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En libertadJano García

Sánchez, el yerno de un proxeneta convertido en estadista

Sánchez nunca ha dejado de ser lo que es: un chulo con ínfulas de grandeza disfrazado con trajes caros que en un país sensato estaría reponiendo las toallas en los burdeles de su suegro. Y es que no deja de ser divertido contemplar como algunos pretenden hacernos pasar al yerno de un proxeneta en un estadista

Resulta, cuando menos, divertido leer la prensa nacional española. No son pocos los que tratan de convencer a la estúpida masa ignorante de tener a un presidente que es todo un estadista. ¡Mira cómo planta cara a Trump! ¡Mira cómo lucha contra la ultraderecha! ¡Ahí va un estadista!

Estos análisis tratan de simular niveles de profundidad que resultan absurdos, pues en muchas ocasiones la respuesta correcta es la más sencilla. El caso de Sánchez es uno de esos casos. La chulería exhibida contra Estados Unidos, Israel, Europa y principales socios ha sido tachada de táctica extraordinaria. Lamento decirles a todos esos politólogos que no es cierto. Sánchez simplemente es un chulo, un macarra que no ha dejado de ser lo que siempre fue.

Sánchez se ganaba la vida de un modo que no figura en su currículum. Todo cambió cuando conoció a Begoña antes de llegar a ser la reconocida y prestigiosa catedrática que es hoy. En ese ambiente sórdido y pueril Pedro le dijo a su mamá que había conocido a una chica. Las madres siempre preguntan de qué vive, quién en su familia y a qué se dedican las novias. ¿La respuesta? «Bego lleva la contabilidad de los lupanares para homosexuales que tiene su padre». ¡Menudo partidazo! Debió pensar la madre.

De los clubs de mala muerte con olor a perfume barato pasó a los reservados de lujo de la capital. De ahí, al circuito político donde se entremezclan la lujuria y el poder. Cambió la barra por el atril, el traje de Cortefiel por trajes a medida y los clientes por votantes. Ya en el poder, transformó la política en una ciénaga al estilo Sálvame para deficientes mentales.

En los pasillos y en los medios de comunicación todos fingen no saber de dónde viene. A cambio, él reparte favores, contratos y cargos para que le hagan crónicas haciéndole pasar por estadista. El vicioso votante socialista consume lo que le echen, ya sea un indulto, la amnistía, la pobreza, la corrupción más salvaje e, incluso, creer que Pedro Sánchez es algo.

Sánchez nunca ha dejado de ser lo que es: un chulo con ínfulas de grandeza disfrazado con trajes caros que en un país sensato estaría reponiendo las toallas en los burdeles de su suegro. Y es que no deja de ser divertido contemplar como algunos pretenden hacernos pasar al yerno de un proxeneta en un estadista sin precedentes. En eso, en lo de los precedentes, sí es cierto que nunca antes la prensa había sido tan ridícula.

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