El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, durante el cierre de la campaña del PSOE en Castilla y León
Movilidad
Los nuevos trenes de Rodalies no llegarán a Cataluña hasta 2027: Puente culpa al fabricante
El Gobierno aplaza la entrada en servicio de los convoyes encargados para Cataluña, mientras el ministro descarga la responsabilidad en el fabricante y los usuarios siguen sufriendo un servicio envejecido
El Ministerio de Transportes vuelve a aplazar a 2027 la entrada en servicio de los nuevos trenes de Rodalies en Cataluña y señala exclusivamente al fabricante Alstom por el incumplimiento de los plazos, mientras los usuarios continúan atrapados en una red envejecida y llena de incidencias.
Los convoyes, encargados por el Gobierno para renovar la flota de Rodalies y fabricados por Alstom en la planta de Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona), debían estar ya circulando, como sí ocurre con otros trenes adquiridos el mismo día para Madrid y otras comunidades. Sin embargo, el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, admite ahora que, en el mejor de los escenarios, los nuevos trenes no estarán en servicio hasta principios de 2027, tras encadenar retrasos que él mismo califica de «barbaridad». El titular de Transportes insiste en que la responsabilidad recae en la empresa fabricante y sostiene que es Alstom quien «debe responder» y «debe una explicación» a la sociedad catalana por la demora.
El ministro descarga la responsabilidad en Alstom
En sus intervenciones recientes en el Senado y en distintas entrevistas, Puente ha reiterado que el Ministerio «no es responsable» del retraso y que «cada palo aguante su vela». Según ha explicado, el Gobierno formalizó en los primeros compases del mandato de Pedro Sánchez la compra de nuevos trenes para distintos territorios, con contratos firmados el mismo día y fabricantes diferentes; mientras unos proveedores han cumplido, los convoyes de Rodalies siguen sin llegar.
El ministro subraya que, de haberse respetado el calendario inicial, ya se habrían entregado alrededor de 70 de los 111 trenes previstos en el contrato con Alstom. Ahora, en cambio, el objetivo oficial es disponer de unos 17 trenes en marcha a principios del próximo año, muy lejos de las expectativas creadas. Puente ha abierto la puerta a aplicar penalizaciones al fabricante conforme al contrato, pero sitúa toda la presión sobre la compañía y su cadena de producción, a la que exige explicaciones y resultados.
Fallos en la fabricación y un calendario que se alarga
Puente atribuye el retraso a problemas en el proceso de fabricación, incluyendo piezas montadas en lugares inadecuados y un incidente en el que casi se incendia un tren completo durante los trabajos en planta. A ello se suma la fase de validación y la homologación técnica, que depende de la documentación que el propio fabricante debe entregar a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria.
Según el ministro, Alstom prevé presentar en abril toda la documentación necesaria, lo que abriría un proceso de homologación de unos cuatro meses antes de poder iniciar la formación de maquinistas y, finalmente, la puesta en servicio comercial. Este encadenamiento de trámites mueve el horizonte de los nuevos trenes a 2027, prolongando varios años más la espera de los usuarios de Rodalies pese a que la inversión fue anunciada hace tiempo y el Gobierno va camino de completar ocho años en La Moncloa.
Red envejecida, averías constantes y sensación de abandono
Mientras el Ministerio se desmarca y apunta a la empresa, los viajeros de Rodalies siguen utilizando trenes con más de 35 años de antigüedad, en una red que acumula averías, limitaciones de velocidad y episodios graves como el accidente mortal de Gelida. Puente admite que Rodalies arrastra déficits desde hace años y que la red ha sufrido los efectos de los últimos temporales, pero defiende que las obras en marcha y las inversiones de emergencia explican parte de las incidencias de los últimos meses.
El propio ministro ha reconocido que existen alrededor de 200 puntos de limitación temporal de velocidad en la red catalana, muchos de ellos ligados a los daños por la «catástrofe meteorológica» de principios de año, y se compromete a levantar en torno a un centenar de estas restricciones en junio. Aun así, la realidad para miles de trabajadores, estudiantes y familias que dependen a diario de Rodalies es la de un servicio básico deteriorado, sin la modernización prometida y con la sensación de que el Estado llega tarde y mal a la cita con el transporte público.
Comparación incómoda con otros territorios
El propio Puente ha admitido que «unos trenes están llegando y otros no», en referencia a que los contratos firmados por el Gobierno han permitido renovar flotas en otros puntos de España mientras la red catalana continúa esperando sus convoyes. La diferencia de ritmos alimenta el malestar político y social en Cataluña, donde los partidos nacionalistas exigen el traspaso completo de Rodalies y denuncian desde hace años una falta de inversión sostenida en infraestructuras clave.
Puente, sin embargo, ya advirtió en el pasado de que la situación de Rodalies no se resolverá «solo con un traspaso» y que será necesario «invertir mucho» para recuperar la calidad del servicio. Ahora, el foco vuelve a situarse en la responsabilidad de una empresa privada, mientras el Gobierno intenta presentar como éxito el hecho de haber encargado trenes que, a día de hoy, siguen sin mejorar el día a día de los usuarios catalanes.