A ver, Pradales...
Odiarse a sí mismo es la peor y más tonta expresión de detestar que acompaña al ser humano
Teniendo en cuenta que en el fútbol puede ocurrir cualquier cosa a lo largo de los noventa minutos reglamentarios y, sobre todo, en el tiempo añadido, teniendo en cuenta eso, lo normal es que hoy España, su selección de fútbol, gane a Portugal. Sobre todo, si nos atenemos al análisis que el jueves pasado hizo el seleccionador austriaco, Ralf Dietrich, que considera a España como uno de los combinados con más posibilidades de ganar el Mundial. La inmensa mayoría de los españoles desean que su país vuelva a alzar la Copa del Mundo de fútbol. La inmensa mayoría, menos Pradales, un tipo de origen castellano que se ha reconvertido en hijo de Arzalluz, nieto de Sabino, comanda el PNV con otro de Soria, que se apellida Esteban, y se enreda en los remolinos del bucle melancólico con el que unos trescientos mil vascos presumen de una historia ficticia que nunca existió. Hay otros trescientos mil que vienen de la delincuencia, del tiro en la nuca y que son harina de otro costal. Y por todo ello tienden a la repugnancia hacia los demás, en su mayoría familiares suyos.
Por cierto, nota aclaratoria para que los entendidos no se hagan un lío, a mí, ser de Burgos y de Soria me parece algo maravilloso. A quien no le gustaba esa extracción geográfica era al fundador del PNV, Sabino Arana, y a su profeta en los setenta, Javier Arzalluz. ¡Quién los vería hoy paseando por las calles de Bilbao, disfrutando el paisaje humano que la capital vizcaína ofrece! A mí me parece muy bien ese mestizaje, a ellos no.
A Pradales, por otra parte, le fastidia que gane España, salvo que sea la mejor. Es muy libre de administrar sus deseos como le plazca, pero a nada que uno esté mínimamente informado, sabrá el presidente de la autonomía vasca que lo que está haciendo es una demostración de autoodio, muy propia de su partido. Odiarse a sí mismo es la peor y más tonta expresión de detestar que acompaña al ser humano. Abominar de tus padres y abuelos de Burgos, renegar de la tierra de tus ancestros, manifestar una aversión enfermiza por tus vecinos, todo ello es una demostración de carencia absoluta de sentido de la democracia, además de una antigualla propia del aldeanismo en el que han caído algunos vascos y catalanes.
Ahí tienen a determinados vecinos de Cataluña que prefieren el Tour de Francia a la Vuelta ciclista a España. O al retrógrado –lo de «progre» ya ni en ironía– Javier Bardem, que se inclina fervorosamente por llevar la camiseta del PSG de Qatar, aunque juegue en París, que la de la selección de España. Cada uno odia lo que quiera siempre que no nos afecte a los demás. Al fin y al cabo, el peor enemigo del ser humano es la propia estupidez humana.
El problema reside en que cuando el que hace gala de malquerencia y animosidad hacia el resto de los españoles es un político con responsabilidades y que vive en democracia gracias al dinero del conjunto de la ciudadanía, lo mínimo que se puede hacer es escribir un artículo como este para que le quede constancia de que la enemistad también es un camino de ida y vuelta y la decadencia está llamando a su puerta por muy ciego y petulante que se quiera mostrar.