Vista de varios nichos y lápidas en el cementerio de Montjuïc con motivo del Día de Todos los Santos, a 1 de noviembre de 2022, en Barcelona, Cataluña (España). El cementerio de Montjuïc se creó a raíz de la gran expansión demográfica y de la subida económica que experimentó la ciudad de Barcelona en la primera mitad del siglo XIX. Las primeras inhumaciones registradas en los libros del cementerio fechan del 19 de marzo, día en el que se realizaron 10. El cementerio entra dentro de la tipología de jardín inglés, con caminos sinuosos, una situación pintoresca, unas bonitas perspectivas y un buen emplazamiento de sepulturas. Está inscrito como Bien Cultural de Interés Local (BCIL) en el Inventario del Patrimonio Cultural catalán con el código 08019/1735.2?
01 NOVIEMBRE 2022;BARCELONA;CATALUNYA;CATALUÑA;CEMENTERIO MONTJUIC;TODOS LOS SANTOS
Lorena Sopêna / Europa Press
(Foto de ARCHIVO)
01/11/2022

Vista de varios nichos y lápidas en el cementerio de MontjuïcEuropa Press

Cataluña

Aprender a acompañar la muerte: cuando un tema tabú entra en el aula

Los institutos Montserrat Roig de Terrassa y Gaudí de Reus impartirán el nuevo Grado Medio en Servicios Funerarios

Durante años, la muerte ha sido uno de los grandes silencios sociales. Se evita en las conversaciones, se esquiva en la vida cotidiana y solo aparece, de golpe, cuando irrumpe en forma de pérdida. Sin embargo, algo está empezando a cambiar. A partir del curso 2026-2027, dos institutos públicos de Terrassa (Barcelona) y Reus (Tarragona) abrirán una puerta poco habitual en el sistema educativo: enseñarán a trabajar con la muerte. Y no como concepto abstracto, sino como realidad profesional.

El nuevo Grado Medio en Servicios Funerarios, que se impartirá en el Instituto Montserrat Roig de Terrassa y en el Instituto Gaudí de Reus, nace con una ambición doble. Por un lado, profesionalizar un sector que hasta ahora se aprendía sobre la marcha. Por otro, romper un tabú profundamente arraigado: el de mirar de frente al final de la vida.

En las aulas donde se impartirá este ciclo no solo habrá libros y ordenadores. Habrá féretros, camillas, sudarios, materiales de protección. Habrá también flores artificiales, elementos de ornamentación y herramientas para la tanatoestética, la disciplina que prepara el cuerpo para el último adiós. Es un escenario que puede incomodar a primera vista, pero que responde a una lógica sencilla: detrás de cada despedida hay un trabajo técnico, organizado y, sobre todo, humano.

«Solo conocemos este mundo cuando perdemos a alguien», explica Carme Queralt, directora del Institut Gaudí de Reus. «Los trabajadores llegaban con muchos tabúes y sin saber cómo funcionan estos servicios. Este ciclo ayuda a romper ese desconocimiento».

Hasta ahora, muchos profesionales accedían al sector sin una formación reglada, aprendiendo sobre la marcha en uno de los contextos más delicados posibles. El nuevo grado pretende cambiar eso: dotar de herramientas, de conocimiento y también de seguridad a quienes tendrán que desenvolverse en ese entorno.

Atención al trato humano

Pero si hay algo que atraviesa toda la formación es el componente emocional. Porque trabajar en un tanatorio no es solo gestionar trámites o preparar espacios. Es atender a familias en shock, acompañar el duelo, sostener silencios incómodos.

«Es una formación necesaria y exigente para preparar profesionales que gestionen la despedida desde la emoción, la dignidad y el respeto», subraya Ricard Coma, director general de Formación Profesional del Departamento de Educación.

Por eso, junto a los módulos técnicos, como el transporte del féretro, la gestión administrativa o el funcionamiento de los crematorios, los estudiantes aprenderán a comunicarse, a escuchar, a entender diferentes formas de vivir la muerte según la cultura o la religión. Aprenderán, en definitiva, a estar.

«Trabajar ayudando a personas cuando más lo necesitan es una responsabilidad, pero también una vocación», afirma Laura Rivas, concejala de Servicios Funerarios de Terrassa. «No es solo prestar un servicio, es acompañar en momentos muy importantes y difíciles».

La formación será dual, lo que significa que los estudiantes combinarán las clases con prácticas en tanatorios reales. Allí, el aprendizaje dejará de ser teórico. Tendrán que enfrentarse a situaciones reales, a familias reales, a emociones reales.

Y es ahí donde el reto va más allá de lo académico. Para muchos, estos estudios suponen también una forma de cambiar la mirada colectiva. Hablar de muerte sin eufemismos, entender qué ocurre detrás de las puertas de un tanatorio, reconocer el valor de quienes trabajan en ese momento invisible pero imprescindible.

«Con este ciclo también se rompe el tabú», insiste Queralt. «Detrás de un tanatorio hay todo un mecanismo que la gente no conoce y que ahora se podrá aprender con una titulación oficial».

Desde el Instituto Montserrat Roig de Terrassa, su directora, Marina Roncal, pone el acento en el equilibrio entre técnica y humanidad: «Nos preocuparemos de preparar a los alumnos no solo desde un punto de vista técnico, sino también humano. Acompañar una pérdida requiere empatía y sensibilidad».

También implica reconocer que acompañar el final de la vida no puede depender únicamente de la intuición o la experiencia acumulada. Requiere formación, habilidades y sensibilidad.

El impulso de este nuevo grado no ha sido casual. Detrás hay años de trabajo conjunto entre administraciones, centros educativos y entidades del sector como PANASEF o ASFUNCAT. El objetivo es claro: establecer estándares de calidad y dignificar una profesión que, pese a su importancia, ha permanecido en segundo plano.

«Es un sector con demanda, con estabilidad y con necesidad constante de profesionales», insiste Rivas, que ve en esta formación una oportunidad para generar empleo y talento local.

A sus 17 años, Marc es uno de los posibles futuros alumnos. Nunca había pensado en este ámbito hasta que vio el nuevo ciclo. «Me llamó la atención porque es un trabajo diferente y útil. Creo que tiene mucha parte humana, y eso me interesa», explica. No oculta que al principio le generaba respeto: «Impresiona, claro, pero también creo que alguien tiene que hacerlo bien».

Quizás lo más significativo de este cambio no sea solo la creación de un nuevo itinerario formativo, sino lo que simboliza. Que la muerte deje de ser únicamente un hecho biológico o un momento íntimo para convertirse también en un ámbito de conocimiento, de aprendizaje y de servicio.

En unas aulas de Terrassa y Reus, jóvenes que aún están empezando a construir su vida profesional aprenderán a acompañar a otros en su final. Y en ese contraste, entre inicio y despedida, se dibuja, tal vez, una de las lecciones más complejas y necesarias de nuestra sociedad.

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