El portavoz de Junts per Catalunya en el Ayuntamiento de Barcelona, Jordi Martí i Galbis (c), interviene en una sesión plenaria en el Ayuntamiento de Barcelona, a 22 de julio de 2022, en Barcelona, Cataluña (España).

El portavoz de Junts per Catalunya en el Ayuntamiento de Barcelona, Jordi Martí i Galbis (c), interviene en una sesión plenaria en el Ayuntamiento de Barcelona, a 22 de julio de 2022, en Barcelona, Cataluña (España).Europa Press

Cataluña

Puigdemont afronta su creciente irrelevancia política mientras le crecen los enanos en Barcelona

Jordi Martí Galbis desafía el plan de la dirección y confirma que competirá para ser alcaldable en 2027 frente al favorito de Waterloo, Josep Rius

Junts quería llegar a la convención municipalista del próximo 30 de mayo con la maquinaria electoral engrasada y los principales candidatos ya encarrilados. Gerona y Lérida están resueltas. Tarragona sigue pendiente. Pero Barcelona, la plaza más simbólica y estratégica para el partido, amenaza con convertirse en un problema político de primer orden para la dirección de Carles Puigdemont.

La decisión de Jordi Martí Galbis de comunicar formalmente a Jordi Turull que quiere disputar la candidatura a la alcaldía ha desbaratado los planes de la cúpula posconvergente, que llevaba meses intentando evitar precisamente este escenario: una pugna interna abierta entre el candidato bendecido por Xavier Trias y el hombre que impulsa Waterloo, Josep Rius.

El movimiento de Martí no ha sorprendido del todo dentro del partido. El actual presidente del grupo municipal nunca había escondido sus aspiraciones desde que Trias abandonó el Ayuntamiento en julio de 2024. Pero en la dirección confiaban en que, llegado el momento decisivo, acabaría apartándose para facilitar una candidatura de consenso alrededor de Rius, vicepresidente de Junts, diputado en el Parlament y uno de los dirigentes más próximos a Puigdemont. Ha ocurrido justo lo contrario.

La decisión de Martí abre ahora un escenario que la dirección quería evitar a toda costa: unas primarias en Barcelona. Y no solo por la imagen de división que trasladaría el partido a dos años de las municipales, sino porque internamente nadie da por segura una victoria de Rius frente al aparato territorial y orgánico que controla el entorno de Martí en la capital catalana.

Martí cuenta con apoyo de las bases

Porque, aunque Josep Rius dispone de mayor proyección mediática y del aval inequívoco de Puigdemont, Martí juega con otros activos. Lleva más de quince años instalado en la política municipal barcelonesa, conoce al detalle la estructura interna del partido y conserva una influencia notable en la federación de Barcelona, especialmente en Sarrià-Sant Gervasi, una de las agrupaciones con más militancia. Además, cuenta con un apoyo político nada menor: Xavier Trias.

El exalcalde nunca ha ocultado que considera a Martí su sucesor natural. Ambos mantienen una relación política estrecha desde hace décadas y Trias ha repetido en privado y en público que no ve mejor candidato para intentar recuperar Barcelona. Para una parte del espacio convergente, Martí representa precisamente la continuidad del modelo Trias: perfil institucional, conocimiento profundo del Ayuntamiento y capacidad de acuerdo con sectores moderados.

No es casualidad que durante este mandato haya sido uno de los arquitectos de algunos de los pactos más relevantes entre Junts y el gobierno de Jaume Collboni. El acuerdo sobre la nueva ordenanza de civismo, o el apoyo al nuevo plan de usos de Ciutat Vella han consolidado su imagen de dirigente pragmático y negociador.

Ese perfil, sin embargo, genera más dudas en el núcleo duro de Junts, que teme que una candidatura excesivamente municipalista y poco alineada con la dirección nacional dificulte el relato político que Puigdemont quiere imprimir al partido en los próximos años. La paradoja es que Junts se enfrenta ahora a un conflicto que lleva meses intentando evitar sin éxito. Durante más de un año, la dirección buscó un candidato externo capaz de actuar como revulsivo electoral y ahorrarse el choque entre Martí y Rius. El objetivo era repetir una operación similar a la de Xavier Trias en 2023: una figura reconocible, con prestigio y capacidad de atraer voto moderado.

La lista de nombres tanteados ha sido larga. Joaquim Forn rechazó regresar a primera línea. Tatxo Benet también declinó el ofrecimiento. Artur Mas admitió públicamente que fue sondeado. Incluso circularon perfiles como Jaume Giró o Jaume Alonso-Cuevillas. Ninguno prosperó. Agotada la vía externa, Waterloo acabó concluyendo que la mejor opción era Josep Rius. Pero para entonces Martí ya había decidido resistir.

El problema para la dirección es que el reglamento interno aprobado por Junts deja abiertas varias fórmulas para escoger candidato, incluida la celebración de primarias. Y una vez Martí formaliza su voluntad de competir, resulta políticamente mucho más difícil justificar una designación directa de Rius sin pasar por las urnas internas.

La situación inquieta especialmente porque llega en un momento delicado para el partido en Barcelona. Aunque Trias ganó las elecciones de 2023, Junts acabó fuera de la alcaldía tras el acuerdo entre PSC, comunes y PP que permitió investir a Jaume Collboni. Desde entonces, las encuestas dibujan un escenario mucho más complicado para los posconvergentes, con expectativas claramente inferiores a las de hace tres años. La sombra de Aliança Catalana es muy alargada.

La dirección teme que una guerra interna erosione todavía más esas opciones. Pero también sabe que impedirla podría tener un coste orgánico importante.

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