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Pedro Sánchez, aplaudido por los suyos este miércoles

Pedro Sánchez, aplaudido por los suyos este miércolesEFE

Sin corbata y sin recato

Un Sánchez más desatado y altivo que nunca desafía a Feijóo, a Abascal y a todos sus socios menos a Bildu

El presidente convierte un Pleno en el que debía dar explicaciones sobre los casos de corrupción, dos días después de la sentencia contra Ábalos, en otra huida hacia adelante. Además, atacando

Pedro Sánchez no solo se dejó en casa este miércoles la corbata. También se dejó el recato. Dos días después de que siete magistrados del Tribunal Supremo dieran por probado que una organización criminal operó en el corazón de su Gobierno, el presidente salió a la tribuna del Congreso desafiante, altivo, con la mano derecha en el bolsillo a ratos. Mirando por encima del hombro a Alberto Núñez Feijóo y a Santiago Abascal e incluso dándose el gustazo de despreciar a Gabriel Rufián, a Míriam Nogueras, a Ione Belarra y al resto de sus socios de investidura, porque sabe que no van a sumarse a una moción de censura. A todos menos a Bildu. Sánchez incluso retó a la portavoz de Junts, enfadado porque en el fragor del debate ésta le instó a que dimitiera y dejara que el Parlamento eligiera a otro presidente de entre la bancada del PSOE: «No se anden con vericuetos. Si quieren presentar una moción de censura, háganlo y planteen una moción de censura con el PP y Vox».

Los aludidos de ERC, Junts, Podemos y los demás lo miraban desde sus respectivos escaños con incredulidad. Esa fue la parte más inesperada del Pleno, también para la oposición. «El señor P.S. se ha cachondeado y ha humillado a todos sus socios en directo», se sorprendió Alberto Núñez Feijóo en su réplica. En el primer turno se había dirigido a ellos para preguntarles si van a esperar a que llegue al Congreso el suplicatorio de «P.S.» «¿O es que está entre sus planes que ese caso la Cámara lo rechazase?», deslizó, sin que ningún portavoz entrara al capote.

La portavoz de Junts, Míriam Nogueras

La portavoz de Junts, Míriam NoguerasEFE

En la primera de sus intervenciones ya asomó el Sánchez más bravucón, uno desatado, muy distinto al que hace un año compareció por el caso Cerdán con la cabeza gacha y un Plan Estatal de Lucha contra la Corrupción bajo el brazo, que hoy sigue sin materializarse ni en lo más mínimo. «Para mí la pregunta no es si debemos continuar. La pregunta es ¿cómo no vamos a continuar?». En la segunda se tapó aún menos y llegó a afirmar que, tras la moción de censura que ganó a Mariano Rajoy, «hemos dejado atrás la corrupción sistémica». A esas alturas del debate, las bancadas del PP y Vox reían de forma sarcástica.

La comparecencia del presidente del Gobierno era para «informar sobre la situación política relacionada con las últimas investigaciones judiciales conocidas». Pero de eso solo tuvo el título. Sánchez dedicó más tiempo a hablar de Isabel Díaz Ayuso, de Alberto González Amador, de Carlos Mazón, de la etapa de Alberto Núñez Feijóo en la Xunta de Galicia, de Luis Bárcenas, de los críticos de Vox, de la Fundación Disenso y de Kitchen que de José Luis Ábalos, José Luis Rodríguez Zapatero, Santos Cerdán, Leire Díez, su mujer y su hermano. A Feijóo le espetó: «Usted no es el fin de la corrupción, es el regreso de la corrupción». «¿Por qué con Ábalos son tan contundentes y con Ayuso tan conniventes?». Y a Abascal: «Usted está en política para forrarse, para trincar».

No hubo una mínima disculpa, porque según el presidente ya las pidió cuando tocaba. «Cuando se descubrieron estos hechos, no dimos un paso a un lado, sino que dimos un paso al frente. Pedí disculpas, expulsamos inmediatamente a los investigados, comparecí ante sus señorías, pusimos al servicio de la justicia y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado toda la información requerida», señaló. Su razonamiento se resume en que toda la corrupción es pasado, y el pasado pasado está: «La degradación ya ocurrió y lo que vamos a presenciar en los próximos meses es su persecución y su purga». En eso y en que hay «campañas de desinformación y mentiras» para tumbar a su Ejecutivo.

Feijóo sosteniendo una foto con Zapatero

Feijóo sosteniendo una foto con ZapateroEFE

Feijóo y Abascal trataron de reconducir el debate, de evitar que el presidente se escabullera: «¿Qué hace todavía ahí, en el escaño de presidente del Gobierno? Este es el verdadero debate de hoy. No su propaganda, ni sus excusas, ni su victimismo», señaló el primero. «¿Qué hace ahí sentado todavía? ¿No le da vergüenza? (…). Ya sé que ha hecho de la resiliencia su bandera. Pero le tengo que decir que las cucarachas le ganan en resiliencia, y eso no las hace admirables», añadió después el líder de Vox.

Entre los socios de investidura hubo la escenificación de siempre y la determinación de nunca, bien que contaba con ello el presidente. Rufián empezó preguntando a Sánchez si «sabía algo» de toda esa corrupción en su primer turno y acabó apocado en el segundo, tras el rapapolvo del presidente en su réplica, que incluso recriminó al catalán su hiperactividad en Twitter: «Yo no le pido elecciones, yo lo que le pido es una hoja de ruta», aclaró el portavoz de ERC.

La del PNV, Maribel Vaquero, le dijo que su partido no está aquí «para salvar su Gobierno u otro Gobierno de España» y que si no es capaz de aprobar los Presupuestos de 2027 debe convocar elecciones; pero también asumió el discurso de los socialistas al señalar que algunas de las causas judiciales que les afectan «tienen un aroma de causa general».

La portavoz de Bildu venía entregada de casa: «Si de nosotros dependen así van a seguir: lejos de los gobiernos», prometió Mertxe Aizpurua mirando a Feijóo. Y la de Podemos fue tan tajante como siempre… de palabra y nada más que de palabra: «Su ciclo ha terminado. Es el momento de que dejen paso», según Belarra.

Pero si algo dejó claro Sánchez durante más de cinco horas y media de debate es que, lo que la «opinión publicada» -así la denomina siempre, despectivamente- llama asunción de responsabilidades, para él sería una rendición. Y por ahí no va a pasar. «Nos queda un año de legislatura. Y vamos a trabajar, acordar y transformar», zanjó.

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