Imagen del panteón Mumbrú

Imagen del panteón Mumbrú, en Barcelona

La isla de los muertos que Zafón resucitó

El cementerio de Sarrià, entre la historia, la leyenda y la literatura de Carlos Ruiz Zafón

El antiguo barrio de Sarrià guarda, en medio de altos edificios, su antiguo cementerio. Corta por la mitad la calle Doctor Roux y está flanqueado por las calles Calatrava, Dalmases, Anglí y Pablo Alcocer. Es el cementerio más pequeño y desconocido de Barcelona. Podemos decir que es una cápsula del tiempo que alberga historias de fe, literatura y leyendas que mezclan la realidad y la ficción. Sarrià fue un pueblo independiente de Barcelona hasta 1921, cuando se anexionó a la ciudad. El cementerio data de 1867, sustituyendo al antiguo recinto parroquial. Este cementerio conserva un aire íntimo y aún de pueblo. Con solo dos departamentos y un muro que lo separa del ruido y de la modernidad, es un oasis de silencio donde la burguesía catalana e intelectuales del siglo pasado descansan bajo la sombra de panteones neogóticos.

Una de las historias que ha devuelto este cementerio al imaginario moderno está ligada al escritor Carlos Ruiz Zafón. En la novela Marina, el cementerio es el centro de un misterio. Marina lleva a Óscar a un cementerio antiguo para observar un ritual extraño. Una mujer vestida de negro visita una tumba sin nombre cada último domingo de mes. Al seguirla, ambos se ven envueltos en una investigación que los lleva a descubrir los secretos de la Velo-Febé, una antigua empresa de ortopedia y prótesis médicas.

En la novela describe este cementerio como un lugar detenido en el tiempo, un jardín de piedra escondido tras muros altos que parece pertenecer a otro siglo. El autor supo captar la esencia del lugar: la luz que se filtra entre los bloques de pisos colindantes crea sombras alargadas sobre las lápidas, dando la impresión de que el cementerio es un lugar que aparece y desaparece según el estado de ánimo de quien lo mira. Algunos lectores acuden allí buscando esa isla del pasado.

De entre las personalidades destacamos a Francesc Pal Balué (1881-1965), pedagogo y profesor de la Institución Libre de Enseñanza. Fue una figura clave en la renovación pedagógica en Cataluña durante el primer tercio del siglo XX, promoviendo una educación laica, activa y conectada con la naturaleza. No confundir con Francesc Pla Baluet, conocido como el Santet de Sant Andreu o el Capellanet. Este falleció en 1918, según la crónica popular, de pena tras negarle la ordenación sacerdotal. El motivo del veto eclesiástico, impuesto por el obispo Enrique Reig Casanova, fue que su madre practicaba el espiritismo, algo inaceptable. A pesar de no ser un santo oficial de la Iglesia, su tumba es objeto de una gran devoción popular. Es habitual encontrar su nicho siempre lleno de flores, velas y notas de agradecimiento de personas que le piden favores o protección. Está enterrado en el nicho 304, serie 3.ª, del cementerio de Sant Andreu.

La construcción más espectacular y relevante de este cementerio es el panteón Mumbrú. Fue proyectado por August Font i Carreras en 1894. Font fue un arquitecto muy prestigioso, responsable de obras tan importantes como la fachada neogótica de la Catedral de Barcelona o la Plaza de Toros de las Arenas. Es de un marcado estilo neogótico. Presenta una estructura muy ornamentada que recuerda a una pequeña capilla exenta, con pináculos, arcos apuntados y una rica decoración tallada en piedra que refleja el estatus de la familia. Se encuentra en el departamento 1 del cementerio.

La familia Mumbrú fue una de las estirpes más influyentes de la burguesía de Sarrià a finales del siglo XIX. Su relevancia no solo era económica, sino también social, siendo promotores de la urbanización y la cultura en la entonces villa. El patriarca era José Mumbrú Pareras. Su papel fue fundamental en la transformación urbanística del barrio. La familia Mumbrú formaba parte de ese núcleo de familias, como los Margenat o los Canet, que dominaban la vida social antes de la anexión de Sarrià a Barcelona en 1921. Su fortuna provenía principalmente de la propiedad de la tierra y la gestión inmobiliaria durante la expansión de la zona alta de Barcelona.

Luego tenemos la tumba de Josep Margenat Cuyás (1780-1843), farmacéutico y figura política en Sarrià. Su botica era un punto de referencia entre la gente de este antiguo pueblo. Llegó a ser alcalde. En 1821 presidió la Junta de Defensa de la Autonomía Municipal de Sarrià, luchando por evitar que la villa fuera absorbida por Barcelona, lo cual ocurrió un siglo después. Su fallecimiento está vinculado a la Revuelta de la Jamancia, una insurrección progresista contra el gobierno de Espartero. El 3 de septiembre de 1843 un grupo de revolucionarios llegó a Sarrià. Josep Margenat fue asaltado y asesinado en su domicilio junto a un tejedor llamado Ramón Vallejo. En su tumba se puede leer:

«Aquí yacen las cenizas de D. José Margenat y Cuyás, farmacéutico de esta villa, y de Ramón Vallejo, tejedor de la misma, asesinados villanamente por los amotinados en la tarde del 3 de septiembre de 1843. ¡Pasajero! Ruega a Dios por ellos y detesta la tea y el puñal de las revoluciones».

La esposa de Ramón Vallejo le dedicó este epitafio:

«Murió víctima de la ferocidad de unos hombres inhumanos. Su desconsolada esposa, que no puede olvidar sus virtudes, le dedica este pequeño recuerdo».

A Margenat se le dedicó una calle, que aún existe. Su nieto, Valentí Carulla Margenat, fue un reconocido médico y rector de la Universidad de Barcelona, primer marqués de Carulla. Nieto de este es el cardiólogo Valentí Fuster Carulla.

Un lugar de peregrinaje poético es la tumba de Carles Riba y Clementina Arderiu. La tumba refleja la voluntad del matrimonio de poetas, quienes deseaban un descanso sencillo que honrara su oficio y su lengua. Destaca por una estela de estilo noucentista creada por el renombrado escultor Josep Clarà. El relieve muestra a una figura humana separando el grano de la paja, una metáfora visual de la labor del poeta, con la divisa «el amor no cae nunca».

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