Francesc Cambó, en una imagen de 1909Wikimedia

Historia

La jugada maestra de Francesc Cambó que frenó el chantaje de Diaghilev contra Nijinsky

Un contrato redactado con mucho tino resolvió un conflicto entre el célebre bailarín y el empresario

En 1917 el abogado y político Francesc Cambó tuvo que defender un desencuentro entre el bailarín Nijinsky y el empresario Diaghilev relacionado con una gira por América del Sur. El hecho ocurrió durante la temporada en el Gran Teatro del Liceo de los Ballets Rusos. El motivo del desencuentro lo dejó escrito la mujer de Nijinsky, Rómola Pulszky, en sus memorias...

Almorzando un día con Diáguilev, este último empezó a hablar sobre el viaje a Sudamérica, pero Vaslav dijo: «No estoy seguro de que vaya, Serguéi Pávlovich. Necesito un descanso y no me agrada la idea de separarme de mi hijo en tiempos de guerra. Sudamérica no será un viaje creativamente artístico».

Diaguilev, con una sonrisa gélida, replicó: «Pero tienes que ir, estás bajo contrato». «¿Tengo qué?», dijo Vaslav. «No tengo ningún contrato». «Me enviaste un cable desde América aceptando en principio. Eso es un contrato».

«Pero también te envié un cable diciendo que discutiríamos el asunto en España». «Eso no viene al caso. En este país, un cable es un contrato vinculante» —y S.P. se rió— «Te obligaré a ir».

Nijinsky se negó a bailar Petrushka y La siesta de un fauno en el Liceo. Se informó en la prensa que lo haría el 29 de junio con El espectro de la rosa. Después de la reunión con Diaghilev, el matrimonio Nijinsky decidió ir a la estación para tomar un tren rumbo a Madrid. Antes de arrancar el tren, fueron detenidos por la policía, por orden del gobernador civil. Diaghilev los había denunciado por incumplimiento de contrato.

Una vez trasladados a la comisaría, los policías fueron muy claros con el bailarín. La legalidad vigente dictaba que, si se negaba a firmar el compromiso para bailar esa misma noche, sería enviado directamente a prisión. Lejos de amedrentarse o ceder al chantaje de Diaghilev, Nijinsky mantuvo una actitud de absoluta dignidad y les respondió, con frialdad, «llevadme al calabozo».

Ante la firmeza del artista, el comisario se encontró en una situación sumamente confusa y embarazosa. Para intentar rebajar la tensión, optó por dejar en libertad a Rómola. Una vez en libertad, decidió llamar a Fernando Sebastián de Borbón, duque de Dúrcal, primo de Alfonso XIII y casado con la catalana Maria Leticia Bosch-Labrús.

Nijinsky como esclavo de Armide en Le Pavillon d'Armide (c. 1909)Wikimedia Commons

Este había actuado como puente en la sociedad madrileña para que tanto Nijinsky como el resto de los Ballets Rusos pudieran triunfar y subsistir en España durante la I Guerra Mundial. Por eso Rómola lo llamó. Eligió al mejor abogado que había en España, según sus palabras, que era Francesc Cambó. Aunque presuntamente representaba a Diaghilev ante Nijinsky, fue astuto al redactar el contrato.

Lo primero que hizo fue liberar a Nijinsky de la cárcel. Ya fuera, se reunió con el matrimonio para explicarles la situación. Según la ley española, el telegrama que había enviado Diaghilev servía como contrato. Y como que lo envió desde España, aún más. Con lo cual se debía renegociar todo si se quería poner punto y final a ese asunto.

Un plan maestro

Francesc Cambó redactó un contrato tan severo que era muy difícil que Diaghilev pudiera cumplirlo. Ahora bien, siguiendo los mismos principios legales, este contrato lo obligaría del mismo modo que a Nijisnky el telegrama. Cambó lo forzó a pagar una cantidad exagerada de dinero por cada actuación en dólares-oro, y a realizar el pago una hora antes de levantarse el telón. La clave estaba en que, si Diaghilev no cumplía, el vínculo contractual quedaba roto. El matrimonio Nijinsky quedó muy agradecido a Cambó por su inteligente estrategia.

Cuando Nijinsky firmó ese contrato, Cambó y Rómula se lo llevaron a Diaghilev para que lo firmara. Aceptó y el caso quedó resuelto. La gira por Sudamérica fue caótica, plagada de accidentes, escenas de pánico y desplantes de Nijinsky. Bailó por última vez en Montevideo, en una gala a beneficio de la Cruz Roja, en la que Arthur Rubinstein tocó el piano. Cumplido el contrato redactado por Cambó, se puso fin al contrato entre Diaghilev y Nijinsky, el cual no volvió a bailar nunca más para los Ballets Rusos.

Como hemos dicho, a pesar de todo, decidió bailar en el Liceo. Accedió porque el empresario Alfredo Volpini lo convenció por el prejuicio económico que acarrearía su ausencia. Aquella noche los Ballets Rusos bailaron La mujeres del buen humor, El espectro de la rosa; Sol de la noche y Shéhérezade. La función contó con la presencia de Joaquín Turina y Francesc Cambó entre el público. Al día siguiente, 30 de junio, actuó por última vez en el Liceo y en Europa. Bailaron Papillons, El espectro de la rosa, Las Meninas y Cleopatra.

¿En algún momento Cambó habló del asunto Nijinsky? La realidad es que nunca habló del asunto ni quiso profundizar en el tema. El motivo quizás resida en lo que explicó Juan Antonio Vallejo-Nájera en Locos Egregios, donde explica:

Cambó llamó después indignado a quien le había encargado el caso: Por favor, ¡qué clase de gente me ha enviado usted! El motivo de su enfado era que Diaghilev (que logró obligar a Nijinsky al viaje) quiso justificar ante Cambó el empleo del golpe bajo a Nijinsky diciendo: «Además, es un chiflado imposible; fíjese usted que se empeña en levantarse a medianoche, paseando descalzo por el suelo de mármol, y luego se me mete en la cama con los pies helados». Esto aún hoy chocaría como argumento en una discrepancia legalista, pero en la Barcelona del año 17… Dicen que Cambó tardó mucho en poder hablar del asunto sin irritarse.

Aquella manera de actuar de Diaghilev indignó a Cambó, no por la homosexualidad de este o la relación que ambos habían tenido, sino por el desprecio hacia aquella persona, por su superioridad y soberbia. En el fondo era una reyerta entre antiguos amantes que se resolvió jurídicamente y no hacía falta humillar al otro. Para Cambó, un hombre caracterizado por su rigidez y formalidad legal, aquellas declaraciones fueron una auténtica falta de decoro profesional.