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TribunaTomás Cobo

La inteligencia artificial y el deber de preservar lo humano

La medicina siempre ha convivido con la innovación, pero cada avance importante ha exigido también una reflexión ética capaz de poner límites, ordenar prioridades y proteger la dignidad humana

La irrupción de la inteligencia artificial en la medicina no constituye únicamente una revolución tecnológica. Es, sobre todo, un desafío moral, profesional y profundamente humano. La velocidad con la que los algoritmos se incorporan al diagnóstico, a la gestión clínica o a la investigación biomédica obliga a una reflexión serena: no basta con preguntarnos qué puede hacer la IA, sino qué debemos permitirle hacer y, especialmente, qué nunca debería sustituir.

En este contexto, las recientes reflexiones éticas impulsadas desde distintos ámbitos del pensamiento humanista europeo –entre ellos la voz del nuevo Papa León XIV– han vuelto a situar en el centro una idea esencial: el progreso tecnológico carece de sentido si no está orientado al bien de la persona. La inteligencia artificial no puede convertirse en una nueva forma de deshumanización sofisticada, donde la eficiencia acabe erosionando la compasión, la prudencia clínica o la relación de confianza entre médico y paciente.

La profesión médica conoce bien esta tensión. La medicina siempre ha convivido con la innovación: desde la anestesia hasta los trasplantes, desde la genética hasta la cirugía robótica. Pero cada avance importante ha exigido también una reflexión ética capaz de poner límites, ordenar prioridades y proteger la dignidad humana. Hoy vuelve a ocurrir.

La Organización Médica Colegial y el conjunto de la profesión médica española asumen esa responsabilidad histórica. No podemos permanecer como espectadores ante una transformación que afectará a la práctica clínica, a la formación de los profesionales, a la gestión de datos sensibles y, en última instancia, a la propia concepción del acto médico. Precisamente por ello, el próximo 3 de junio presentaremos, en la sede de la Organización Médica Colegial, un Manual sobre Inteligencia Artificial y Medicina que nace con una vocación clara: ofrecer orientación ética, científica y profesional para integrar estas herramientas sin perder el alma de la medicina.

Porque el verdadero riesgo no reside en la tecnología en sí misma, sino en el modo en que las sociedades deciden utilizarla. Una inteligencia artificial sin supervisión ética puede ampliar desigualdades, introducir sesgos diagnósticos, debilitar la confidencialidad o convertir al paciente en un mero dato estadístico. Y una medicina gobernada exclusivamente por métricas corre el peligro de olvidar que detrás de cada historia clínica existe una persona vulnerable que necesita ser escuchada.

La tecnología puede ayudar a detectar enfermedades antes, personalizar tratamientos o reducir errores. Debemos celebrarlo. Sería absurdo caer en un rechazo nostálgico del progreso. Pero también sería irresponsable aceptar acríticamente cualquier innovación solo porque sea posible. La medicina no puede delegar su conciencia en un algoritmo.

Erasmo de Rotterdam escribió que «la principal esperanza de una nación reside en la adecuada educación de su juventud». Hoy podríamos extender esa idea a la educación ética de nuestras instituciones y profesionales. La inteligencia artificial exige médicos mejor formados, más críticos y más humanos. Exige fortalecer el juicio clínico, no debilitarlo. Exige preservar la deliberación moral frente a la automatización de decisiones complejas.

Por eso resulta tan importante el papel de las corporaciones profesionales. Los colegios de médicos no son únicamente estructuras administrativas; representan una garantía social. Su función consiste precisamente en velar para que el ejercicio de la medicina mantenga sus principios fundamentales incluso en tiempos de incertidumbre tecnológica. Defender la autonomía profesional, la protección del paciente y la calidad ética de la asistencia será aún más necesario en la era digital.

Nos encontramos ante una oportunidad extraordinaria. La IA puede contribuir a una medicina más precisa, más preventiva y más accesible. Pero solo será verdaderamente útil si permanece subordinada a los valores que han definido históricamente la profesión médica: humanidad, prudencia, compasión y servicio.

La pregunta decisiva no es si la inteligencia artificial llegará más lejos. Lo hará. La verdadera cuestión es si nosotros sabremos preservar aquello que ninguna máquina podrá reemplazar jamás: la mirada humana ante el sufrimiento, la responsabilidad moral de decidir y la capacidad de cuidar.

  • Tomás Cobo es presidente de la Organización Médica Colegial (OMC)
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