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CEUTA, 09/08/2026.- Numerosos inmigrantes permanecen en la playa del Trampolín que se ha transformado en un asentamiento desde la entrada masiva registrada a finales de julio en la ciudad Ceuta.  EFE/Reduan

Numerosos inmigrantes permanecen en la playa del TrampolínEFE

La situación crítica de la Sanidad en Ceuta obliga a abrir un ala de urgencias «para catástrofes»

Las atenciones por traumatismos y cortes de los primeros días han dado paso a infecciones fruto de la nula salubridad en los campamentos improvisados donde duermen los inmigrantes

Casi dos semanas después del asalto masivo a la frontera de Ceuta en la que decenas de miles de personas entraron a territorio español aún son varios los miles de inmigrantes que deambulan y malviven en las calles de la ciudad autónoma. Muchos de estos inmigrantes precisaron de una primera atención sanitaria al llegar a Ceuta, con heridas, cortes o contusiones producidas durante el cruce de la frontera.

Ahora, doce días después, esas atenciones menores se han convertido en tratamientos por «infecciones respiratorias y gastroentéricas». A pesar de que, por ahora, no se han producido grandes brotes infecciosos, la situación de los inmigrantes, sin un lugar salubre en el que descansar, asearse o aislarse del resto de las personas en caso de contagio, genera una gran incertidumbre entre los servicios médicos.

Esta problemática ha llevado al Hospital Universitario de Ceuta a tener que abrir un ala de urgencias «para catástrofes» con más de 30 camas para poder atender o mantener ingresados a los inmigrantes y, de este modo, tratar de interferir lo menos posible en el normal funcionamiento del centro. Fuentes del hospital aseguran que los inmigrantes que se atienden en este área del centro médico, en un contexto menos excepcional, no requerirían de un ingreso hospitalario, pero que, al no tener un lugar al que mandar a los pacientes, es preferible mantenerlos monitorizados a mandarlos de vuelta a la calle.

Atención sanitaria en la calle

Desde la arena de la playa del Trampolín atiende a El Debate el presidente de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Ceuta, Julián Domínguez, mientras atiende a los inmigrantes que han establecido su campamento en este punto de la ciudad. Desde allí, el médico de urgencias explica que ante «una avalancha de esas características» es prácticamente imposible atender la necesidades que requiere todo el mundo. «En este caso serían entre 8.000 y 10.000 personas las que se dice que hay. ¿Cómo se les aloja en un sitio que tiene 80.000 habitantes y 19 kilómetros cuadrados? Pues es bastante difícil», sentencia.

A pesar de esta sobrecarga asistencial, Domínguez trata de transmitir calma, pero siendo consciente de que el escenario es complicado. «Hay quien está hablando de un brote de sarampión... no, no. Eso no hay», asegura, pero manteniendo una actitud vigilante: «Es verdad que en cualquier momento se puede producir cualquier cosa, teniendo a miles de personas tiradas por las calles o hacinadas».

Del mismo modo, el médico confirma que algunas de las personas que asaltaron la frontera lo hicieron enfermos de tuberculosis, diagnosticados y tratados en su país de origen. A estos inmigrantes se les está haciendo un seguimiento y «se les ha renovado la medicación».

Ante el incremento desmesurado de pacientes la ampliación de la plantilla ha sido clave, pero aún así la presión es enorme. «Se ha contratado personal, pero aunque sea así, por ejemplo, en médicos es difícil porque no hay. Pero no solo en Ceuta. Entonces, se ha contratado lo que se ha podido, se han hecho refuerzos, desde luego desde INGESA (Instituto Nacional de Gestión Sanitaria, que depende del Ministerio de Sanidad) y yo sé que también han venido refuerzos a otras instituciones como la Policía o la Guardia Civil».

Una solución temporal

Julián Domínguez se retrotrae a la pandemia de covid para plantear una posible solución que, a pesar de no ser ni mucho menos definitiva, podría mejorar la atención a los pacientes y evitar posibles focos infecciosos. El doctor se refiere a los campamentos medicalizados y a los hospitales de campaña que se ubicaron entonces por muchos puntos de la geografía española.

«Montar eso sería una solución parcial. Porque en el momento que se te produzca cualquier brote o tengas que alojar personas tienes donde hacerlo. En el caso de una persona con vivienda habitual, con características habituales de vida, pues tendría dónde ir cuando tiene fiebre, vómitos o diarrea. Claro, aquí, si no tienen dónde ir, pues los tienes que o ingresar o tener en un sitio cerrado, en un sitio alojado adecuadamente», explica.

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