Guillermo Altarriba Vilanova
CrónicaGuillermo Altarriba VilanovaBarcelona

León XIV bendice la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia en una ceremonia que impacta a la cristiandad y al mundo

Barcelona, la ciudad que se ufana en ser la más anticlerical de España, recuperó por un momento la autoestima y el orgullo

Barcelona Act. 11 jun. 2026 - 08:38

La Sagrada Familia, iluminada en la noche de Barcelona durante los fuegos artificiales

La Sagrada Familia, iluminada en la noche de Barcelona durante los fuegos artificialesAFP

Es un axioma no escrito de la profesión que los periodistas no aplauden. Sea por ego corporativo o por ínfulas de cuarto poder, los plumillas que pican crónicas en las bancadas de prensa no celebran los discursos, ya hable el presidente, el Rey o el Papa... y, sin embargo, lo que ocurrió este miércoles en Barcelona fue un torrente de energía tal que todos los juntaletras reunidos en la Sagrada Familia saltaron como un solo hombre.

La bendición de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia por parte del Papa León XIV no fue un milagro, en sentido estricto –no en vano, la Iglesia es muy precisa con estas cosas–, pero lo parecía. Barcelona, la ciudad que se ufana en ser la más anticlerical de España, la tierra de espinos que ahogan la semilla plantada por tantas generaciones de santos y mártires, recuperaba por un momento la cordura y el orgullo.

La Sagrada Familia, envuelta en fuegos artificiales tras la bendición de León XIV a la Torre de Jesucristo

La Sagrada Familia, envuelta en fuegos artificiales tras la bendición de León XIV a la Torre de JesucristoAFP

Lo hizo tras una bellísima misa solemne de acción de gracias, presidida por el Santo Padre. Una Eucaristía ante 8.000 personas –sentadas, más las miles que se agolpaban más allá de las vallas–, con una liturgia cuidada al milímetro, donde las naves de la Sagrada Familia hicieron realidad el sueño de Gaudí: un paraíso hecho de piedras muertas que acoge la asamblea de piedras vivas, que es la Iglesia Católica.

El Papa pronunció una homilía para enmarcar, que atacó lo esencial de la fe cristiana, el Evangelio, la «buena noticia»: que Cristo muerto en la cruz y resucitado es la respuesta al mal y la tiniebla que atenazan tantos corazones. León XIV apenas se desvió –aunque dejó un recado al Gobierno en pleno, presente en los primeros bancos, recordándoles que «no podemos matar al inocente»–, y recordó a todos, también a Pedro Sánchez, que «la luz de Cristo brilla en las tinieblas, aunque las tinieblas no la hayan acogido», pero que «este rechazo no hace que falte el amor de Dios».

El sueño de Gaudí

Tras la bendición final, el Papa León XIV se cambió de ropa y salió al exterior, frente a la fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia, la única que Gaudí vio terminada en vida. Allí, Barcelona le aguardaba sumida en el manto de la noche. Había expectación: «¿Qué pasará?», se preguntaban tantos católicos fieles de Barcelona, acostumbrados a que las cosas menores –el politiqueo lingüístico, las ganas de quedar bien con el poder, el acomodo a las modas– cobren protagonismo.

Hay cierto gozo en estar equivocado. La ceremonia de bendición de la torre más alta de la cristiandad –172,5 metros que, aun así, no rebasan la montaña de Montjuic: dicen que Gaudí, atento a su hubris, no quería que la obra humana superase a la divina– fue impecable. La bendición en sí fue breve, alternando con naturalidad español y catalán, como ha hecho durante toda su visita.

De nuevo, la Sagrada Familia hizo realidad el sueño de Gaudí, 144 años después de que se pusiese la primera piedra

«Con corazón agradecido, demos alabanza a Dios, inaugurando la nueva torre de esta basílica en el centenario de la muerte del venerable Antonio Gaudí, el arquitecto de Dios, dedicada a nuestro Señor Jesucristo y coronada por la cruz, misterio de misericordia y de salvación», ha comenzado el Papa, pidiendo que los fieles, al dirigir la mirada a la cruz cósmica de Gaudí, «alcancen los frutos de la salvación y den testimonio de la alegría que, desde este árbol de la vida, ha llegado al mundo entero».

A continuación, tres escolanets de Montserrat han dado un paso al frente, portando unas lámparas, entonando en latín el Sanctus. Etéreo. Miles de personas contenían la respiración: «Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini», y de las puertas salían más y más cantores, sumando sus voces al canto, como los Ainur que Tolkien –un autor muy gaudiniano, pese a que nunca se conocieron– imaginó creando el mundo.

BARCELONA, 10/06/2026.- El papa León XIV asiste a un gran espectáculo de luz en homenaje a Antonio Gaudí, tras bendecir la Torre de Jesús al finalizar la misa celebrada en la Sagrada Familia, este miércoles en Barcelona dentro de la visita oficial del Papa a España. EFE/Alberto Estévez

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Un gran espectáculo de luz en homenaje a Antonio Gaudí ilumina la Sagrada Familia tras la misa y la bendición de la Torre de Jesús

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BARCELONA, 10/06/2026.- Un gran espectáculo de luz en homenaje a Antonio Gaudí tras la misa y la bendición de la Torre de Jesús celebrada por el papa León XIV en la Sagrada Familia, este miércoles en Barcelona dentro de la visita oficial del Papa a España. EFE/Marta Pérez

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Cuando parecía que el espectáculo había terminado, se hizo la luz: las 8.000 lámparas repartidas a los asistentes a la misa, dentro y fuera de la basílica, se encendieron a una. Controladas automáticamente, empezaron una coreografía al son del órgano, que fue in crescendo –tecnología punta y clasicismo inmortal– hasta culminar en una imagen icónica: la cruz iluminándose.

De nuevo, la Sagrada Familia hizo realidad el sueño de Gaudí, 144 años después de que se pusiese la primera piedra. El arquitecto dejó escrita su intención de forma clara: «La cruz será de cristal; de día, reflejará la luz del sol y, por la noche, por medio de unos potentes focos, proyectará haces de luz sobre la ciudad». Así ocurrió, pero aún faltaba la sorpresa final.

Un conjunto de drones luminosos formó sobre la montaña de Montjuic la figura de Antonio Gaudí, contemplando desde el cielo su obra culminada. El cierre del círculo, la recompensa a generaciones y generaciones de barceloneses que –como en la Edad Media– han consagrado sus vidas a construir una catedral sabiendo que tal vez nunca la iban a ver terminada.

León XIV, junto al cardenal Omella

León XIV, junto al cardenal OmellaAFP

Los drones se convirtieron a continuación, mientras una furiosa orquesta tocaba –en diferido– como si le fuera el alma en ello, en una cita de Gaudí: «Primero el amor, después la técnica». Magnifica humanitas, un siglo antes; la Rerum Novarum en el siglo XXI. Después de una traca final de petardos, volvió el silencio a la ciudad, pero Barcelona no era la misma.

La ciudad que fue faro de la cristiandad ha vuelto a serlo, de forma literal, al menos por unas horas. «Cataluña será cristiana o no será», dejó escrito el obispo Torras i Bages, mentor de Gaudí. Tras la visita del Papa, los católicos de Barcelona afrontan –afrontamos– la misma disyuntiva, y de nosotros dependerá acoger como tierra buena los frutos que ha plantado León XIV o dejar que los espinos vuelvan a crecer.

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