Gabriel Rufián y Míriam Nogueras, los portavoces de ERC y Junts en el Congreso, este miércolesEuropa Press

Política

Los estertores del Gobierno dejan al desnudo a ERC y Junts: mucho golpe en el pecho sin llegar hasta el final

Rufián presenta su candidatura a substituyo de Yolanda Díaz y Nogueras se dirige a su electorado

La comparecencia de Pedro Sánchez de ayer en el Congreso desveló estrategias muy distintas de los dos partidos independentistas catalanes, Junts y ERC, que tan decisivos han sido para la legislatura: no solo para que arrancase, sino para que haya llegado hasta el punto actual.

Que Gabriel Rufián hablara en español y Míriam Nogueras lo hiciera en catalán no es algo poco relevante, sino que desvela la estrategia de ambos. Rufián aprovechó su intervención para presentar, una vez más, su candidatura a substituir a Yolanda Díaz como líder de la ultraizquierda española, mientras que la portavoz de Junts se dirigió a su parroquia y reivindicó el papel de su partido «en Madrid».

Sánchez, consciente de que Rufián presenta para él, electoralmente hablando, mayor riesgo que Nogueras se empleó más a fondo en responderle, a pesar de que ERC es socio a prueba de bomba para los socialistas.

Rufián realizó un ejercicio de equilibrismo en el que ha lanzado un montón de insidias y mentiras sobre José María Aznar, Isabel Díaz Ayuso, Felipe González y Alberto Núñez Feijóo, buscando agradar a los suyos –que no son ERC, partido que se siente ajeno de su aventura política–, y se centró en captar votos del PSOE.

Reprendió con dulzura a Sánchez, como lo hace una madre con un hijo travieso. El aún portavoz de ERC sabe que su público está en el Madrid Sur y en el cinturón de Barcelona, y no entre los votantes independentistas, y su objetivo es la creación de una CEDA de ultraizquierda del siglo XXI. Sánchez no rehuyó el cuerpo a cuerpo con él: no le dio las gracias por su lealtad inquebrantable y le acusó de hacer política de Twitter.

Rufián pidió a Sánchez que abandone el «y tú más» pero previamente se había lanzado a señalar a todos y dejar de corruptos a muchos que no están inmersos en investigación alguna.

Nogueras, en cambio, utilizó su intervención para –al estilo de María Jimenez, pero más sosaina–, recordarle a Sánchez que lo suyo se acabó y que, como no ha cumplido con todo lo que les prometió, Junts ya no se siente parte de la mayoría que permitió la investidura.

La de Nogueras fue una intervención contradictoria, porque por una parte anunciaba por enésima vez la ruptura con el PSOE por incumplimiento, pero por otra afirmaba que nunca ningún partido nacionalista había logrado tanto. Y si es así, la pregunta es obvia: si han logrado tanto, ¿por qué rompen?

Pedro Sánchez, durante una de sus intervenciones de este miércoles en el CongresoEugenia Morago/ PSOE

Nogueras fue más lejos en su crítica a Sánchez que Rufián. Era previsible, porque ERC siempre ha mantenido que sostiene a Sánchez porque lo que vendría después «es peor». Por primera vez, Junts ha verbalizado lo fórmula de la moción de censura: que el PSOE retire a Sánchez y proponga un nuevo presidente. El presidente del Gobierno tampoco ha buscado suavizar la relación con Junts y ha retado a Nogueras «a presentar una moción de censura con Vox y PP».

La reacción de Junts a la intervención de ERC no se hizo esperar. Francesc de Dalmases, diputado en el parlamento autonómico calificó en redes sociales de «españolazo» a Rufián y le criticó por hablar en español y por no hablar de la corrupción que afecta a su partido en el caso Altafulla, un caso en el que está implicado el diputado de ERC en el Parlament y exconsejero de la Generalitat Joan Ignasi Elena. No se quiso quedar atrás el abogado de Carles Puigdemont, Gonzalo Boye, quién también en redes llamó «cobarde» a Rufián.

Los dos partidos tienen, a pesar de sus estrategias distintas, algo en común: mucho golpe en el pecho, pero ninguno de los dos llegará hasta el final apoyando el fin definitivo de la legislatura con un «sí» a una moción de censura. En su debe siempre quedará que ERC y Junts avalaron la moción de censura de Jose Luis Ábalos, pero no reconocerán jamás su error y, ahora, darán el paso que serviría para enmendar su voto en aquella moción de verano de 2018.