El escritor Josep Pla (dcha), junto a Manuel Brunet
Cultura
Así era Josep Pla, el genial escritor catalán condenado al ostracismo por un sector del separatismo
Una serie de curiosidades de la personalidad de Pla, uno de los nombres propios imprescindibles de la literatura catalana
Uno de los vicios, por así decirlo, del escritor ampurdanés Josep Pla Casadevall era vestir prendas de otras personas. Su biógrafo, Xavier Pla, comenta que esto se debía a «una insatisfacción que encuentra en el fundamento de su vida y de toda su dedicación a la literatura». El propio Pla escribió que «hay dos cosas que nada tienen que ver con la literatura: lo que la gente llama moral y la frecuentación de las sastrerías».
Lo que demuestra esto es que Pla, con una obra completa que ocupa 45 volúmenes, y a la que nunca se le concedió el premio de Honor de las Letras Catalanas, es poliédrico. Un personaje semipúblico. Se abría al público a través de sus escritos, pero hermético con respecto a su vida privada.
Esto supuso, durante muchos años, que la realidad y la mentira se mezclaran en el momento de hablar con él. Es más, para un sector del catalanismo Pla ha quedado excluido, defenestrado, y han olvidado que falleció un 23 de abril, el de 1981. Con lo cual, el Día del Libro en Cataluña se reconoce más a Cervantes, Shakespeare o Garcilaso que a Josep Pla.
También el personaje era un poco mentiroso. Debido al hermetismo fue capaz de construir su vida según le convenía. Podía decir una cosa y reescribirla posteriormente. Esto se cuenta del libro Quadern gris, que muchos han señalado o bien que no cuenta toda la verdad, se las inventa, o de haber ocurrido, o Pla no estaba presente o se lo contaron y él afirma haberlo vivido.
Mintió en los escritos y públicamente. En el programa A fondo que dirigía Joaquín Soler Serrano, afirmó que nunca había tenido novia. La verdad es que, a lo largo de su vida, tuvo más de una persona que le robó el corazón. La relación más sólida y duradera fue con Adi Emberg, con la cual estuvo 14 años.
A parte de esta podemos añadir los nombres de Consuelo Robles, Amparo, Luz de Santa Coloma Alvear, o Aurora Perea. Esta última llegó a escribirle «no creo que encuentres otra mujer que te haya querido como yo te he querido, de todas maneras, con tus defectos, pero no puedo sufrirlo más, verte siempre bebido».
Pla y el catalán
Con respecto a la lengua y al movimiento separatista, que en su momento, durante la II República, propugnaron Francesc Macià y Lluís Companys, Pla es muy claro al afirmar que «un lenguaje puede ser expresión de hispanidad y de antihispanidad. Si lo primero, ¿por qué no hemos de considerar que las formas de expresión forman parte del destino histórico y nacional de España? Si lo segundo, esté usted seguro de que se nos encontrará siempre en el puesto del más implacable combate».
También lo es cuando afirma:
(...) Esto ha dado lugar a una psicología curiosa: la psicología de un hombre dividido, que tiene miedo de ser él mismo y, al mismo tiempo, no puede dejar de ser quien es, que se niega a aceptarse tal como es y que no puede dejar de ser como es. No son elucubraciones mías, son hechos. Son las señales típicas del complejo de inferioridad.
(...) El primer drama del catalán consiste en el miedo a ser él mismo. Pero hay otro todavía más grave: el catalán no puede dejar de ser quien es. Ante un problema de dualismo irreductible, todavía no se ha inventado nada más cómodo que huir. El catalán es un fugitivo. A veces huye de sí mismo y otras, cuando sigue dentro de sí, se refugia en otras culturas, se extranjeriza, se destruye; escapa intelectual y moralmente.
A veces parece un cobarde y otras un ensimismado orgulloso. A veces parece sufrir de manía persecutoria y otras de engreimiento. Alterna constantemente la avidez con sentimientos de frustración enfermiza. A veces es derrochador hasta la indecencia y otras tan avaricioso como un demente, a veces es un lacayo y otras un insurrecto, a veces un conformista y otras un rebelde (…) El catalán es un ser humano que se da -que me doy- pena. Unamuno dice que [los catalanes] hasta cuando parecen que atacan están a la defensiva
Josep Pla, entre otras muchas cosas, fue un excelente gastrónomo. Se interesó por los ingredientes y las tradiciones culinarias de diferentes lugares. Además de un reconocido cinefilo, admiraba la obra de Stendhal, Montaige, Pascal, Azorín, Eugenio d’Ors o Baroja.
Por eso, al hablar de él y su trabajo como escritor afirmaba que «he hecho lo que me ha parecido más urgente: una literatura fácil, clara, inteligible, corriente. Inicié un camino literario vulgar pero sin pornografía, ni chisme, ni anarquía, siempre a favor de una sociedad plena de los defectos que quieran, pero que es la más racial. Me he equivocado muchas veces, ciertamente, pero no puedo hacer nada: es normal. He sido uno de los escritores más atacados de este país. Me parece indiferente. Mucho más me he atacado yo a mí mismo».