Que pidan perdón o devuelvan la Copa
Desconozco qué vota el presidente de la Real Sociedad, el señor Aperribay, pero conozco su interés por el hecho de que el dinero de todos los españoles se invierta en sus negocios armamentísticos, que suculentos beneficios le vienen dando
André Gide fue un comunista francés que tras visitar la URSS decidió dejar de ser comunista. Es lo que tiene ver de primera mano la terquedad de la realidad. Gide tenía una frase fantástica que suelo utilizar con frecuencia: «Todo está dicho, pero como nadie hace caso, hay que repetirlo mil veces». Por eso me animo hoy a escribir, días después de la final de la Copa del Rey, sobre la falta de respeto y ofensa que supuso el pitar al himno nacional de todos los españoles por parte de la afición de la Real Sociedad. Si ese es su sentimiento, no deberían jugar la Copa del Rey. Es más: ya están tardando en devolverla. Es una enorme contradicción celebrar ganar por un penalti un trofeo de esas características y silbar al himno que se encuentra unido indisolublemente a la institución de ese torneo, que es la Corona de España.
Tenía razón André Gide: nadie hace caso. Les voy a dar algunos datos para tratar de entender todo este fenómeno, que representa como pocos la estupidez humana que hoy nos carcome y que explica la decadencia de algunos pueblos. En las elecciones generales de 2023, entre PNV y Bildu –los que antes mataban niños y mujeres embarazadas– lograron 600.000 votos de un total de 1.702.000. Es decir, que hay un millón de vascos que no coinciden ni con los antiguos terroristas, los del tiro en la nuca, ni con los nacionalistas que vienen de Soria y Burgos, que es lo que hoy es el PNV.
Vayamos un poco más lejos. En las elecciones generales de 2023, podían votar en España 35 millones de españoles. El país entero hoy se acerca a los 50 millones de habitantes y tenemos que soportar la estulticia de 600.000. Aunque hay que decir que no todos los que votan opciones nacionalistas tienen esa inclinación cainita. Desconozco qué vota el presidente de la Real Sociedad, el señor Aperribay, pero conozco su interés por el hecho de que el dinero de todos los españoles se invierta en sus negocios armamentísticos, que suculentos beneficios le vienen dando. Por tanto, como español, como contribuyente, como ciudadano de pleno derecho de mi país, llamado España, donde se admiten invenciones como la «Euskadi», le exijo a este señor que devuelva la Copa del Rey, ya que sus seguidores demostraron que no la quieren jugar. Devuélvala, señor Aperribay, o pídale a toda España perdón por el comportamiento cavernícola de su afición.
También creo que es oportuno solicitar a Rafael Louzán, presidente de la Federación Española de Fútbol, que no invite a participar en la próxima edición de la Copa del Rey a aquellos equipos cuya masa social está en contra de lo que representa España. Ya sé que no hay que mezclar política con fútbol, pero ellos sí lo hacen.
Me gustaría rogarle a su Majestad, el Rey Felipe VI, que en la próxima ocasión que ofendan al pueblo que él representa, abandone el palco de honor. No se puede injuriar a su país de esa manera gratuita. Como sería normal, como en su día hicieron en Francia, que se legislase de tal manera que en cualquier evento público en el que se abuchee el himno de todos los nacionales, se suspenda el evento.
Yo no pretendo que Otegui y Mertxe Aizpurua, la que señalaba a quién había que darle el tiro en la nuca, pertenezcan a España. No me gustaría pertenecer a una sociedad habitada por gente que huele a pólvora, gasolina y lleva sus manos machadas de sangre. Pero sí quiero que quienes tienen el honor y la responsabilidad de representar y defender a España lo hagan.
Ya saben lo que dejó escrito André Gide: «Todo está dicho, pero como nadie hace caso, hay que repetirlo mil veces». La falta de acción de quienes cuentan con el privilegio del poder nos obliga a repetir esto mil veces y a no abandonar la obligación moral de defender el patrimonio común de los españoles, aunque haya que hacerlo de manera ácida. El sábado pasado eran millones los españoles soliviantados por una minoría violenta y protestona. Espero que el año que viene no vuelvan a denigrar el himno nacional de España, que, junto con la bandera y la Corona, representan la unidad de todos nosotros. Si ocurriese, espero que se suspenda el partido y las autoridades allí presentes tengan la valentía, el coraje y la gallardía de defender a su país. Ya va siendo hora.
Nota final: a los más jóvenes aficionados de la Real Sociedad, que jaleaban a los terroristas en Sevilla, les recomendaría que no se sintiesen tan orgullosos de ETA, eran unos cobardes. Nada de nobleza habitaba en ellos. Matar por la espalda y mearse en los pantalones es sencillamente de cobardes.