Yolanda Díaz nos deja y abandona la política
Que si Rufián, que si Irene, que si Mónica, que si Urtasun, etc. En las quinielas aparecen decenas de nombres –cada cual más lamentable que el anterior– pero hay uno que jamás suena: Yolanda Díaz
En los últimos meses Yolanda Díaz ha tratado por todos los medios que alguien, sin mucho sentido común, la incluya en su proyecto político. Todo comenzó cuando la reconfiguración de la reconfiguración de la reforma de la novena reforma de la izquierda decidió, víctimas de la realidad, que Sumar ya no sumaba.
Desde entonces los esfuerzos por conformar una nueva lista unitaria de «las izquierdas» han dejado acalorados debates entre el perroflautismo. Que si Rufián, que si Irene, que si Mónica, que si Urtasun, etc. En las quinielas aparecen decenas de nombres –cada cual más lamentable que el anterior– pero hay uno que jamás suena: Yolanda Díaz. Y no porque ella misma renunciara, pues uno no puede renunciar a aquello que jamás tuvo a su alcance. Es como si usted renuncia a dirigir la NASA, ser el delantero centro del Real Madrid o ser el Rey de España. Renunciar no renunció, sino más bien nadie se lo ofreció. Ante esta dura realidad, la ministra de trabajo anunciaba que abandona la política en 2027: «No voy a ir en ninguna lista; categóricamente no», afirmó ayer.
El ascenso al poder de Yolanda Díaz no fue fruto de su mérito o una compleja estrategia diseñada meticulosamente para alcanzar un gran puesto de responsabilidad. Simplemente pasaba por ahí y los medios la encumbraron. Incluidos medios de «derechas» que se emocionaban con el tono y las formas de Yolanda. Una vez el foco la apuntó su fulgurante carrera finalizó, pues cada vez que abre la boca sus aliados contienen la respiración. No por respeto, sino por temor a ver la próxima estupidez que suelta con tono doctoral. No son pocos los momentos en los que Yolanda se ha condenado a sí misma, maldiciendo haber llegado tan lejos con tan poco talento. Una condena que le obliga a ser el hazmerreír de toda una nación. Como si fuera una condena divina por ser una de las principales causantes del destrozo nacional.
La marcha de Yolanda Díaz, si es que es cierto, no es una buena noticia. Imaginemos por un segundo, sé que es difícil, que la izquierda encontrara para aplicar sus nefastas políticas verdes, feministas e igualitarias a una tipa inteligente, lista, guapa, con gran oratoria, con destreza para expandir su mensaje, es decir, alguien todo lo contrario a Yolanda Díaz. ¿Qué ocurriría? Lejos de ver como el mal se desmonta veríamos cómo la masa se sumaría al sinsentido a gran velocidad. En cierta medida, ocurre lo mismo que con Irene Montero. Nadie ha hecho más por acabar con el repugnante feminismo que Irene Montero, pues basta escucharla un rato para rechazar sus postulados. Conviene recordar que es algo positivo que los personajes más limitados intelectualmente y torpes lideren las causas nocivas de este mundo, ya que de lo contrario podrían vencer.