Hija sujetando la mano de su madre antes de recibir la eutanasia
Eutanasia
Cataluña, líder en cultura de la muerte: registra la tasa más alta de solicitudes para recibir la eutanasia
La comunidad registra una tasa que casi triplica la media nacional
Cinco años después de la entrada en vigor de la ley de eutanasia, Cataluña se ha convertido, una vez más, en la comunidad autónoma donde más se solicita esta prestación. Los últimos datos del Ministerio de Sanidad revelan que en 2025 se registraron 6,14 solicitudes por cada 100.000 habitantes, una cifra que prácticamente triplica la media nacional y sitúa a la comunidad a la cabeza de España por delante de Navarra y el País Vasco.
La estadística confirma una tendencia sostenida desde que la norma comenzó a aplicarse en junio de 2021. Desde entonces, se han contabilizado 3.716 solicitudes en todo el país y 1.668 personas han recibido finalmente la eutanasia. Solo durante el pasado año fueron 565, el dato más elevado desde la aprobación de la ley.
El Gobierno ha defendido la evolución de la prestación como la consolidación de un nuevo derecho dentro del sistema sanitario. Sin embargo, el aumento continuado de las solicitudes sigue alimentando un debate de fondo sobre la respuesta que la sociedad ofrece al sufrimiento, la enfermedad y la dependencia.
Cataluña aparece como el principal exponente de esa evolución. La tasa registrada en la comunidad supera ampliamente la media estatal de 2,61 solicitudes por cada 100.000 habitantes y se sitúa muy por encima de la mayoría de autonomías. El dato cobra especial relevancia porque llega en un contexto marcado por el envejecimiento demográfico y el aumento de enfermedades degenerativas y situaciones de gran dependencia.
Las patologías oncológicas continúan siendo la principal causa de las solicitudes iniciales, aunque las enfermedades neurológicas son las que predominan entre quienes finalmente reciben la prestación. Según el balance del Ministerio, casi la mitad de las eutanasias practicadas durante 2025 estuvieron relacionadas con enfermedades neurológicas.
Más allá del crecimiento de las prestaciones realizadas, los datos oficiales dejan otra cifra llamativa. De los 1.187 procedimientos cerrados durante el pasado año, 374 terminaron porque el solicitante falleció antes de completarse la tramitación. Es decir, prácticamente uno de cada tres expedientes concluyó sin que llegara a practicarse la eutanasia.
En 277 casos, la muerte se produjo antes de que la Comisión de Garantía y Evaluación emitiera siquiera su informe. Otras 97 personas fallecieron después de haber recibido una resolución favorable, pero antes de la fecha prevista para la prestación.
También resulta significativo que 157 solicitudes fueran rechazadas por no cumplir los requisitos legales y que otras 91 personas decidieran retirar voluntariamente su petición. Estos datos reflejan que una parte de los procesos iniciados no culmina en la aplicación de la eutanasia y que las circunstancias de los pacientes pueden cambiar durante la tramitación.
Insuficiente desarrollo cuidados paliativos
El crecimiento constante de las solicitudes coincide además con las reiteradas reclamaciones de asociaciones médicas y entidades sociales que denuncian el insuficiente desarrollo de los cuidados paliativos en distintas comunidades autónomas. Diversos expertos han advertido en los últimos años de que miles de pacientes continúan sin acceso adecuado a recursos especializados para aliviar el dolor físico, psicológico y espiritual en la fase final de la vida, especialmente en Cataluña.
La propia Conferencia Episcopal Española ha reiterado en numerosas ocasiones que la respuesta al sufrimiento no debería orientarse a provocar la muerte del paciente, sino a garantizar una atención integral que permita acompañar a la persona hasta el final de sus días. En la misma línea se han pronunciado organizaciones provida y colectivos de profesionales sanitarios que consideran que la expansión de la eutanasia corre el riesgo de consolidarse como una alternativa allí donde los cuidados resultan insuficientes.
Cinco años después de la aprobación de la ley, las cifras muestran que la eutanasia se encuentra cada vez más implantada en el sistema sanitario español. Y Cataluña, con la tasa más elevada de solicitudes de todo el país, se ha convertido en el principal reflejo de una transformación que continúa generando profundas preguntas éticas, médicas y sociales sobre el valor de la vida y la forma de afrontar el sufrimiento en sus etapas más difíciles.