crecimiento apoyado en su alianza con Mercadona, uno de sus grandes clientes y socio estratégico en la distribución nacional. Entre 2022 y 2024, la compañía ha incrementado su facturación un 29,3 %, pasando de 1.161 millones de euros a 1.501 millones, en paralelo al avance de las ventas de la cadena de supermercados que lidera Juan Roig.
En apenas dos años, las ventas de Casa Tarradellas han dado un salto relevante, al tiempo que Mercadona elevaba su cifra de negocio de 31.041 a 38.835 millones de euros, un 25,1 % más en ese periodo. Aunque no se detalla qué porcentaje de la facturación del grupo catalán procede directamente de la cadena valenciana, expertos del sector señalan que la exposición es muy elevada, lo que explica la estrecha correlación entre la evolución de ambas empresas.
Esta relación se enmarca en el modelo de proveedor que Mercadona define como pieza esencial de su cadena de valor. Casa Tarradellas se ha convertido así en uno de los socios industriales de referencia, especialmente en categorías como embutidos y pizzas refrigeradas, donde opera bajo la marca blanca Hacendado.
Juan Roig suele sintetizar el modelo de Mercadona en cinco pilares: cliente, trabajador, proveedor, sociedad y capital. El presidente de la cadena insiste en que el cliente —el «jefe», en la terminología interna— se sitúa en el centro, acompañado de una política retributiva para sus empleados por encima de la media del sector, el cuidado del proveedor como socio, una contribución fiscal relevante y una remuneración adecuada al accionista.
Los resultados de empresas como Casa Tarradellas avalan este esquema, al evidenciar cómo el crecimiento del distribuidor repercute también en su industria auxiliar. En la última década, el proveedor catalán ha prácticamente duplicado su facturación global, reforzando su posición como uno de los grandes actores de la industria alimentaria española.
Fundada en 1976 como un modesto obrador de productos cárnicos, combinado con restaurante y tienda, Casa Tarradellas inició su historia empresarial de forma discreta en Cataluña. El primer gran éxito llegó con el espetec, impulsado por su fundador, Josep Tarradellas, que permitió a la compañía hacerse un hueco en el mercado nacional de embutidos.
El verdadero punto de inflexión se produjo a finales de los años 90, cuando la empresa decidió apostar por un producto novedoso: las pizzas refrigeradas, en un momento en el que el mercado estaba dominado por las congeladas. Esa apuesta estratégica permitió que, en el año 2000, Casa Tarradellas controlara el 90 % del mercado nacional de pizzas refrigeradas y alcanzara una facturación de 150 millones de euros.
La relación con Mercadona se remonta a mediados de los años 90, cuando Casa Tarradellas empezó a producir pizzas frescas para la cadena. El salto definitivo vino con la figura de Proveedor Totaler, que otorgó al grupo catalán la exclusividad en la categoría de pizzas refrigeradas, reforzando así un vínculo de confianza y estabilidad.
Con el paso del tiempo, la colaboración se extendió a otras familias de producto, como fuet, patés, pechuga de pavo o jamón cocido, siempre bajo la marca Hacendado. En 2019, Mercadona reformuló su modelo de interproveedores y pasó de acuerdos exclusivos por categoría a contratos por producto, lo que supuso que Casa Tarradellas dejara de ser proveedor único, aunque la relación se mantuvo como estratégica.