AnálisisJoan López

Siempre que el independentismo fracasa, Cataluña brilla

Si las urnas para celebrar un referéndum ilegal y divisivo llegan a destino, Cataluña se asoma a un abismo sin retorno; si un catalán de bien revela la algarada que se está preparando y la 'perfomance' 'indepe' se frustra, todo sale a pedir de boca

Pirotecnia en la Sagrada Familia, tras la misa solemne oficiada por el Papa León XIVEFE

El periodista Albert Soler escribió un delicioso libro titulado Nos cansamos de vivir bien que retrata los motivos y actitudes que han llevado a la sociedad catalana a una autocomplaciente decadencia, al negacionismo de esta y la búsqueda de enemigos externos a los que atribuir todas las desgracias que durante las últimas dos décadas han asolado Cataluña.

La visita del Papa León XIV nos interpela a los catalanes: ¿hemos tocado fondo y empieza la recuperación? ¿Son los dos días del Papa en Barcelona un espejismo? La realidad es que la estancia del pontífice entre nosotros es un Regreso al Futuro, un viaje a los momentos de legítimo orgullo colectivo vividos en verano de 1992, durante la celebración de los Juegos Olímpicos.

Entre ese momento y hoy han pasado 34 años de pendiente abajo, arrastrados por una clase política que mutó de nacionalista insolidaria a independentista, hasta el culmen de darse un autogolpe por entregas, entre 2014 y 2017, con el fin de esconder sus escándalos de corrupción. Josep Tarradellas, antes de fallecer, ya advirtió sobre todo lo que iba a suceder, y su predicción fue dramáticamente certera.

Incluso en los defectos, lo que sucedió en 1992 se reprodujo esta semana. En los Juegos el nacionalismo prestó su apoyo solo de boquilla y a rastras porque temía una explosión de patriotismo durante la competición. Para ellos la final olímpica de fútbol en un estadio del FC Barcelona lleno de banderas nacionales era más de lo que estaban dispuestos a soportar, y la inauguración del Estadio Olímpico sufrió un intento de boicot organizado por las Juventudes de CiU (Juventudes nacionalistas de Cataluña) pero un aguacero histórico lo evitó.

Intento de boicot

El miércoles intentaron convertir un acto litúrgico en acto político, llenando la Sagrada Familia de banderas separatistas tamaño folio escondidas y dobladas en los sobaquillos de los miembros del coro. El texto que se entregó a los cantantes retrata a la perfección el estado de putrefacción de una sociedad secuestrada por una élite nacionalista a la que si no te sometes estas condenado al ostracismo social: «si vols» («si quieres») repetía el texto por dos veces… Los catalanes ya sabemos que significa ese «si quieres»: traducido, es «y si no, atente a las consecuencias»,

Imagen del espectáculo pirotécnico a cargo de Pirotecnia Vulcano en la Sagrada Familia de Barcelona.Europa Press

En el 1992 el nacionalismo intento convertir un acontecimiento deportivo en algo político y fracasó, y en su fracaso estuvo una de las claves del éxito de los Juegos. El miércoles, los mismos, los de siempre, intentaron convertir un acto religioso en un acto político y, una vez más, en su fracaso estuvo el éxito de la visita del Papa.

La conclusión no puede ser otra: cuando el nacionalismo fracasa, Cataluña brilla. Cuando sucede lo contrario Cataluña se hunde en la miseria. Si las urnas para celebrar un referéndum ilegal y divisivo llegan a destino, Cataluña se asoma a un abismo sin retorno; si un catalán de bien revela la algarada que se está preparando y la perfomance indepe se frustra, todo sale a pedir de boca.

El independentismo político y sus menguantes terminales mediáticas calentaron la visita del Papa desde días antes, a cuento de si iba a hablar en catalán o no. Lo hicieron Juan Pablo II en 1982 y Benedicto XVI en 2010, ¿por qué no iba a hacerlo León XIV? Al separatismo le da igual, la verdad: lo que le interesaba era intentar aprovechar el momento para llamar la atención con su cuento lastimero de que son una nación oprimida

¡Vaya opresión! ¡La de esos que no solo forman parte de multitud de instituciones y gobiernos en Cataluña, sino que, además, tienen las llaves del BOE de la mano de Junts y ERC y se sientan en el consejo de Banco de España, el ICO, la CNMC o la CNMV!

La realidad y la fantasía

El independentismo comprobó el martes y el miércoles, en le Catedral, en el Raval, en Montserrat y en la Sagrada Familia, algo que siempre olvidan: la realidad de la calle no es la que ellos creen ni la que les gustaría que fuera. Lo olvidaron en 2017 cuando a pocas horas de la declaración unilateral de la independencia un millón de catalanes salieron a calle, sin ser convocados por ningún partido político, para decir «no» a la separación.

Y lo olvidaron esta semana al intentar hacer lo que intentan siempre que no es otra cosa que imponer una realidad uniforme y ficticia. ¡Que patético pasarse dos días cronómetro en mano contando los segundos que el Papa usa una lengua u otra!

El papa León XIV bendice, esparciendo el agua bendita con el hisopo, la Torre de JesúsEFE

La iglesia en Cataluña vive momentos difíciles. No es una excepción: en toda Europa Occidental hay una crisis de vocaciones y menor afluencia de fieles a las iglesias. En este contexto, la campaña independentista contra el arzobispo atacando su presunta falta de sensibilidad catalana no funciona.

A Cataluña, como al resto de España han llegado centenares de miles de personas procedentes de América Latina, todos ellos con su fe arraigada, ellos -también- llenaban las calles de Barcelona y eran ajenos a las frustraciones de la clase dirigente nacionalista. ¡Que mal rato pasaron los promotores de la uniformidad viendo que había más banderas de Perú o Colombia que esteladas!

Además, la fe no es patrimonio exclusivo de los nacionalistas. Miles de jóvenes catalanes, inequívocamente catalanes, pero políticamente rebeldes al poder establecido, tomaron las calles y osaron a no atender las consignas e Puigdemont y su patulea. Es más, muchos de ellos ya no saben ni quien es.

Durante el debate previo a la constitución europea se discutió si la misma debía contener una referencia a la raíz cristina de Europa. En el último y nefasto estatuto de autonomía catalán eso ni se llego a plantear. Cuando Cataluña reniega de su historia y se inventa una falsa realidad sobre lo que no es, fracasa una y otra vez... pero cuando se muestra al mundo tal cual, asombra a todos.