La realidad que no queremos ver
Puestos a elegir intereses, que es de lo que se trata, conviene estar del lado de la civilización occidental y no de la barbarie. Desafortunadamente, dentro de nuestro territorio, no son pocos los que prefieren no hacer nada pensando que el salvajismo que no quieren combatir no les alcanzará
Resulta imposible explicar en un artículo la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos. Para poder hacerlo deberíamos regresar a principios del siglo XX, a la creación de la Anglo-Persian Oil Company, a los años 50, a la nacionalización del petróleo por parte de Mosaddeq, al islamismo chií, al Sah, a la traición de Estados Unidos al último rey de reyes, etc. Todo ello obedece a una cuestión: intereses.
Nadie en su sano juicio puede abordar la geopolítica desde la moral, pues sólo un insensato puede creer que la geopolítica posee un mínimo de humanidad. De hacerlo, el resultado es el desastre de toda una civilización, pues la no acción no implica que el resto de los países tomen la misma actitud. Más bien es todo lo contrario. Ahí está China y su conquista del continente africano, desplazando a los bobos occidentales que consideran que sobornar al cacique subsahariano de turno es inaceptable. Lo cierto es que, si no sobornas tú, otro lo hará y otro conseguirá las obras y se llevará los recursos. ¿Injusto? Sí. ¿Inmoral? También, pero la realidad no entiende de ensoñaciones.
En cierta medida ocurre lo propio con la cultura. Si uno no defiende una serie de valores y los impone a la sociedad, otra cultura lo hará. Ahí tenemos a Francia que decidió jugar a ser laicos y arrancar los crucifijos para hacerse los modernos. ¿Resultado? La media luna ha sustituido las cruces y ahora bailan al son del islam. Es precisamente en este contexto en el que Donald Trump y Marco Rubio han decidido tratar de detener la espiral de decadencia que atraviesa Occidente de la misma forma en la que Occidente forjó su grandeza: a través de la dominación mundial.
Y para esa realidad, la sociedad no está preparada. Es como un jubilado que no quiere líos en los últimos coletazos de su vida. Que no le toquen la pensión, que en 10 años está muerto y ya el que venga detrás que se arregle con la quiebra del sistema. Esa mentalidad es la que tiene la población occidental, sin importar la edad. ¡Qué pereza esto de la lucha por la dominación mundial! Y sí, es desagradable, impopular, cuesta dinero y, sobre todo, vidas humanas, pero lo contrario es la derrota en todos los ámbitos.
Afortunadamente, Trump y Marco Rubio nos están mostrando lo desagradable que es, a veces, la realidad. Lo malo es que a los occidentales la realidad no les gusta y prefieren pensar que el mundo está compuesto por los vídeos absurdos que aparecen en TikTok o Instagram. Puestos a elegir intereses, que es de lo que se trata, conviene estar del lado de la civilización occidental y no de la barbarie. Desafortunadamente, dentro de nuestro territorio, no son pocos los que prefieren no hacer nada pensando que el salvajismo que no quieren combatir no les alcanzará.