Isabel la Católica y el Gran Capitán. Cuadro de Augusto Ferrer-DalmauAugusto Ferrer-Dalmau

El delirio nacionalista

La última víctima del delirio nacionalista: aseguran que Isabel la Católica nació en Lérida

Un pseudohistoriador del INH también atribuye orígenes catalanes a Fernando el Católico

Enrique II de Castilla fue el fundador de la Casa de Trastámara, también conocido como Enrique «el de las Mercedes» o «el Fratricida». La dinastía tomó su nombre del título nobiliario que Enrique ostentaba antes de convertirse en rey, que hace referencia a las tierras situadas «tras el río Tambre», del latín Tras Tamaris, que se encuentra en la provincia de La Coruña, en Galicia.

Es un dato histórico, como lo es también que la reina Isabel I de Castilla nació en 1451 en Madrigal de las Altas Torres, en Ávila. O que el castellano se utilizaba en la Corte de Castilla y el catalán se usaba en la Corona de Aragón. Pues bien, según el Institut Nova Història (INH), célebre por su manipulación nacionalista de la historia, todo lo anterior en realidad sería falso. Veamos.

Víctor Cucurull, del INH, sostiene que el nombre de la dinastía Trastámara no es de origen gallego, sino que estaría relacionado con el castillo de Tamarit, en Tarragona. Y, claro, afirma que Juan I de Castilla (1358-1390) nació en este castillo, aunque en realidad lo hizo en Épila, en la provincia de Zaragoza.

Según Cucurull, su hijo, Fernando I de Aragón o de Antequera, no se llamaba así, y tampoco nació en Medina del Campo en 1380. El pseudohistoriador del INH asegura que, en realidad, su apellido era Nàquera y no Antequera. Nàquera es un municipio valenciano de habla catalana: dado que Valencia, en el imaginario nacionalista, forma parte de los «Países Catalanes», Fernando el Católico sería en realidad catalán.

Teniendo en cuenta esto, evidentemente si los Trastámara eran originarios de Tamarit y Fernando de Antequera lo hizo en Nàquera, cuando accedió al trono en 1412 no lo hizo un rey castellano, sino uno catalán. Y su origen catalán se debe a su madre, Elionor de Aragón, que nació en el Puig de Santa María, en la comarca de la Huerta Norte. También se puede afirmar que lo era porque su tío, el rey Martín el Humano, había nacido en Gerona. Gracias a todos estos precedentes Cucurull concluye que Fernando de Antequera era catalán y no castellano.

Isabel la Catalana

Luego tenemos a Isabel I de Castilla, también conocida como Isabel la Católica. Cucurull afirma que no nació en Madrigal de las Altas Torres, sino en la Seu d’Urgell, en Lérida. Según Cucurull, la historia se habría tergiversado porque los castellanos no podían asumir que una reina de Castilla hubiera nacido en Cataluña. Es más, que una reina catalana les hubiese gobernado.

Colón recibido por los Reyes Católicos en Barcelona a la vuelta de su primer viaje. Obra de Francisco García Ibáñez

Finalmente, tenemos el tema más rebuscado de toda esta historia, y es que el catalán no solo se hablaba y escribía en la Corona de Aragón… sino también en la de Castilla. Un hecho que se habría escondido y borrado de los archivos. La tesis que defiende Cucurull es que hubo una monumental falsificación histórica y documental llevada a cabo por la Corona de Castilla. ¿Y cómo lo hicieron?

Se alteraron o se crearon documentos falsos en los grandes archivos, como el Archivo de la Corona de Aragón, para eliminar las referencias al catalán y a la identidad catalana de personajes y eventos clave. Esta falsificación habría implicado la sustitución directa de textos originales en catalán por otros redactados en castellano, para forjar una narrativa histórica, donde Castilla era el centro hegemónico desde el inicio.

Además sostiene que la lengua de los documentos fue alterada, junto a la castellanización de los nombres de personajes históricos, y la reubicación de topónimos, atribuyéndolos a Castilla o a otras partes de España, para diluir su origen catalán. Todo esto implica que no solo se falsificó, sino que también hubo una destrucción o censura sistemática de los textos originales que daban fe del rol central del catalán como lengua de cultura y poder en la época medieval.

La realidad es que el castellano ganó terreno como lengua de prestigio y administración a partir del siglo XV, con los Trastámara; se consolidó tras la unión dinástica de Isabel y Fernando, y, más tarde, con los Decretos de Nueva Planta del siglo XVIII. Todo esto no ocurrió por una falsificación masiva de documentos medievales, sino por la propia evolución de la política, la sociedad y las circunstancias del momento.

El problema de todo lo que acabamos de contar es doble, Por una parte ha habido un interés desmesurado, por parte del nacionalismo catalán, de poner en el centro a Cataluña y convertirla en una superpotencia. Lo cual no fue nunca. Es cierto que Cataluña tuvo su importancia en el comercio del Mediterráneo y en la expansión de la Corona de Aragón, pero siempre actuó como miembro de esta corona y no como un ser independiente.