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El astrolabioBieito Rubido

La inquietante risa de Sánchez

Es un hombre acabado. Solo así se explica su salida ayer del Congreso de los Diputados. Un hombre iracundo que utilizó la carcajada como la máscara que esconde un temperamento peligroso

En ocasiones, la risa y la forma de hacerla ver a los demás dicen más que un discurso o que todo un ensayo. Ayer, el ocupante de la Moncloa ofreció a la nación una inquietante demostración de una personalidad incompatible con la vida democrática. Es un hombre acabado. Solo así se explica su salida ayer del Congreso de los Diputados. Un hombre iracundo que utilizó la carcajada como la máscara que esconde un temperamento poco recomendable. Este hombre no posee más proyecto para los españoles que mantenerse en el poder a cualquier precio, incluido el del peor escenario que podamos imaginar. Por eso es tan peligroso.

Hace tiempo que la presencia de Pedro Sánchez en el poder me inquieta. Siento preocupación porque sé que no cree en la democracia y sus niveles de autoexigencia moral y de dignidad son muy bajos. Impropios de alguien que gobierna su país. Consecuencia de ello es el dislate de corrupción al que estamos asistiendo. Todo ello, producto del hecho de carecer de empatía hacia los demás. Está muy estudiado este tipo de perfiles psicológicos. Y ahí reside su peligro. Lo demostró tras las elecciones generales en 2015, donde obtuvo la menguante renta de 90 escaños, veinte menos que Rubalcaba, y transformó aquel desastre en una contumaz campaña en la que hasta diecisiete veces negó la posibilidad de acudir a un Gobierno de coalición con el PP. Perseveró en el error en 2016, al socaire del inestimable fruto de 84 escaños, seis menos que el año anterior. A pesar de ello, porfió en una moción de censura trampa en la que se alió con las mayores excrecencias políticas de este país, incluidos los herederos de ETA. En las elecciones de 2023 volvió a perder. Nunca tuvo el favor mayoritario del pueblo español. Por eso lo odia.

Ya imagino que el lector conoce prácticamente todos los extremos del párrafo anterior, pero los traigo a colación para contextualizar y tratar de interpretar lo que ayer ocurrió en el Congreso de los Diputados. Una mayoría, más de 176, le pidió su dimisión o someterse a una cuestión de confianza. Concluida esa votación, Sánchez comenzó a reírse y a aplaudir junto con los grupis que se sientan detrás de él, que han dejado de ser parlamentarios para ser unos asalariados acríticos, algo incompatible con un parlamento democrático. Ya tenemos claro, por tanto, que, desde ayer, el Gobierno ha perdido la poca legitimidad que le acompañaba y actúa en contra de la mayoría parlamentaria, aunque lleva años haciéndolo en contra de la mayoría social.

Lo inquietante, de todos modos, es la risa de Sánchez. La mueca, porque eso era, en realidad, una mueca que revela varios aspectos. En primer lugar, que camina hacia un futuro sombrío en el que pretende arrastrar a todos los suyos y muy especialmente al PSOE. En segundo lugar, que carece de toda cultura de política democrática. Su egoísmo va a ser funesto para la propia España, ya que su resistencia a abandonar el poder por cauces democráticos comienza a ponerse de manifiesto de manera palpable. Finalmente, queda patente su ambición personal, egocéntrica y narcisista, por la que antepone su peripecia personal al bien común y al interés general. No te preocupes, Pedro, vas a pasar a la historia, no te quepa la menor duda.

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