Federico Trillo, durante una entrevista a El Debate
Cataluña
Trillo atribuye el 11-M a comandos «enviados por Marruecos» bajo control de los servicios secretos franceses
El exministro lamenta que no se convocara un gabinete de crisis completo y que quedaran fuera dirigentes clave como Rodrigo Rato, Javier Arenas y él mismo
El exministro de Defensa Federico Trillo ha vuelto a pronunciarse sobre la autoría de los atentados del 11-M con una interpretación propia que ha expuesto en Barcelona, durante la presentación de su libro en el Círculo Ecuestre. En su intervención, ha dejado claro que tiene «la absoluta convicción» de que fueron «comandos enviados por Marruecos, bajo control y coordinación de los servicios secretos franceses».
El exdirigente ha vinculado esta tesis a la existencia de una estructura de inteligencia superior a los autores materiales. «Tanto la CIA como el MI6 coinciden en que detrás había un servicio de inteligencia continental», ha asegurado. Y ha defendido que su lectura responde a informaciones que, según ha precisado, apuntan en esa dirección. Una explicación que, en cualquier caso, choca tanto con la versión judicial como con la que sostuvo en su día el propio Gobierno de José María Aznar.
Junto a esta interpretación, Trillo ha dedicado parte de su intervención a revisar la gestión política de los días posteriores a los atentados. En tono autocrítico, ha calificado la actuación del ejecutivo como «no mala, lo siguiente» y ha señalado como uno de los principales errores la falta de un gabinete de crisis amplio.
«Se cometió el error de no reunir ese gabinete», ha explicado, detallando que en ese núcleo de decisión no estuvieron presentes algunos de los principales responsables del Gobierno. Entre ellos, ha citado al entonces vicepresidente económico, Rodrigo Rato; al también vicepresidente Javier Arenas; y a él mismo como ministro de Defensa. Según su relato, la coordinación quedó en manos de un grupo más reducido.
Trillo ha asegurado que las decisiones se concentraron en encuentros limitados entre el presidente José María Aznar y algunos miembros del Gobierno, lo que, a su juicio, condicionó el análisis y la respuesta institucional en un contexto de máxima presión.