Arca de Noé

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La locura nacionalista

El delirante estudio nacionalista que asegura que el nieto de Noé se instaló en Cataluña tras el Diluvio

Para Farré, Cataluña es «una tierra que fue elegida para ser el faro de Occidente»

Dentro del abanico de personas ansiosas por cambiar el rumbo de la historia, dentro del Institut Nova Història (INH), tenemos a Ramon Farré, que nombran como «estudioso reusense». Entre estos curiosos, por calificarlo de alguna manera, estudios que le publican, hay uno dedicado a la Proto-Cataluña. Dicho de otra manera, a los orígenes de Cataluña que nada tienen que ver con la historia que conocemos. Para Farré, Cataluña es «una tierra que fue elegida para ser el faro de Occidente», que recuerda cierta narrativa propagandista del régimen franquista.

El estudio empieza situando al río Ebro como el eje central de la civilización antigua. Según esta tradición, Túbal, nieto de Noé, se estableció en Tortosa tras el Diluvio, fundando la península bajo el nombre de Iberia. Este origen mítico otorga a Cataluña un papel de primogenitura histórica sobre las naciones ibéricas. Además, el estudio vincula a Tortosa con la legendaria Tarsis, destino de las flotas del Rey Salomón. El comercio de oro y plata extraído de esta zona habría financiado el Templo de Jerusalén, forjando un espíritu emprendedor y abierto que aún define la identidad catalana actual.

A continuación, el estudio describe a Hércules como el arquitecto mítico de la identidad catalana. Según la leyenda, los Pirineos no son una formación geológica, sino un mausoleo de rocas construido por el héroe para sepultar a la princesa Pirene, creando así una frontera sagrada que protege la singularidad de Cataluña frente a Europa.

Asimismo, la fundación de Barcelona surge de un diseño divino llamado la Barca Nona. La embarcación más fuerte de la expedición de Hércules encalló en la costa de Montjuïc. Este suceso marcó el nacimiento de una ciudad destinada, desde su origen legendario, a liderar y dominar los mares.

La montaña sagrada

El estudio no se puede olvidar de la montaña sagrada de Cataluña. Farré describe a Montserrat y el Montsant como los pilares espirituales que conectan a Cataluña con la divinidad. Montserrat es presentada como un faro de origen sobrenatural, cuyas formas fueron modeladas por el hundimiento de la Atlántida y talladas por ángeles. Más allá de su función monástica, se la considera un imán universal destinado a custodiar la imagen de la Virgen y el Santo Grial, protegiendo así el secreto más sagrado de la cristiandad entre sus rocas.

Monasterio de Montserrat (Barcelona)

Vista de la abadía de MontserratGetty Images/Alexander Hafemann

Por su parte, el Montsant actúa como el contrapunto místico en el sur. Definido como la montaña santa, ha sido históricamente un refugio para eremitas y buscadores de Dios. Representa el silencio y la pureza del cristianismo primitivo que entró por el Ebro, equilibrando la fuerza de Montserrat. Juntas, ambas montañas forman una reserva espiritual única que define la identidad sagrada y la comunicación directa de la nación con el cielo.

La etapa romana se describe no como una ocupación, sino como la consolidación de Cataluña como el centro del mundo. Durante su máximo esplendor, el emperador Augusto gobernó el Imperio desde Tarraco, convirtiéndola en el corazón político desde donde se dictaban leyes para dominios que abarcaban desde Britania hasta Egipto.

A esto se suma la carga simbólica de la leyenda de Poncio Pilato, cuyo supuesto nacimiento en Tarragona vincula el destino de Jerusalén con el catalán. Esta conexión mística explicaría el rápido arraigo del cristianismo en una tierra predestinada a protagonizar el drama de la redención.

Continúa el estudio sosteniendo que el cristianismo en Cataluña no proviene de Roma, sino que fue recibido directamente de figuras cercanas a Jesús, convirtiendo la región en el refugio del linaje espiritual de la cristiandad. Por un lado, destaca la figura de Santiago el Mayor, quien entró por el Valle del Ebro.

En Lérida, la leyenda narra que ángeles con farolillos iluminaron su camino cuando la oscuridad lo detuvo, simbolizando una luz divina que ha guiado a la nación durante siglos. Por otro lado, se vincula a María Magdalena con Corbera de Llobregat. Según la tradición, tras huir de Judea, se estableció como eremita en sus cuevas. El color rojo de las rocas locales evocaría su tierra de origen, dejando una semilla de misticismo que perdura en el Baix Llobregat. Así, Cataluña se presenta como una tierra elegida y evangelizada por los propios protagonistas de los Evangelios.

Tras la caída de Roma, el territorio se consolidó como el heredero legítimo de la civilización. La unión de godos y alanos en Barcelona dio lugar a Gothalània, estableciendo una aristocracia europea bajo el mando de Gala Placidia. Esta nobleza soberana sentó las bases de una Cataluña que no se doblegaba ante otros monarcas. Y para rizar el rizo, suma la figura de Otger Cataló y los Nueve Barones de la Fama, quienes recuperaron la tierra antes que el resto de Europa.

Según la tradición, el apellido del caballero dio nombre al país, mientras que su pacto con los barones originó las constituciones y libertades catalanas. Este modelo definía al soberano no como un tirano, sino como el primero entre iguales, forjando un espíritu democrático ancestral. Otger Cataló y la Nueve Barones son personajes legendarios que solo han tomado vida en la mente de Ramon Farré.

Todo este recorrido, desde Túbal hasta los Godos, culmina en el acto heroico de Guifré el Pilós. Cuando el emperador moja sus dedos en la sangre de la herida de Guifré y marca las cuatro barras sobre el escudo de oro, no está inventando una bandera. Se está sellando, según Farré, el destino de una nación que posee la fe del Ebro, la fuerza de Hércules, el orden de Augusto y la santidad de Montserrat y el Montsant. Teniendo en cuenta que Carlos el Calvo había muerto 20 años atrás y los escudos heráldicos aparecieron 300 años después, el destino se tambalea un poco.

Después de haber leído esta colección de fantasías absurdas, sin base histórica, ni científica, ni racional, ¿no me digan que estos miembros del INH no serían unos buenos guionistas de películas de ciencia ficción? Es un relato terrorífico y absurdo de una perturbación irreal.

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