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Una visita muy familiar

Me dio tiempo, rodilla en tierra, de besar el anillo del pescador, darle las gracias por varias cosas, entre otras su discurso en el Congreso de los Diputados y por confirmarnos en la fe

El Papa León XIV, en uno de sus primeros actos en Barcelona de su viaje apostólico por España

EFE

A riesgo de hacer evidente el chovinismo familiar que me posee y que tanto me gusta, debo decir que esta ha sido una visita muy familiar que, más que demostrar lo buena que es mi familia –que también–, demuestra lo bueno que es Dios con ella.

En Madrid unas primas mías, Blanca y Belén, cantaron para el Santo Padre. Ese es uno de los dones familiares que a mí no me ha sido concedido: la música. En la familia existe un exquisito dominio de las cuerdas vocales y de los instrumentos, sean de cuerda, viento o percusión.

Tanto es así que recibieron al Santo Padre en Can Brians con una canción que lleva la impronta de un tío pamplonica: José, Pepe para la familia: Ayúdame a caminar del grupo musical Voces de Barro, del colegio Santa Teresa de Pamplona.

Pero no acaba aquí la cosa, pues otro tío, Mn. Josep, humilde y santo sacerdote, reconocido así por todos quienes tienen la suerte de conocerlo, canónigo de la catedral de Barcelona, tuvo también ocasión de saludar al Papa después de rezar la hora sexta.

La cosa continúa con la bendición apostólica que recibió mi sobrino y ahijado Francisquet en el estadio de Montjuic. Una gran alegría para toda la familia, bendición que también hacemos nuestra.

Mi primo Oleguer, mi tío Jaume y un servidor, por tener el inmerecido privilegio de pertenecer al Cos de Portants del Sant Crist de Lepant de la catedral de Barcelona, participamos en el rezo de la hora sexta.

Y a eso se le suma que, en mi caso, por tener además el privilegio de ser padre de Jaumet y, gracias a la generosidad de mi obispo, pude estar cuatro minutos con el Santo Padre para que le diera la bendición al acabar el rezo de la hora sexta. Decir que tuve la oportunidad de conversar con él sería faltar a la verdad. Fue un monólogo en toda regla. El Papa tenía quince segundos para mí y yo necesitaba quince minutos para contarle todo lo que quería; finalmente pude arrancar cuatro minutos a su apretado horario.

Me dio tiempo, rodilla en tierra, de besar el anillo del pescador, darle las gracias por varias cosas, entre otras su discurso en el Congreso de los Diputados y por confirmarnos en la fe; le expliqué tan rápido y bien como supe los tres obsequios que le había preparado.

Una imagen de 25 cm y casi 3 kg del Sagrado Corazón de Jesús que, durante un año hemos estado preparando un grupo de amigos para animar a las familias a entronizarlo en sus casas y convertirlo en rey de sus familias y de toda la sociedad. Puede encontrarse en la página web de Rescoldo.

Aprovechando la última encíclica del papa Francisco y, atendiendo a los tiempos complicados que vive el mundo y que nos recordó el cardenal Omella, le dije que sería un buen momento para renovar la consagración del mundo entero al Sagrado Corazón de Jesús realizada por León XIII en 1899.

Junto a esa imagen, una insignia del Sagrado Corazón de Jesús –antes custodiaba la entrada de muchos hogares católicos en los que públicamente se reconocía a Cristo como dueño y señor–.

También le hice entrega de un rosario muy especial imaginado y creado por unos buenos amigos de Córdoba. Pensado para rezar como la Virgen María, abrazados a la cruz. Es el Cristo del Santo Rosario y también se puede encontrar en internet. Merece la pena adquirirlo.

Y por último, y junto a una carta, no pude resistirme a hacer un Umbral y regalarle uno de mis libros: Testigos de un genocidio: Los cristianos de Irak, para hablarle de la persecución religiosa que sufren tantos hermanos en la fe. Ofreciéndole, si Su Santidad consideraba oportuno, viajar al Vaticano a presentarle Guardianes de la Fe, el documental que creamos un grupo de amigos, para dar a conocer al mundo la persecución religiosa en Irak.

Jaumet, por su parte, le propinó al papa una palmadita en la cara que seguramente quería ser caricia juguetona y que, gracias a su debilidad muscular, quedó en simpática anécdota y no fue impedimento para que recibiera la bendición apostólica prometida.

Llegados a este punto tuve la audacia suficiente para saber que había dos opciones: callar o quedarme con la palabra en la boca. Así que, de nuevo rodilla en tierra, besé el anillo del pescador, y hasta pronto si Dios quiere, Santo Padre.

Y por último tenemos a mi tía Montserrat quien gasta una voz excepcional. Cantó en nuestra boda, y en cientos de bodas más, en la tele, en películas… y cantó en la misa de la Sagrada Familia, el día de la bendición de la torre de Jesucristo.

Los fuegos artificiales durante la inauguración de la torre de Jesucristo

Los fuegos artificiales tras la inauguración de la torre de JesucristoAFP

Vivió desde dentro toda la polémica que se generó con los seiscientos integrantes del coro. Ella no sabía nada de lo que se estaba cocinando, solo sabía que tenía que cantar y que al finalizar la misa saldría al exterior a cantar en el momento de la bendición. Pero la actitud y las intenciones ridículas y patéticas de unos pocos dejaron a todo el coro sin ese momento final. Y después de tanto tiempo preparándolo con gran ilusión, rompió a llorar viendo cómo se perdía ese precioso momento que la mayoría pudimos disfrutar a través de una pantalla y que ella habría podido vivir en directo.

Esa ha sido quizá la única nota que ha empañado la preciosa y entrañable estancia del Santo Padre en tierras catalanas. El nacionalismo ha demostrado, una vez más, ser una enfermedad y una falsa religión.

Se han pasado el viaje dándonos la turra con la lengua, los porcentajes, las cuotas, lo que diría Gaudí… ha sido un espectáculo patético

Tengo a gala hablar en catalán con mis tíos madrileños nacidos en Madrid, lo mismo que con mis tíos pamplonicas nacidos en Navarra. También en casa. Actualmente vivimos en Madrid pero con los niños y con la santa se habla en catalán. Uno no es del mundo sino de un lugar concreto, y el nuestro es esta tierra de santos que tiene por bandera las cuatro barras, por lengua el catalán y por himno el Virolai.

Pero exigirle a un señor que viene dos días a visitarte –sin ninguna obligación de hacerlo–, que hable en catalán o tendrá problemas, demuestra cuál es la religión de algunos, que no es precisamente la de un Dios hecho hombre.

Se han pasado el viaje dándonos la turra con la lengua, los porcentajes, las cuotas, lo que diría Gaudí… ha sido un espectáculo patético. Al obispo del lugar es normal pedirle que conozca la lengua en la que sus fieles le rezan a Dios, pedírselo al Santo Padre que viene de viaje apostólico, es ridículo y enfermizo.

Imagino que en la comida en la basílica de Montserrat, donde el acto fue también de una belleza exquisita, conversarían en un perfecto castellano que les permitiría comunicarse eficazmente con aquel que, desconocedor del idioma de sus anfitriones, venía a visitarlos desde lejos.

Cuánta energía han despilfarrado algunos en las tertulias, en las redes y en todas partes hablando de esta estupidez, en vez de profundizar en los muchos mensajes que nos ha dejado el Santo Padre.

En cualquier caso, ese ridículo histórico, acentuado por un puñado de coristas que se dieron más importancia de la que realmente tienen, no ha deslucido la belleza, el exquisito gusto y la cuidadísima liturgia desplegada por la Iglesia en Cataluña en este viaje apostólico.

Un único apunte que me destacaba alguien el otro día: quizá habría sido más oportuno que los drones dibujaran el rostro de Cristo con una cita de la Biblia. A mí me gustó, pero con lo que sabemos de Gaudí, puede que lo hubiera preferido. Aunque eso nunca lo sabremos.

En cualquier caso, ha sido un viaje muy familiar y una buena demostración de que cuando la Iglesia pone a Dios en el centro, como medida y final de todas las cosas, la belleza resultante es tan exuberante que el mundo entero se queda en silencio, su corazón da un vuelco y sobrevienen las preguntas. No hacen falta espectáculos ni actos estrambóticos para acercarse al mundo, o mejor, para que el mundo se acerque a la verdadera Iglesia.

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