Rodalies, o el desprecio absoluto por las horas de vida de miles de trabajadores que llegan tarde a diario
El enfado de hoy debe ser la base para que las cosas se arreglen: el problema es que dentro de una semana la gente se habrá olvidado y todo seguirá igual.
Una mujer espera un tren de Rodalies, en la estación de Sants de Barcelona
La indignación con el servicio de Rodalies ha sido la tónica en Cataluña esta semana. Desde el accidente mortal en Gelida (Barcelona), cuando un tren de la R4 chocó contra un muro caído de la AP7 y falleció un maquinista en prácticas, la red de cercanías se ha convertido en una fila de fichas de dominó, que han ido cayendo una detrás de la otra.
El fin de semana no funcionó. Cuando el lunes tenía que arrancar, un problema en el software de la Estación de Francia hizo que los trenes no funcionaran con normalidad y, hoy martes, la normalidad sigue siendo anormal. La clave está en la normalidad: los usuarios diario del servicio de Rodalies saben perfectamente que este servicio es deficitario.
Y no desde el accidente, sino desde hace meses. Hay gente que –ante un trayecto de 30 minutos, y para llegar a tiempo al trabajo– sale una hora y media antes de su casa. Llegan antes al trabajo, pero como mínimo no llegan tarde. También es indignante ver como cae el tren que uno espera del panel que los anuncia: si todo va bien, al cabo de 15 o 30 minutos llegará el siguiente.
Esta falta de respeto por el tiempo del usuario es la base de la indignación con Rodalies. Nos podemos pasar 15, 30 o 40 minutos en un andén y no pasa nada. Llegamos tarde al trabajo o a una reunión y no pasa nada. Nuestro tiempo no importa a nadie… y, como no protestamos, siguen jugando con él según les convenga.
Luego tenemos trenes que te dicen que llegarán a una estación y, a medio camino, te comunican que la siguiente parada es el final. Que debemos bajar y esperar al otro. Si hay suerte ya nos está esperando alguno en el andén. Si no tenemos suerte, pues lo de siempre, a esperar.
Constantemente lanzan comunicados y anuncios diciendo que uno debe utilizar el transporte público. En un mundo donde las cosas funcionen correctamente, sería la solución, pero en nuestro mundo no es así. Si quieres llegar a la hora, ya sabes que debes coger el tren de antes, y si te fías de Rodalies, llegarás tarde. Y no hablemos ya de si llueve.
Un mes de viajes gratis
Con ánimo de reencauzar la crisis, la Generalitat ha anunciado que durante un mes Rodalies será gratis. Desde este lunes están ofreciendo una tarjeta con validez de un mes –hasta el 24 de febrero– que incluye diez viajes: hay una para las zonas del núcleo de Barcelona y otra para los servicios regionales, regional exprés y media distancia. «Una vez agotados, se puede solicitar un nuevo título», señalan desde el gobierno catalán.
Sin embargo, el gran problema de todo esto es que llevamos demasiados años tragando sin protestar. Pedro Sánchez ya ‘regaló’ los viajes en tren durante casi dos años tras la pandemia –aunque había que pagar diez euros, reembolsables–, y ahora en Rodalies pretenden utilizar la misma maniobra. Quizás ha llegado el momento de decir ¡basta ya!
Y mientras tanto, dicen que reparan esto o lo otro, que tenemos las mejores líneas y somos la envidia de Europa. Que no pasa nada si el AVE reduce su velocidad a 150 u 80 kilómetros por hora. Que no pasa nada por estar en el siglo XXI y que la red ferroviaria funcionase mejor en el siglo XX. En la era de la IA y la domótica, no nos podemos permitir una red ferroviaria tercermundista.
El enfado de hoy debe ser la base para que las cosas se arreglen: el problema es que dentro de una semana la gente se habrá olvidado y todo seguirá igual.