Imagen que muestra el barraquismo en la Barcelona del siglo XX
El nuevo barraquismo de Barcelona: 300 personas malviven en 53 asentamientos precarios en la ciudad
Según datos del Ayuntamiento difundidos por 3Cat y corroborados por El Debate, casi un tercio de los afectados se concentra en la Sagrera, en solares públicos, con graves riesgos de incendio e infravivienda
Barcelona mantiene un mapa de barraquismo crónico con 300 personas viviendo en barracas repartidas en 53 asentamientos por toda la ciudad, de acuerdo con datos del Ayuntamiento de Barcelona hechos públicos por la televisión pública catalana 3Cat y comprobados por El Debate. La mayoría son construcciones precarias de madera y plástico, en suelos públicos y zonas en transformación urbana, con una alta concentración en la Sagrera y otros barrios populares. La imagen contrasta con el relato de una capital de referencia en políticas sociales, mientras se multiplican los casos de infravivienda, riesgo de incendio y familias con menores en situación límite.
Un mapa de chabolas en plena capital catalana
Según las cifras municipales de diciembre de 2025, en Barcelona se contabilizan 53 asentamientos de barracas en los que malviven 299 personas. Se trata de construcciones levantadas con maderas, plásticos y otros materiales recuperados en la calle, sin condiciones adecuadas de seguridad, salubridad ni estabilidad.
Los asentamientos se reparten por toda la ciudad, con especial presencia en distritos populares y áreas industriales o en transformación, como Sant Andreu, Sant Martí, Nou Barris u Horta-Guinardó. La Sagrera concentra, según la misma información, aproximadamente una de cada tres personas que viven en barracas en Barcelona, lo que convierte esta zona en el principal foco del nuevo barraquismo.
La Sagrera: chabolas sobre suelo público
En la Sagrera, sobre terrenos de titularidad municipal llamados a convertirse en uno de los grandes polos residenciales y de servicios de la ciudad se identifican cinco núcleos de barracas. En uno de ellos vive alrededor de una cuarentena de personas, entre ellas vecinos que llevan años instalados en chabolas y que sobreviven gracias a la recogida y venta de chatarra.
La propia inspección municipal, en la que participaron Ayuntamiento, Guardia Urbana y Bomberos, ha calificado el espacio como infravivienda y ha advertido del elevado riesgo de incendio por la presencia de bombonas de butano y materiales altamente inflamables. El consistorio prepara el desalojo judicial por motivos de seguridad, mientras asegura que ofrecerá alternativas habitacionales a las familias con menores.
En un solar contiguo viven varias familias rumanas con cuatro menores, en barracas que han incorporado placas solares de forma precaria para disponer de luz y cargar teléfonos móviles. El gas butano sigue siendo, no obstante, la principal fuente de energía para cocinar y calentarse, con el consiguiente peligro añadido.
A pocos metros, junto al Pont del Treball Digne, en un solar propiedad de Adif, se ha consolidado otro gran asentamiento donde viven unas 60 personas, en su mayoría jóvenes argelinos. Muchos de ellos subsisten recogiendo chatarra por entre 5 y 10 euros diarios, ingresos que en algunos casos envían a sus familias en origen.
Los datos del Ayuntamiento apuntan a una reducción del número de asentamientos respecto a años anteriores, pero al mismo tiempo confirman la consolidación de un barraquismo estable en zonas populares y espacios de futuro desarrollo urbano. La coexistencia de chabolas con proyectos de miles de viviendas y nuevas infraestructuras plantea interrogantes sobre el modelo de ciudad, la respuesta institucional ante la infravivienda y la protección de las personas más vulnerables.
La realidad que retratan las cifras oficiales y las imágenes de la televisión pública catalana muestra que, pese al discurso de una Barcelona puntera en políticas sociales, cientos de personas continúan viviendo en barracas, muchas de ellas sobre suelo público y en condiciones que la propia Administración califica de infravivienda.